domingo, 2 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La risa de Baco o Mi gran boda armenia



2 de junio de 2013

Los griegos clásicos se tomaban muy en serio el deporte. Como dirían Les Luthiers: "entre los griegos el deporte y el espectáculo no eran menos importantes que el estudio. Eran más importantes". Platón llega incluso a denunciar con virulencia los competitivos excesos y seguimientos de tanto brinco y tanta flexión, aunque Sócrates sigue haciendo sus tablas de gimnasia hasta el día de su muerte (según cuenta Jenofonte en El banquete).

En Las ranas, el cómico Aristófanes describe dos nostalgias: la de que ya no hay autores buenos (sentimiento que comparto) y que los deportistas tampoco son lo que eran. El dios Baco (o Dioniso) se ve obligado a bajar al infierno (el Hades) a buscar a Esquilo o a Eurípides (que había muerto hacía poco) para que escriban obras en su honor, ya que los dramaturgos vivos parecen ser una chufa. No vamos a entrar en por qué poetas tan buenos estaban en el infierno pero, a lo que íbamos: lo de los deportistas. Dioniso (o Baco) se burla de los atletas contemporáneos de Aristófanes con estas palabras:

"…por poco me muero de risa en las Panateneas (Juegos similares en prestigio y popularidad a los Olímpicos), cuando vi a un hombre pesado que corría encorvado, pálido, gordo, quedándose rezagado y haciendo terribles esfuerzos".

Que sirva este párrafo como mi justificación para no concurrir a los múltiples certámenes que se desarrollan a diario en todas partes: no quiero que el borrachín de Baco, dos mil cuatrocientos dieciocho años después de reírse de ese gordo concreto, se ría ahora de mí.

¿A qué viene todo esto? A que me siento (ut supra semper la burra al trigo) culpable. Siete días sin correr. Semana en blanco respecto no sólo a eso sino a absolutamente todo lo demás rematada por una emblemática boda familiar en León (en San Marcos: no me alejo jamás de la orilla del río). Emblemática y españolísima porque la novia trabaja en Moncloa y el novio más allá de la Península de Anatolia. Por algún motivo (que no me explico) esta ceremonia y sus fastos me dejan aún más triste de lo que me encontraba, así que hoy salgo con la intención de restablecer algún equilibrio químico perdido, alejar esta abrumadora e injustificada melancolía y afilar un poco la chivata cara de rata gorda que se me pone enseguida. En lo que me descuido.



lunes, 27 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Relicta est in urbe solitudo…



26 de mayo de 2013

Cuando era pequeño los domingos por la mañana me obligaban a ir a misa, así que me acostumbré a perder y sufrir ese tiempo en la ejecución de ritos molestos y vacíos de significado: ahora salgo a correr. Para llegar al río tengo que atravesar el rastro. Los puestos disimulan el carísimo crimen cometido en la remodelación del paseo de Papalaguinda*, ahora vigilado ceñudamente por casamatas de hormigón tapadas con placas de un alegre color negro que muestran su desacuerdo hacia esta vandálica actuación cayéndose de su emplazamiento cada dos por tres. Cinco años llevan estas pizarras tratando de huir sin que los insuficientes pegamentos del Consistorio puedan hacerlas desistir de su propósito.

Me gustaría sentir indiferencia por los distintos delitos y despilfarros urbanísticos que estrangulan esta desdichada ciudad. Pero no puedo. Tengo una enfermedad. El síndrome de Stendhal al revés. Describía el escritor sus emociones al salir de la Basílica de la Santa Cruz:

“…una especie de éxtasis, provocado por la idea de estar en Florencia, cerca de esos grandes hombres cuyas tumbas había visto. Arrebatado por la contemplación de la sublime belleza […] Todo hablaba a mi corazón tan vívidamente […] Tenía palpitaciones […] Se me iba la vida. Caminaba con miedo a desplomarme”.


A mí me pasa cuando veo los suelos llenos de mierda, las paredes pintarrajeadas, las avenidas congestionadas de cachivaches, los edificios desdentados, la desidia y vulgaridad de los últimos desarrollos de León. Me mareo. Lo llamo el Síndrome de Rodera.

Y por eso corro poco. Por el síndrome.


*Papalaguinda es el regocijado nombre que recibe el hasta el siglo XVII Paseo del Calvario debido, según parece, a una conjunción de anacolutos y sinécdoques entre la expresión pelar la pava, una canción de comba (mi mamá me dio una guinda / mi papá me la quitó / y me puse más colorada / que la guinda que me dio) y un diálogo sobre cómo debería llamarse este boulevard (y zona pera de requiebros) entre los periodistas Estrañí y Clotaldo en la prensa leonesa de finales del S. XIX. Parezco un cronista rancio.


martes, 21 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Haz lo que debas


21 de mayo de 2013



"- There’s nothing
wrong in being a physical wreck, you know. There’s no moral obligation to be Postmaster-General or Master of Foxhounds or to live to walk ten miles at eighty.
- ‘
Wrong’. - I said. -‘Moral obligation’. You’re back on religion again.
- I’ ve never left it. - Said Brideshead".


Brideshead Revisted.
Evelyn Waugh


"- No hay nada de malo en ser una ruina física, ¿sabes? No existe la obligación moral de convertirse en director general de Correos o maestro de monterías o de vivir para caminar quince kilómetros a los ochenta.
-
Error. - dije - Obligación moral. Otra vez has vuelto al tema de la religión.
- Nunca lo había dejado- dijo Brideshead".



Yo no tengo las seguridades de Bridey sobre la ética del asunto de las carreras en particular o del deporte en general (ni sobre muchos otros). Los ateos tenemos que fabricarnos nuestros propios imperativos categóricos, cosa que es bastante menos ridícula que atender a los mandamientos prefabricados por iluminados individuos que hablan con invisibles y abstractos demiurgos… Como digo es cosa menos tonta, pero lleva tiempo.

A diario estamos más cerca de la filosofía de lo que creemos. Basta con que nos pongan a dormir sobre el suelo en un futón delgadito con manchas sospechosas en casa de cualquier amigo para que todos nos hagamos las mismas preguntas trascendentales: ¿Qué hago aquí? y, sobre todo, ¿Por qué?


Así, me interrogo permanentemente sobre la vanidad o necesidad implícita en este caso (de correr). Luego borriqueo un rato y se me pasa. Mis (ridículas) marcas y (escasa) tenacidad eliminan cualquier tentación de proselitismo kantiano (obra de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal) o petulancia y enseguida llego a la conclusión de que hay cosas que se hacen sólo porque es posible hacerlas; sin moralidad alguna que las respalde. Como los festivales de música ligera o los vaqueros de pinzas. Y sobre la salud y los motivos griegos de conectar mente y cuerpo y tal tengo la seguridad de que viviremos doscientos o trescientos años en cuanto no nos apetezca vivir ni cincuenta.



De vez en cuando elaboro estas bobadas tipo tumblr que sólo me hacen gracia a mí.





viernes, 17 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Volver al Colinón



16 de mayo de 2013


La palabra imbécil viene del latín im (ojo, el prefijo latino im significa sin sólo en adjetivos, no en verbos) y becillis (diminutivo de baculus, bastón). En teoría el imbécil es el que carece de bastón o experiencia o sabiduría. El que no se apoya.
Idiota viene de la raíz griega διος (ídios), que alude a lo personal, lo privado y forma palabras como idiosincrasia o idioma. Lo propio. En teoría el idiota es el que sólo se preocupa de lo suyo. El egoísta.

Según estas solidarias etimologías el aislamiento de la sociedad o la despreocupación por los demás nos hace tontos. Creo que me estoy volviendo tonto. No es broma. Me parece que cada vez pienso peor. Es posible. No lo sé. No lo contrasto. Me encuentro aislado y sin bastón. Ha vuelto el frío, corro lo mínimo y el alcohol es un depresivo que no me pone (claro) más contento.

Le comento el caso a mi mujer mientras estamos viendo un telediario en el que marionetean unos incomprensiblemente risueños gestores del dinero público.

-Creo que me estoy volviendo imbécil.
-¿Como esos?
-No tanto.






sábado, 11 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Mantenimiento.


11 de mayo de 2013


Corro un rato. Sexto día de ayuno y vigilancia. Yo creo que ya está bien. Mañana me voy al pueblo a romperme un rato la espalda y por la tarde pienso complacerme con voluptuosidad y caminar con la cabeza desnuda por la hierba alta en el suave clima primaveral lenta, deleitosamente... hasta un bar. A ver el fútbol.



La obligada compañía del corredor en círculos. La obligada compañía del corredor en círculos



9 de mayo de 2013


Hoy transito otra vez el Torío y esta vez sí regreso corriendo. Al dar la vuelta a la altura de la Avenida de Madrid me quedo un instante mirando los pinos y La Candamia con la carita del perro Buck en La llamada de la selva. Bueno. Algún día.

La célebre soledad del corredor de fondo se ha convertido en un chiste malo. No hay ahora mismo actividad más gregaria y pululante que esto de galopar en polígonos irregulares. Antes nos juntábamos con gran dificultad veintidós para jugar al fútbol, pero ahora se apelotonan enseguida veintidós mil para correr en cualquier certamen o justa o romería de estas cosas (que parecen organizar a diario). Y si no, pues salen a estorbar la orilla del Torío (que ahora remonto) en cuanto el termómetro marca más de dos grados. Los marcos incomparables por los que trota(mos) la gente parecen los de ¿Dónde está Wally?

4ª jornada de acendramiento. Me aburro bastante.



miércoles, 8 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La lotería en Babilonia



7 de mayo de 2013

En la antigua Babilonia (pongo lo de antigua porque según los rastafaris* ahora vivimos en la moderna) cuando sabían que iba a producirse un eclipse total de Luna, que ellos consideraban horrendo augurio, el rey cedía su corona a un asesino que tuvieran forzado. Así, los nefastos sucesos que presagiaba el evento caían sobre la cabeza de este vicario monarca provisional. Pasado el eclipse se decapitaba al cautivo y el rey volvía, limpio de auspicios, a sus babilónicas tareas.

De esto tratan, me temo, no sólo las carreras que me doy sino todas las literaturas: de intentar engañar (sin conseguirlo nunca) al destino, a la decadencia y a la muerte. De los viajes de Odiseo a las brujas de Macbeth, de las Comedias bárbaras de Valle Inclán a Blade Runner. ¿Quién soy? ¿Qué me espera? ¿Quién debería ser? ¿Cuánto me queda? y, sobre todo, ¿Por qué tan poco? La tragedia trata de la terrible existencia del tiempo, su inevitabilidad sucesiva y nuestra ceguera al combatir lo fatal. La comedia baraja las mismas logomaquias pero sabiendo que el protagonista no tiene ni idea y que, en realidad, está permanentemente haciendo el rídiculo. En la tragedia el héroe (y el público) sabe que va a perder al tute llevando diez triunfos; en la comedia juega la partida sin ninguno. Oye, se me puede decir, ¿si eres tan listo y conoces tan bien los mecanismos de los géneros por qué no escribes perforantes novelones o divertidísimos entremeses en vez de estas pendejadas? Buena pregunta. Por la misma razón que conozco cómo funcionan las bajas presiones y no puedo hacer llover.

2º día de mortificación.

*Escribo rastafari sin cursivas ya que el término aparece (en realidad, aparecerá: todavía no se ha editado a esta fecha) en la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

rastafari
1.
adj. Seguidor de un movimiento religioso, social y cultural de origen jamaicano que se caracteriza por transmitir sus creencias a través de la música, defender el consumo de marihuana y el uso de una indumentaria y un peinado característicos. Movimiento rastafari. Militantes rastafaris. U. t. c. s.
2.
adj. Perteneciente o relativo a ese movimiento o a sus partidarios.


lunes, 6 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Vigilia



6 de mayo de 2013



Una semana nutriéndome de fútbol, alcoholes, ácidos orgánicos, ésteres y aldehídos; y destilando de esa fermentación poco o ningún consuelo. Vaya por Dios. Ahora la luz dura mucho y los días son más largos. Es una pena que no me apetezca estar despierto.

En el río, mucha gente nueva. Aterrados ante la cercanía de la temporada de lorza vista, supongo. Me pasa una chica a gran velocidad bandeándose, oscilando y cabeceando come fossi una bambola. Me doy cuenta hasta yo. Así, pienso, no puede seguir mucho rato. En efecto: al cabo de unos metros se para y empieza a andar despacito. Siento ganas de detenerme y darle consejos: Verá, señorita, he podido percibir… Pero, naturalmente, no lo hago. La adelanto intentando que mis erguidos movimientos, vertical postura, perpendiculares desplazamientos y, sobre todo, mi orgulloso silencio, le sirvan de ejemplo. Juá.

Sep, ya noto cosas y corrijo comportamientos, aunque sea mentalmente. Qué cojones: ¡he escrito un libro sobre el tema! Por fin lo puedo decir. No lo vendo porque todavía no tiene distribuidora, pero existir, existe.

Ah, hoy empiezo una nueva fase de depuración (y van…). 1ª Jornada.






Siempre me fascinó este sello acuñado en el año de mi nacimiento (aunque, me temo, no con ese motivo). Representa a un chasqui. Un trocador inca. Llevaba y traía mensajes y objetos por la extensísima red de caminos que construyó esta civilización. Relevándose y descansando en tambos después de haber corrido en una sola jornada a veces más de doscientos kilómetros. Igual que el Pony Express, pero sin pony. La  imagen, bastante inexacta, le muestra sin la mochila o qüepi y sin su mnemotécnico quipu de cordeles; tocando una zampoña (?) en vez del pututu o pututo o caracola (o cuerno) con la que anunciaba su llegada… y con un notable parecido al actor cinematográfico George Clooney.



lunes, 29 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La espantá



29 abril de 2013

“…no fue que tuve que hacer ninguna… ningún sacrificio ni exceso; que se ponían voluntarias para darles cualquier cosa o cualquier palabra amorosa…”

Sobre propósito y deseo. José Toxeiro. Damnificado y poeta oral


Me pongo voluntario y huyo hasta el quinto pino. Hoy remonto el Torío y voy loin, bien loin, comme un bohémien, par la nature, heureux comme avec une femme y me tengo que volver andando porque no puedo con las gambas (por seguir con los galicismos). Cuando salgo la ropa me queda ajustada pero en el retorno parece colgar de una percha. Es muy agradable. Los toreros dicen lo mismo: al hacer el paseíllo casi no pueden moverse aunque luego, en el momento en que sale el toro, se les puede meter el dedo entre la cintura y la taleguilla. En su caso no es nada agradable. Pobre Curro Romero. Corría bastante más que yo.



domingo, 28 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El chino del dolor



28 de abril de 2013


Domingo. Por la mañana nieva durante un minuto. Ha vuelto el invierno de nuestro descontento. Esto no se acaba nunca. En el río admiro una majestuosa grulla, que para los chinos simboliza… eeerm… todo; y para los antiguos era un símbolo de la prudencia y la vigilancia. Lo dice la Wikipedia, donde compruebo que sea una grulla lo que he visto y no cualquier otra ave acuática o una subdelegada de Agricultura. Debería investigar qué entiende la entrada por los antiguos. A ver, que me pierdo: vi una grulla y quiero pensar que es una señal propicia y un auspicio felicísimo. Me parece que escribí exactamente lo mismo y extraje las mismas (alucinadas) conclusiones el verano pasado cuando vi a un zorro y desde entonces no he levantado cabeza. Da igual. Si mediante la meditación, las drogas o las extenuantes gimnasias llego a convencerme de que esto es un diorama y yo mismo, el mando a distancia, todo irá bien. Todo irá bien. Todo irá bien. Todo irá bien. Todo irá bien.










viernes, 26 de abril de 2013

La obligada compañia del corredor en círculos. Prima della rivoluzione


26 de abril de 2013



Es una anécdota conocida que Luis XVI de Francia consignó en su diario Rien (Nada) el 14 de julio de 1789. Igual estamos en las mismas pero voy a arriesgarme y decir prácticamente lo que el rey: media horita, vuelve el fresco, sudo muy poco y para casa. Rien. Podría ser peor. Mucho peor.





jueves, 25 de abril de 2013

La obligada companía del corredor en círculos. Desayuno en la Tierra



24 de abril de 2013


Las once personas que siguen estas notas quizá hayan notado que ha desaparecido la base, origen, principio y justificación del diario: los escritos de los días en que empecé a correr (más de un año ha). Se han encarnado en forma de libro que deben ustedes comprar imperativamente. El volumen recoge las entradas desde enero de 2012 hasta febrero de 2013, está editado por la editorial menoslobos y presente en todas las librerias de España menos a la que usted acuda. También se puede adquirir por la red. Ya pondré dónde y cómo en cuanto lo sepa.

He evitado correr el riesgo de no convertirme, como David Copperfield, en el protagonista de mi propia epopeya. Por otra parte todos mis otros (minúsculos) proyectos laborales se van por el desagüe. Pero, en vez de ponerme nervioso o ingerir bebidas fermentadas, salgo, me canso y me tranquilizo. Y quedo aliviado. Como una res.

La cubierta de la cosa.


Todavía no he visto el objeto (libro) en sí. Pero, en teoría, debería quedar monísmo. Iré poniendo detalles. Tiene doscientas páginas y mide algunos centímetros.





Juro por Dios que diseñé la portada del mío (el de la derecha) antes de ver la de los otros dos. El tipo Trade Gothic y el negro y el amarillo resultan idóneos para subrayar sudores y esfuerzos, según parece.








martes, 23 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Helter Skelter



22 de abril de 2013


A ver. Organización. Método. Orden. Cifras. El otro día (¿el 20? Sí. Que era… ¿sábado?) salí y no lo consigné. ¿Por qué? Porque hacía muy bueno y en la orilla del río había personas. Muy desagradable.

Vuelve a refrescar. Los paseantes pasajeros desaparecen; pero emergen corredores nuevos de carne blanda y piel lechosa. Qué gracioso. ¡Me he convertido en un veterano! Hay dos formas de desdicha: sentirse inferior o más torpe o estúpido (y pobre) que los demás y sentirse superior, más sabio o más hábil (y rico) que el resto de nuestros semejantes. Yo a veces incluso (y es curioso) me siento de las dos formas a la vez. Con tal de afligirme y amargarme soy capaz de complejos malabarismos emocionales con varias pelotas en el aire. Quiero creer que estos corredores intactos no son iguales que yo. No. Qué va. Nadie es igual que yo. No te jode.





martes, 16 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Ejercicio de estilo



16 de abril de 2013



El carro solar se desplaza hacia posiciones más amables de su analema mientras el atildamiento, el cuidado del guardés. A día crecido, brisas de gimnasio y, en similares lemniscatas, el músculo vuelve al agua y con ojo rapaz descubre carnes novísimas.


Traducción:

Por la mañana voy al pueblo a mirar cómo está aquello. Me dejo el lomo pero queda más o menos. Hace de verano, eso sí. Por la tarde, otra vez en León, hago el circuito habitual. A la orilla del río ya se ve chicha.



La pelea. El hombre contra el vicio y la omisión. Creo que se entiende bien






lunes, 8 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. At Budokan



8 de abril de 2013


Como todo el mundo me da la brasa con el libro del japonés Murakami, me lo leo (el título, De qué hablo cuando hablo de correr, es una paráfrasis de uno de Carver como el mío lo es de uno de Sillitoe. Hay más semejanzas, pero se acaban pronto). El fulano empieza comparándose con una estrella del rock y corriendo en una isla de Hawái. A partir de ahí, sigue hacia arriba en un ejercicio de narcisismo absolutamente romo, además de insoportable, que me hace creer que el personaje de El Señor Chang (el tigre chino de la serie Community) está sacado directamente de este prestigiosísimo novelista (lo de prestigiosísimo es un dato incontestable: lo dice él mismo muchas veces).

Cuarenta minutos. Vaya. Ya casi recupero la forma de hace… seis meses.


La obligada compañía del corredor en círculos. La tarde del suicida



7 de abril de 2013



"The distance is commonly very great between actual performances and speculative possibility. It is natural to suppose that as much as has been done to-day may be done to-morrow; but on the morrow some difficulty emerges, or some external impediment obstructs. Indolence, interruption, business, and pleasure, all take their turns of retardation; and every long work is lengthened by a thousand causes that can, and ten thousand that cannot, be recounted. Perhaps no extensive and multifarious performance was ever affected within the term originally fixed in the undertaker's mind. He that runs against Time has an antagonist not subject to casualties."

"La distancia entre los verdaderos logros y las posibilidades especulativas es habitualmente enorme. Es normal suponer que tanto como se ha hecho hoy se podrá hacer mañana; pero al día siguiente alguna dificultad puede aparecer o un impedimento puede interponerse. La indolencia, las interrupciones, el trabajo o el placer, todo son causas de retraso; y cada tarea es dilatada por miles de causas que pueden distinguirse y por decenas de miles que no. Aunque quizá ninguno de nuestros grandes y variados logros se diferencien de los que el que asume la tarea tenía desde un principio en la cabeza. El que corre contra el tiempo, lo hace contra un antagonista que no sufre bajas".


Samuel Johnson. Pope (Lives of the Poets)




2013: ÆTAT. 46.] En provincias todos los días son como un domingo. Sobre todo los domingos. Y todos los domingos son un día perfecto para el pez plátano. Pero no me afecta. Por algún motivo (que no comprendo) estoy animado. Es posible que sea mi alejamiento temporal de los depresivos, es posible que sea mi insensatez.

Cito a Johnson porque viene al caso pero, quizá, también, porque no hacía más que escribir, vivía en precario y periódicamente iba a la cárcel por deudas que le tenían que pagar los conocidos. No hay nada peor (y más para una persona justificadamente orgullosa) que vivir teniendo que sentirse agradecido.

El darme cuenta de que correr más o menos tiempo o distancia es un mero ejercicio de voluntad (uno corre exactamente lo que quiere) no sé si me estimula o me paraliza. Hoy, desde luego, me paraliza. Veintipico secos minutos. Mmmm…






domingo, 7 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Operación Bikini (y II)



5 de abril de 2013


Continúo planteándome la moralidad de todo ejercicio. También sigo corriendo lo mínimo, pero ése es otro tema. Me cuesta mucho no hacer lo que dice Schopenhauer (véase la cita en la entrada de hace dos días) pero justo al revés. Es decir: tomar una verdad evidente (correr es bueno para mí), combatirla con gran violencia (¡lo que es bueno para mí son las cervezas, la televisión y las patatas fritas!) para, finalmente, reírme de ella (ja, ja, ja).

Lo ético está en lo feliz y lo feliz descansa en algo tan sencillo como que le siente a uno bien lo que le complace desempeñar. La desdicha, por tanto, residiría en:

1) que lo que le guste a uno hacer (atiborrarse y ver fútbol) le siente mal y/o

2) que lo que sea bueno para uno (el saludable atletismo) no le agrade nada llevarlo a cabo.


Ah, moralidad, compañera ingénita de la felicidad, esquiva y caprichosa puta, tullida y desfigurada fantasma… ¿Son viciosos todos los círculos menos los que se recorren en sudorosas agonías? ¿Es eso? ¿Eh? Contesta, cojones.







miércoles, 3 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Operación Bikini






3 de abril de 2013

Me dice mi mujer que no empiece las entradas con citas o con datos. Que no le interesan a nadie. Y que espantan a los lectores. Bien.

Afirma Schopenhauer que todo conocimiento de las cosas pasa por tres estados: primero es ridiculizado, luego es combatido con gran violencia y finalmente es aceptado como una verdad evidente. Abundo con el amigo Arthur aunque debo aceptar (tristemente) que yo mismo trato la realidad utilizando similares tamices o cedazos. En resumen: que tardo muchísimo en espabilar. Esperaba extraer de las carreras la tranquilidad y el cese del deseo. Miro a otros trotadores que progresan sin aparente esfuerzo y no veo nada de ello. ¿Son más felices o han alcanzado algún equilibrio sanamente envidiable? Lo dudo. En muchos casos siguen estableciendo jerarquías mezquinas (ése no corre una mierda) y celebran el espíritu competitivo y humillador presente en cualquier otra cucaña. Y no era eso, no era eso. ¿No hallamos nada en este sacrificio que nos ennoblezca y nos haga más sabios y pacientes? ¿Algo que interrumpa (aunque solo sea un momento) el zumbido constante de la insatisfacción? Mmmm… Estas gimnasias me ayudan a pensar y pensar me hace infeliz (y me impide ganar dinero).


Tampoco me hagan mucho caso. Soy lento en el análisis de entornos y tan antiguo que lo de operación bikini me sigue sonando a ensayo termonuclear. Tampoco corro mucho, aunque salgo mientras llueve y todo. Seguro que es bueno. 





Mateo (5, 15) y Lucas (11, 33): "No se prende una lámpara y se pone bajo el celemín, sino sobre el candelero para que alumbre a la gente". Así que aparte de contarlo todo sobre mi agonía contra el tiempo y las leyes de Newton, ilumino a los lectores con fotos de (personas disfrazadas de) monos. Debería poner más de Pietro Mennea o algún otro esclarecido atleta vivo o muerto. Pues no. De monos y de chavalas. También las coloco para compensar las cosas de la Biblia y de Schopenhauer


jueves, 28 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Devocionario



28 de marzo de 2013



Jueves Santo. Lluvia intermitente (claro), temperatura agradable. Salgo un rato y sudo hasta por los párpados. A la vuelta, gran cantidad de coches atascados por las procesiones.

Un resultado deportivo enormemente simbólico de hoy mismo entre dos equipos de Tercera División en León: La Virgen: 3 La Cultural: 0. Sí. Son fechas.


lunes, 25 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Post tenebras spero lucem



25 de marzo de 2013




¡Slapst, slapst, slapst! Las zapatillas del corredor en círculos vuelven a chancletear sobre el cemento del invierno achaparrado y pluvial de la provincia. Círculos, en efecto. Repetimos paisaje y sucesos. Parece que no se soluciona el malentendido: la extraña y singular súplica que Dios entiende todos los años por Semana Santa es que llueva permanentemente sobre los papones*, que para eso tienen el capuchón a dos aguas. Bendecidos queden.
 
Hacía más de veinte años que no visitaba La soledad del corredor de fondo. Lo leo otra vez. A modo de expiación por no haber salido en diecinueve días, por enmendarle la cita del epílogo del libro (está en imprenta) a Luis Grau y porque tenía curiosidad por saber cuánto corría el muchacho. Seis kilómetros en las glaciales mañanas de Essex y ocho kilómetros en la catártica competición. Vaya. No quiero oír risitas. A mí me parece una distancia de la hostia.


“And I could hear the lords and ladies now from the grandstand, and could see them standing up to wave me in: "Run!" they were shouting in their posh voices. "Run!" But I was deaf, daft and blind, and stood where I was, still tasting the bark in my mouth and still blubbing like a baby, blubbing now out of gladness that I'd got them beat at last”.
Allan Sillitoe.
The Loneliness of the Long Distance Runner

Ya podía oír a los señores y a las señoras de la tribuna y les veía de pie, preparados para recibirme. ¡Corre!, gritaban con sus voces de pijos ¡Corre! Pero yo estaba sordo y pasmado y ciego; y me quedé quieto en el sitio, todavía saboreando la corteza que llevaba en la boca y todavía llorando como un crío, llorando esta vez de felicidad por haberles derrotado por fin.



Al final robaba y huía y rabiaba y todo porque se había muerto su papá. Esto era antes de que los realistas sucios ensombreciesen nuestras almas y prosas y cuando los cuentos todavía conservaban alguna moraleja.
Leo, miro fotos... Mis fotos. Corro con los hombros arriba y las manos tontas, igual que los tiranosaurios. Rígido. Con el tren superior tenso. Así que lo hago mal como fondista y soy la descojonación como velocista. Supongo que por eso no me siento solo (hablando de títulos perfectos pero engañosos: tampoco el portero siente ningún miedo ante el penalty). No me siento solo, repito. Es lógico, ya que no dejo a nadie atrás.

*En León a los disciplinantes o cofrades se les dice papones.



No son precisamente las fotos de las que hablaba, aunque también salgo yo. En estas no aprendo nada. Pero las coloco porque ahorran problemas de derechos en posteriores publicaciones y, sobre todo, para ver que hay cosas que cambian aunque otras retornen eternamente. Una pasarela sobre el Bernesga y su cartel antes (2007) y en la actualidad (2013)



jueves, 7 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. A la cera perdida


6 de marzo de 2013

Afirmaba Lao-Tsé: El mejor corredor no deja huellas. No es mi caso. Si corriese sobre arcilla se me podría sacar un molde de las piernas hasta las ingles. Me rindo y salgo temporalmente del tartán. Séptimo día consecutivo que salgo y peor marca en meses. Me da hasta vergüenza ponerla. Ayer mentí parcialmente: no hay cambios; eso no es verdad. Estoy retrocediendo. Quizá estas perseverantes fatigas me estén mandando un mensaje. Sí. Mmmm… Podría ser: sé calmoso como el lobo. El lobo (en mi versión del famoso problema del barquero) espera a que le pasen el río con la oveja y la col, pero luego también espera, una vez en el otro lado y con gran astucia, a que la oveja se coma la col y (entonces sí) se come a la oveja, con más nutrientes. Quizá también el mensaje de este problema/fábula que me obsesiona y en el que me empeño en ver consejas ocultas es: evita ser la col.





martes, 5 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Die Welt als Wille und Vorstellung



5 de marzo de 2013




Sexto día consecutivo de renuncias y entrenamientos. El progreso es increíble. Quiero decir que es increíble que no haya NINGÚN progreso en absoluto. Al contrario. Me duelen las piernas, respiro fatal y aguanto cada vez menos. Hoy se juega la vuelta del Madrid-United y no descarto empezar ya un descanso y tomarme nueve cervezas.

He salido por la mañana y, al poder discernir formas y objetos, reflexiono sobre cómo León se ha convertido estéticamente en una ciudad post-industrial. Tiene cierto mérito, ya que no ha tenido nunca industria. Fúnebres muretes de hormigón, inquietantes barrios vacios, agujeros, porquería, fachadas discontinuas, revoques que se desploman, pintadas, olor a pis, callejones sin salida, túmulos, solares, cemento desmigajado… lo que aconsejaría El Libro Blanco de Arquitectura de la Franja de Gaza. E irá a peor.







Compro leotardos, escribo libros, me saco retratos… No corro una mierda, pero gasto gran cantidad de energía en estos actos colaterales o periféricos.

Foto de José Ángel Díez libre (aunque no lo parezca) de Instagrams,
Picmonkeys
y otras marcas de Caín





lunes, 4 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Principio de razón suficiente



3 de marzo de 2013

Me gustan los animales en general y los perros en particular. Los perros me agradan (naturalmente) mucho más que las personas. Bien es cierto que carecen de sentido del humor, pero (y eso no se lo agradecemos lo suficiente) nunca se les ocurre afirmar lo contrario.
En las amplias entradas hacia la orilla del río se forman habitualmente tontos tapones por aluvión con dueños de chuchos normalmente apollardados (los dueños, digo) que se juntan como los pelos en los desagües o las pelusas debajo de los muebles. Al correr yo siempre solo no sé si puedo hablar al mismo tiempo. Aconsejan que sí, que uno debe poder hablar e incluso que sería aconsejable (supongo) decir cosas ingeniosas mientras se trota. Hoy en una de esas encrucijadas se me enredan tres perros en las piernas y compruebo que, si no charlar, sí puedo proferir interjecciones y blasfemias perfectamente oxigenadas a la vez que corro.

Post scríptum: hago los cinco kilómetros en veinticinco minutos. Diez minutos menos que ayer. No era eso. Día cuarto de cenicienta mortificación. Amén.






sábado, 2 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Lejos y sombras



2 de marzo de 2013



Día tercero en ayunos y penitencias. No progreso gran cosa (treinta y cinco minutos y cinco kilómetros). Las diez jornadas de zanganeo y opiparación se cobran su mezquino tributo. Parece increíble pero cada vez se ve menos. Últimamente me cruzo en la pasarela al sur de la plaza de toros con una prostituta de color que se maquilla a la luz de las farolas. No sé cómo lo consigue. Ni siquiera sé cómo encuentra la avenida Sáenz de Miera. Supongo que porque conoce el camino (como yo mismo) de verlo por las mañanas. A la vuelta miro los carteles: no se hacen fotocopias, no se da cambio,
no se permite, no se limpia, no se sirve, no se sonríe… Joder, qué ciudad.





viernes, 1 de marzo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Hambre violenta

1 de marzo de 2013


Estas fases de acendramiento y carpanta convierten un trozo de pan y un plátano no ya en manjar sino en golosina. Como en la fábula de Esopo El abogado y las peras; solo que en este caso le he dado una patada al cesto y he mirado las peras con melancolía inmediatamente. De hecho miro con melancolía hasta el fango.




acendrar.
(De cendrar).
1. tr. Depurar, purificar en la cendra los metales preciosos por la acción del fuego.
2. tr. Depurar, purificar, limpiar, dejar sin mancha ni defecto.


carpanta.
1. f. coloq. Hambre violenta.
2. f. Sal. Galbana, flojera.




No, hoy tampoco moveremos el bigote