lunes, 16 de diciembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El Señor llega
16 de diciembre de 2013
Decía William Faulkner que no le gustaba California en general y Hollywood en particular. No le gustaba el clima ni las personas ni cómo vivían. Afirmaba que nunca ocurría nada y que una mañana te levantabas y tenías sesenta y cinco años. ¿Podría decir yo lo mismo de León? Hombre, siempre sería el primero que lo comparara con Hollywood. Iba más bien porque he cerrado los ojos un momento y han pasado once días (y casi cincuenta años). Así que, temiéndome lo peor me voy al tenebroso Bernesga y hago mis treinta minutos largos y mis cinco kilómetros cortos. Bueno. Respecto a lo demás tampoco siento gran entusiasmo por la gente de aquí, su modo de vida, lo que ocurre o el clima (un poco extremo). Pero me ha pasado en otros sitios.
jueves, 5 de diciembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El profesional
5 de diciembre de 2013
Parecen haber desaparecido los vagabundos. Espero que no hayan muerto congelados (la hoguera no era muy grande). Ya no huele a gasoil. Queda un frío poderoso, la lobreguez habitual (cuando llego a casa las luces del baño me deslumbran y me dan ganas de ducharme con gafas de sol) y… ¡niebla! Este meteoro hace lo que puede por refractar la escuálida sombra de las farolas (refracción es cualquier cambio en la dirección de una onda cuando cambia de medio) pero sin convicción. Refracción sin convicción. Juá, juá. Ya me está dando otra vez la chaladura por hipoxia de los alpinistas.
Debería (cuánto tiempo sin utilizar esta forma verbal; por lo menos veinte líneas) salir por las mañanas e ir al gimnasio. Soy socio de una sociedad atlética desde hace tres o cuatro décadas. Podría utilizar sus modernas e higiénicas instalaciones para oxigenarme y bufar y estirarme y encogerme. Así mis crónicas serían más luminosas. Y también podría reírme de otras personas. Porque ahora a las ocho de la tarde por las orillas del Bernesga no hay ni un alma. O igual sí, pero no las discierno.
La obligada compañía del corredor en círculos. Smells Like Teen Victory
3 de diciembre de 2013
Después de celebrar fluidamente mi cumpleaños (tengo cuarenta y siete años, mido uno ochenta, peso noventa kilos…) vuelvo a las impenetrables tinieblas del Bernesga. La ausencia de piras sacrificales se compensa con un intenso olor a gasoil que podría simbolizar con su evocador poder sinestésico… no sé… Todo.
viernes, 29 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Las luces del norte
28 de noviembre de 2013
Hoy no veo alegres fogatas post-apolípticas. Tampoco veo gran cosa más. De hecho según estoy llegando al Puente de los Leones (a las ocho de la tarde) SE APAGA una de las tres o cuatro bombillas que alumbran mi recorrido.
Según parece el Excmo. Ayto. de León está encendiendo farolas durante el día (en serio) para probar el parque eléctrico (o como quiera que se llame). Algunas personas bienintencionadas se quejan. Les digo que sugieran que, quizá, realicen sus ensayos de noche. Pero nunca, nunca, nunca les propongan apagar nada.
martes, 26 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. A lo loco
25 de noviembre de 2013
Leo sobre el deporte y los
deportistas. Y sobre las burlas al deporte y a los deportistas. Los que hablan
de deporte suelen ser deportistas ellos mismos y los que se burlan, pues no. Estos
últimos dicen que los deportistas son chiquitines y parecen croissants. Je, je.
Mas no. Yo no me río de nada y no pertenezco ni a
un un bando ni al otro. Lo comprendo todo y comprenderlo todo es perdonarlo
todo. Amo al mundo y el mundo me ama a mí. Eso es.domingo, 24 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Po-po popped Dookie down by the vacants*
24 de noviembre de 2013
Domingo por la tarde. Mucho frío,
calles vacías y oscuridad total. En algunos momentos en la orilla del río siento
la tentación de poner las manos delante mientras corro, como una especie de
monstruo de Frankenstein trotante, para ir palpando. Hoy incluso hay (era
inevitable) personas alrededor de una hoguera. Probablemente asando una rata. Creo
que los próximos días me bajaré una antorcha, un poco de papel de plata y el
baldeo. Yo, creo que lo he dicho más veces, lo que no quiero es llamar la
atención.
* La pasma se cargó a Dookie en las casas de protección. La frase es una especie de destilación cómica del habla de los negros en los guetos de Baltimore que usan en The Wire. La utilizan en otra serie, la hilarante Thirty Rock, cuando les acusan de contratar sólo blancos.
* La pasma se cargó a Dookie en las casas de protección. La frase es una especie de destilación cómica del habla de los negros en los guetos de Baltimore que usan en The Wire. La utilizan en otra serie, la hilarante Thirty Rock, cuando les acusan de contratar sólo blancos.
lunes, 18 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Orden de extrañamiento
14 de noviembre de 2013
Ni corro con los demás en hato
ni acudo a lugares de personas donde se dicen versos unos a otros. ¿Echo de
menos estas gregarias actividades? Pues no lo sé. Supongo que no. Podría
adherirme a estos grupos sin problemas; ambos parecen ávidos de gente que haga
bulto y les mire.
Últimamente (lo que llaman) La Cultura me da diabetes. De todas formas se celebran dos salvíficos centenarios: el de la escritura de En busca del tiempo perdido y el de Albert Camus (que cumpliría cien años). Sobre Proust leo seguido a dos intelectuales diferentes en la portada digital del periódico más vendido de España. Ponen: “El laberinto de la memoria” y “La vida se hace novela”. Soy más del pomelo de James Cagney que de la magdalena del francés, pero sé una cosa: él no lo haría.
Últimamente (lo que llaman) La Cultura me da diabetes. De todas formas se celebran dos salvíficos centenarios: el de la escritura de En busca del tiempo perdido y el de Albert Camus (que cumpliría cien años). Sobre Proust leo seguido a dos intelectuales diferentes en la portada digital del periódico más vendido de España. Ponen: “El laberinto de la memoria” y “La vida se hace novela”. Soy más del pomelo de James Cagney que de la magdalena del francés, pero sé una cosa: él no lo haría.
Lo de Camus (me) resulta
curioso porque escribí tres o cuatro días antes de los (discretísimos) homenajes
una entrada sobre su Sísifo (la del día cinco, está un poco más arriba; más abajo en este caso) sin saber que
se avecinaban estos fastos. Para acabar de hacer el tonto me disfracé del gran
hombre. Aunque, ahora que lo veo, me debería haber girado ciento ochenta grados
porque la luz está al revés. Pero es la única diferencia entre Camus y yo. La única. Sí.
![]() |
Compárenme con Camus. Venga. |
martes, 12 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Día del Señor y de otro señor
10 y 12 de noviembre de
2013
En ocasiones, sobre todo los días festivos, veo gente que extrae de esta ambulante actividad todas sus posibilidades y contempla todas sus facetas. Que exprime (y liba con entusiasmo en) el jugoso racimo de la vida. Imaginemos las complicadísimas intendencias de gran costumbrismo protagonizadas por un cuarentón español normal un domingo: se levanta temprano, se viste de ciclo/runner/fondo/turista, coge el coche, coge al niño, coge las bicicletas, baja al garaje, se va al quinto pino, anda un rato, trota, se oxigena, se para once veces, estorba, charla con otros equipadísimos individuos en medio de los caminos, toquetea y habla con (y desde) su dispositivo móvil, bebe una bebida isotónica, le toca las narices al niño, vuelve al coche, vuelve al garaje, se ducha, se hidrata, se cambia y se va a misa de una (también incluyo la misa como falsa gimnasia). En todas estas operaciones… ¡ha tumbado la mañana entera! No es mi caso. Corro poco, de acuerdo. Pero mis transiciones de persona normal a sudoroso tarugo (y a la viceversa) son brevísimas. Trato también de exprimir el jugoso racimo de la vida. Pero el jugoso racimo de la vida rápidamente me mancha la ropa o me salpica a los ojos.
La obligada compañía del corredor en círculos. Las capitulaciones
9 de noviembre de 2013
Seis y media de la tarde de un sábado de noviembre en León. Noche cerrada. Me meto sin ninguna gana en mi gastada indumentaria de carreras. Piso la calle. En cuanto doy dos zancadas gruesas gotas de agua empiezan a oscurecer el cemento de la acera. Creo captar el mensaje. Subo y me pongo la ropa que me acababa de quitar. Bajo otra vez. Camino hasta el supermercado bajo la lluvia. Compro alcohol, cacahuetes y chocolate. Vuelvo a casa.
Seis y media de la tarde de un sábado de noviembre en León. Noche cerrada. Me meto sin ninguna gana en mi gastada indumentaria de carreras. Piso la calle. En cuanto doy dos zancadas gruesas gotas de agua empiezan a oscurecer el cemento de la acera. Creo captar el mensaje. Subo y me pongo la ropa que me acababa de quitar. Bajo otra vez. Camino hasta el supermercado bajo la lluvia. Compro alcohol, cacahuetes y chocolate. Vuelvo a casa.
No es el mejor relato
corto de la historia de la literatura, pero su belleza reside en su cruda y despojada sinceridad. Juá.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Los lunes al sóleo
5 de noviembre de 2013
Todavía no había salido Sísifo por aquí. Me extraña. Aunque sus afanes sean más lineales que circulares viene muy al caso. Albert Camus, autor de quien es muy difícil leer bobadas, tiene una colección de escritos titulados con su nombre (con el nombre del rey de Corinto, no con el suyo propio, que también) en el que incluye un célebre capítulo hablando del suicidio.
Alargar, extender, prolongar, ampliar. Ah. Engrandecer, decíamos ayer. ¿Acaso hacemos otra cosa desde que nacemos? Evitando quitarnos de en medio, ¿no estamos dilatando la irrisoria (son sus palabras) costumbre de vivir? ¿Qué nos puede quitar las ganas de continuar con esta actividad? ¿En qué momento de lucidez vemos tan natural la vida como su ausencia? En cierto punto, cualquier cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los cansancios todavía en suspenso. Mientras tanto, pues cumplimos el castigo asignado por razones que se nos ocultan (hay muchas teorías sobre por qué se le sanciona, y no es la más repetida que a Sísifo se le impone su infinita e irónica tarea precisamente por su empeño en vivir).
Todavía no había salido Sísifo por aquí. Me extraña. Aunque sus afanes sean más lineales que circulares viene muy al caso. Albert Camus, autor de quien es muy difícil leer bobadas, tiene una colección de escritos titulados con su nombre (con el nombre del rey de Corinto, no con el suyo propio, que también) en el que incluye un célebre capítulo hablando del suicidio.
Alargar, extender, prolongar, ampliar. Ah. Engrandecer, decíamos ayer. ¿Acaso hacemos otra cosa desde que nacemos? Evitando quitarnos de en medio, ¿no estamos dilatando la irrisoria (son sus palabras) costumbre de vivir? ¿Qué nos puede quitar las ganas de continuar con esta actividad? ¿En qué momento de lucidez vemos tan natural la vida como su ausencia? En cierto punto, cualquier cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los cansancios todavía en suspenso. Mientras tanto, pues cumplimos el castigo asignado por razones que se nos ocultan (hay muchas teorías sobre por qué se le sanciona, y no es la más repetida que a Sísifo se le impone su infinita e irónica tarea precisamente por su empeño en vivir).
sábado, 2 de noviembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Magníficat
1 de noviembre de 2013
Pensando en la tarea de pedirse cosas, creo comprender mi animadversión hacia el gordo renegado del que hablaba en la anterior entrada. No se puede ser arrogante cuando uno busca lo pequeño, lo finito (perdón por el juego de palabras). Uno puede ser monumental o desmesurado buscando la grandeza. Pero ¿perdiéndola? Es una súplica mezquina. Aunque, de hecho, toda plegaria lo es. La única oración que reviste cierta dignidad es el Magnificat. Por lo noble de su título, por estar musicado por Bach y porque María pide engrandecer su alma (Lucas 1:46-55). No pide que su alma sea estrecha o convexa y musculada. Pide que sea grande.
Pensando en la tarea de pedirse cosas, creo comprender mi animadversión hacia el gordo renegado del que hablaba en la anterior entrada. No se puede ser arrogante cuando uno busca lo pequeño, lo finito (perdón por el juego de palabras). Uno puede ser monumental o desmesurado buscando la grandeza. Pero ¿perdiéndola? Es una súplica mezquina. Aunque, de hecho, toda plegaria lo es. La única oración que reviste cierta dignidad es el Magnificat. Por lo noble de su título, por estar musicado por Bach y porque María pide engrandecer su alma (Lucas 1:46-55). No pide que su alma sea estrecha o convexa y musculada. Pide que sea grande.
miércoles, 30 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre que confundió a su mujer con una báscula
30 de octubre de 2013
Francamente, creo que su problema no era el sobrepeso.
lunes, 28 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Billie Jean
27 de octubre de 201
Cambio de hora (?) Noche
cerrada a media tarde. Oscuridad total en el Bernesga hasta el
Puente de los Leones. Algo de luz en el paseo de la Condesa. Creo que ya
sólo ponen luces en las calles en las que viven los prebostes. Es más: creo que cuando se echan a dormir, vuelven a apagarlas. Como en el Billie Jean de Michael Jackson.
Ochenta y nueve kilos. Mmmm… ¿Cuánto peso he bajado? ¿Dos o tres kilos? ¿En un mes? La verdad es que estoy harto. Podría hacerme profesor de gimnasia. Y no correr nunca más.
Ochenta y nueve kilos. Mmmm… ¿Cuánto peso he bajado? ¿Dos o tres kilos? ¿En un mes? La verdad es que estoy harto. Podría hacerme profesor de gimnasia. Y no correr nunca más.
miércoles, 23 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Farewell To Arms (Adiós a los brazos)
23 de octubre de 2013
Probablemente la última jornada que salgo en camiseta. Se acortan y se cuajan los días; se alargan y se hacen tupidas las mangas. No pasa nada. Dentro de ocho meses este trozo de la enorme bola de hierro recubierta de escoria y bacterias en que vivo volverá a girar en mejor posición y un más favorable perihelio. Ya ha pasado otras veces.
![]() |
Se acabó el verano. Se cierra la pequeña puerta en el muro que abre un jardín cerrado y encantado. Juá. Sí, mi dacha tiene logo. Lo hice yo. |
La obligada compañía del corredor en círculos. La ley de Newton
22 de octubre de 2013
Los individuos de comportamiento compulsivo nos movemos en unos patrones de inercia muy poderosos. Trato siempre de empezar las entradas con frases cuchufletescas como la anterior para hacer enfadar a mi señora, que se las toma en serio. Lo que quiero decir es que a las personas más o menos obsesivas nos cuesta mucho empezar a hacer una cosa pero (o también) después nos cuesta mucho dejarla.
Llevaba corriendo más o menos a diario veinte días. Hoy he salido después de dos. Mal. Hay Champions. El sábado es el clásico… Me temo lo peor. Lo peor es que vuelva a cierta pauta con el procesamiento característico de la información y pierda coherencia en mi conducta repetitiva buscando una hiposensibilidad de retribución restringida. Que la vuelva a cagar con el sofá, los bares, la cerveza y los cacahuetes.
Si se me entiende todo…
Etiquetas:
Champions,
clásico,
inercia,
La primera ley de Newton,
panchitos y cortezas,
pautas de comportamientos,
recompensa restringida
domingo, 20 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El jovencillo emponzoñado de whisky
19 de octubre de 2013
A veces antes de editar el texto final los diseñadores gráficos utilizan unas líneas falsas que encajan como
borrador para hacerse una idea del aspecto definitivo de la página. Una prueba
para elegir las texturas, grosor y tamaño de los tipos, vaya. Estas líneas
están sacadas de un escrito de Cicerón titulado Finnibus bonorum et malorum (Los límites de lo bueno y lo malo) del
año 45 a.C.
Los que estamos familiarizados con ellas las llamamos el lorem ipsum:
Neque porro quisquam est, qui dolorem ipsum quia dolor sit amet, consectetur, adipisci velit, sed quia non numquam eius modi tempora incidunt ut labore et dolore magnam aliquam quaerat voluptatem. Ut enim ad minima veniam, quis nostrum exercitationem ullam corporis suscipit laboriosam, nisi ut aliquid ex ea commodi consequatur?
Neque porro quisquam est, qui dolorem ipsum quia dolor sit amet, consectetur, adipisci velit, sed quia non numquam eius modi tempora incidunt ut labore et dolore magnam aliquam quaerat voluptatem. Ut enim ad minima veniam, quis nostrum exercitationem ullam corporis suscipit laboriosam, nisi ut aliquid ex ea commodi consequatur?
La
cosa sigue, claro. Pero se hace uno
una idea. ¿A qué viene esta exégesis? No es para espantar
definitivamente a mis nueve lectores (aunque probablemente lo consiga) sino
porque su traducción (que ignoraba) es… tachán, tachán:
Tampoco hay nadie que ame, persiga y quiera alcanzar el dolor mismo porque sea dolor, sino porque a veces se dan las circunstancias de manera que, con esfuerzo y dolor se pueda obtener un gran placer. Un ejemplo cualquiera: ¿quién de nosotros acepta algún ejercicio físico fatigoso si no es para conseguir con él alguna ventaja?
Espectacular ¿verdad? Bueno. Para mí. Este párrafo
ful, que tenía delante y llevo viendo y utilizando décadas, habla de lo que he venido arguyéndome casi dos años. Qué jodido el Marco Tulio. En efecto: todo, incluido el sacrificio autoinfligido, es vanidad e industria y afán.Tampoco hay nadie que ame, persiga y quiera alcanzar el dolor mismo porque sea dolor, sino porque a veces se dan las circunstancias de manera que, con esfuerzo y dolor se pueda obtener un gran placer. Un ejemplo cualquiera: ¿quién de nosotros acepta algún ejercicio físico fatigoso si no es para conseguir con él alguna ventaja?
Que esta sabia constatación se use de relleno resulta irónicamente inevitable.
jueves, 17 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Los umbrales del cielo
17 de octubre de 2013
A veces me doy contra un (bochornoso) programa de
la televisión local ampliamente patrocinado que se llama Correr es vivir. Disiento. Vivir es todo lo demás. Por lo menos en
mi caso. El resto, lo que no es sofocarse ni sudar constituye lo agradable. Hoy
salgo por la
mañana. Temperatura perfecta. Gris luminoso. Orillas del
Bernesga despejadas y espaciosas… ¿Qué no parece fenomenal después? Me pregunto si no me he muerto y no me encuentro ya en
el edén de los tontos (no en el limbo; no es necesario: el cielo normal ya resulta
bastante estúpido). Sin dolor, sin apetitos ni ambiciones. Sin recompensas. Me
viene a la cabeza la absurda historia de la escalera de Jacob (Gn 28, 19-20).
Jacob, cuando va recorriendo por motivos que no vienen al caso los solares de
Cisjordania, recuesta la cabeza sobre una piedra, (?) se duerme (?!) y sueña
con una escala por la que suben y bajan sin ton ni son unos angelitos. Un
paraíso bobo. Habitado por gente como yo. Saco mucho el Genésis. Cualquiera
diría que estoy leyendo la Biblia y no paso del principio. No es verdad. Pero
lo parece.La obligada compañía del corredor en círculos. Reconstituyente sintáctico
16 de octubre de 2013
Ah. Prosigo con mi huida intransitiva. Quiero decir que no corro a, ni hacia; ni desde. Corro sin objeto directo. La frase quedaría mejor si no la explicase pero, ahora que otra vez veo las noticias todo el rato, tengo la sensación de que mis semejantes me demandan con gran virulencia que aprenda a balbucear.
Sigo yendo demasiado deprisa y me canso enseguida. Soy incapaz de trotar muy despacito (también soy incapaz de ir más deprisa, claro). Quizá debería trabarme los pies, como las caballerías.
lunes, 14 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Fin de ciclo
14 de octubre de 2013
domingo, 13 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Thursday's child
12 de octubre de 2013
He leído los apuntes más o
menos diarios de personas que ejecutaron cosas excepcionales (Azaña, Kafka, Napoleón,
Warhol…) y no parece desde luego que las estén llevando a cabo. Kafka cuenta que
escribe cositas, Napoleón nunca está donde le apetece, Warhol se queja de que
los demás son igual de tacaños que él, Azaña desconfía… Si el Jesucristo de los
evangelios hubiese dictado un diario sobre sus actividades seguro que alguna
entrada vendría a decir más o menos: Esta
gente no se entera de nada. Ya contaba Borges que los soldados antes de la
batalla (por decisiva que ésta fuese) hablan del barro o del sargento. Ana
Frank no describió el genocidio nazi o LA SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL.
La pregunta es si la
escritura, incluso la autobiográfica, se parece al autor. O si el autor se
parece o debe parecerse a toda su época. Creo que no. Las sombras, por densas,
bellas o enormes que sean, no son el objeto.
Anoto esto el 13 de octubre. Ayer corrí. Hoy no. Porque llueve. Como ven, el objeto (bulto en este caso) a veces ni siquiera arroja sombra alguna.
Anoto esto el 13 de octubre. Ayer corrí. Hoy no. Porque llueve. Como ven, el objeto (bulto en este caso) a veces ni siquiera arroja sombra alguna.
viernes, 11 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
10 de octubre de 2013
Hay una célebre fábula de
Esopo donde se cuenta cómo, al volver a su pueblo, un especialmente enclenque viajero fanfarronea sobre
pretendidas hazañas atléticas realizadas en otros sitios con testigos asimismo
foráneos que darían fe de sus proezas. Se jacta de que en Rodas ganó a los mejores
saltadores. Bien, le dicen sus
paisanos, Hic Rhodus, hic salta*. Es
decir: Imagina que esto es Rodas, salta
aquí (y ahora).
La oración fue utilizada por
Hegel para un juego de palabras: Hier ist
die Rose, hier tanze (Aquí está la rosa, baila aquí) con Rhodus (Rodas) y Rhodon (rosa). La filosofía es, para él, la rosa en la cruz del
presente. Alude a la idea de Lutero y su rosa (blanca, como en su símbolo con
una cruz en este caso encima: la cruz en la rosa) de la conciliación
entre inmanencia y trascendencia. Marx, inmanentista acérrimo hizo famosa la
sentencia en el capítulo I de su Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte contraponiendo las revoluciones burguesas (la
Francesa) a las proletarias y traduciendo curiosamente el Hic Rhodus, hic salta con la rosa luterano-hegeliana.
Corriendo me acuerdo a
menudo de la frase y hoy he estado buscando su origen (creo que se nota) pero se
me ha olvidado completamente para qué iba a utilizar la moraleja. ¿Para evitar
chulearme de algo? ¿De qué narices me iba yo a chulear? Nada. Ni idea.
*ἰδοῦ Ῥόδος, ἰδοῦ και πήδημα en su original griego.
Nota: El título
de esta entrada no es mío. Es el de un largo reportaje para la revista Harper’s
Bazaar donde el escritor estadounidense David Foster Wallace (nombre literario donde los haya) narra un crucero por el Caribe mientras se burla de los viajeros y del propio viaje. Se suicidó a los cuarenta y seis años. Mi edad.
Etiquetas:
caraja que llevo,
chuleamiento in vain,
David Foster Wallace,
Harper's Bazaar,
Hegel,
Hic Rhodas hic salta,
Lutero,
Marx,
Rhodon,
Rhodus
miércoles, 9 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El alma contra Los Tres Supermen en Tokio
8 de octubre de 2013
Salgo. Corro. Vuelvo a casa. Me ducho. Ayer me hice una ampolla con unos zapatos y hoy me levanto la piel con las zapatillas. Duele. Le pongo Betadine. Y una tirita. Mi editor dice que no me saca en su web porque no soy emocionante. Mi mujer dice que escriba de otra cosa porque lo de correr es aburrido. El subdirector del periódico me dice que soy reiterativo y que no aporto… Me parece a mí que hoy todo el mundo está más gracioso que la hostia.
lunes, 7 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Octubre, octubre
2 de octubre de 2013 El camino
del camello
Todavía no noto nada.
Aunque NO he corrido la mitad de ayer (lo que serían cinco minutos). He corrido
EL DOBLE (veinte). Debo mantenerme en estas magnitudes. Porque se me da mal hacer
operaciones con números impares.
3 de octubre de 2013 Dame veneno
Iré apuntando mis progresos. Corro lo mismo que ayer. Así que acabo enseguida: ninguno.
4 de octubre de 2013 Alma en suplicio
Quinto día de rutina olímpica. Cierta novedad: ahora en casa a las siete de la tarde rompo a sudar por algún condicionamiento pavloviano. Así que me pongo los leotardos y me voy al río. Luz lavada de lluvia bruta y nubes enormes. Oh, qué hermoso. Lástima que ande uno a carreras.
6 de octubre de 2013 Bella sin alma
“El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho”.
3 de octubre de 2013 Dame veneno
Iré apuntando mis progresos. Corro lo mismo que ayer. Así que acabo enseguida: ninguno.
4 de octubre de 2013 Alma en suplicio
Quinto día de rutina olímpica. Cierta novedad: ahora en casa a las siete de la tarde rompo a sudar por algún condicionamiento pavloviano. Así que me pongo los leotardos y me voy al río. Luz lavada de lluvia bruta y nubes enormes. Oh, qué hermoso. Lástima que ande uno a carreras.
6 de octubre de 2013 Bella sin alma
“El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho”.
Gn 2:2
Séptimo día. Domingo. Queda muy bien la cita del Génesis, pero no reposo. Reposé ayer. Porque fui al pueblo. Y porque había fútbol. Hoy corro lo mínimo. Solecito. Me cuesta llegar al río porque hay muchos puestos en el rastro. Sigue sin pasarme nada. Quizá podría intercalar recuerdos de juventud. Lo malo es que no me acuerdo de gran cosa. O poner fotos de mi metamorfosis. Pero como no experimento ninguna pues sería un poco bobada.
Séptimo día. Domingo. Queda muy bien la cita del Génesis, pero no reposo. Reposé ayer. Porque fui al pueblo. Y porque había fútbol. Hoy corro lo mínimo. Solecito. Me cuesta llegar al río porque hay muchos puestos en el rastro. Sigue sin pasarme nada. Quizá podría intercalar recuerdos de juventud. Lo malo es que no me acuerdo de gran cosa. O poner fotos de mi metamorfosis. Pero como no experimento ninguna pues sería un poco bobada.
Lo siento, señores.
7 de octubre de 2013 La venganza del alma
Continúo con mi experimento de doctor chiflado. Todo doctor chiflado
experimenta consigo mismo, claro. Octavo día de renuncia y séptimo de carrerinas. La
televisión (yo veo mucho la televisión) me ofrece mensajes contradictorios. Hay
varias cosas que ponen a todas horas: reportajes sobre gordos y sus agonías (que
ya he superado) o programas de cocina y sus delicias (que no pruebo). Con sus
variantes de venta de aparatos para gordos anunciados por nervudos atletas que,
evidentemente, no los usan; y de utensilios de cocina que, es curioso, tampoco
ves jamás manejar a los cocineros citados. Mejor. Menos cosas que codiciar. En
el caso del ejercicio tengo la convicción de que es una pelea que se entabla contra
uno mismo y no es necesario adquirir nuevos enemigos. Hago brazos, eso sí, desplazando por casa diversas máquinas gimnásticas de mi mujer, que las tiene todas.
Hoy corro media hora sin
mucho esfuerzo. Empiezo y termino con profesores chalados: el Dr. Frank N.
Furter. “In just seven days…”
miércoles, 2 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Rerum novarum
1 de octubre de 2013
Es difícil estar satisfecho en un entorno que aplaude, estimula y premia la insatisfacción. No conocemos otra realidad. Hemos cambiado la curiosidad por el deseo incesante. Me temo incluso que confundimos ambas cosas. En una sociedad civilizada naceríamos con todas las necesidades y hasta caprichos cubiertos y se nos alentaría a buscar la felicidad pretendiendo (y poseyendo) cada vez menos cosas (y personas). Se pondría como ejemplo al que no necesitara nada o muy poco. El hombre modélico sería quien ya no apeteciese de más bienes ni atenciones, el que fuera dichoso con lo que (no) atesorara. En nuestra cultura ocurre exactamente al revés: desde niños se nos dice que hay que ansiar (y obtener) objetos y haciendas y súbditos. Que es lo normal. Que la tranquilidad con lo que uno tiene o perseguir cada vez menos indica debilidad de carácter. Que estar de buen humor es lo que menos importa. Las conductas a imitar son las codiciosas y depredadoras (véanse los bichos que salen en periódicos, televisiones o libros de historia) a pesar de saberse que nada tienen que ver con la ventura; que la impiden de hecho. La ambición aquí y ahora es una virtud. No debería.
Es difícil estar satisfecho en un entorno que aplaude, estimula y premia la insatisfacción. No conocemos otra realidad. Hemos cambiado la curiosidad por el deseo incesante. Me temo incluso que confundimos ambas cosas. En una sociedad civilizada naceríamos con todas las necesidades y hasta caprichos cubiertos y se nos alentaría a buscar la felicidad pretendiendo (y poseyendo) cada vez menos cosas (y personas). Se pondría como ejemplo al que no necesitara nada o muy poco. El hombre modélico sería quien ya no apeteciese de más bienes ni atenciones, el que fuera dichoso con lo que (no) atesorara. En nuestra cultura ocurre exactamente al revés: desde niños se nos dice que hay que ansiar (y obtener) objetos y haciendas y súbditos. Que es lo normal. Que la tranquilidad con lo que uno tiene o perseguir cada vez menos indica debilidad de carácter. Que estar de buen humor es lo que menos importa. Las conductas a imitar son las codiciosas y depredadoras (véanse los bichos que salen en periódicos, televisiones o libros de historia) a pesar de saberse que nada tienen que ver con la ventura; que la impiden de hecho. La ambición aquí y ahora es una virtud. No debería.
Leo que uno de los signos de hacerse uno adulto es que se tarda mucho más en perder peso. Cierto. Lo peor son estas primeras jornadas (siempre estoy en estas primeras jornadas), en las que no se ve ningún avance. Luego… ninguna mejoría parece suficiente. Lo que largué en el párrafo anterior.
Leo también que otro signo
de hacerse mayor es la progresiva incapacidad de dormir toda la mañana de un
domingo. Cuando bebes y te atiborras le pides prestado a tu cuerpo y al tiempo los
placeres del día siguiente. En cambio cuando haces ejercicio y te portas de
forma contrita y morigerada el equilibrio o el oxígeno futuro te está
extendiendo un cheque. Tardas en cobrarlo. Cada vez más. En mi caso, por lo
menos quince días.
Corro la mitad que ayer. Si persevero en estos paradójicos avances negativos igual logro retroceder en el tiempo y podré advertir a la gente del pasado de cómo algunas personas no tienen intención de cumplir sus promesas electorales.
Corro la mitad que ayer. Si persevero en estos paradójicos avances negativos igual logro retroceder en el tiempo y podré advertir a la gente del pasado de cómo algunas personas no tienen intención de cumplir sus promesas electorales.
Quizá debería contar más
bien anécdotas. A la gente le gustan las anécdotas.
lunes, 30 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. De complementos predicativos
30 de septiembre de 2013
¿Qué separa a un
despreocupado y noctámbulo juerguista de un resacoso imbécil? o ¿qué diferencia
a un joven tarambana de un señor alcohólico de mediana edad?
El tiempo, por supuesto. Aunque
también el dinero. Pero, sobre todo, el hábito. Y no me refiero a la ropa: toda
esta gente que cito lleva chándal. Para mí un hábito (saludable) es ejecutar alguna
actividad que no me guste nada (correr, comer sin grasas ni azúcares…) a diario. Una cosa desagradable que se
lleve a cabo una vez al mes no es un hábito: es una menstruación.
Corro veinte debiluchos
minutos y empiezo otro (creo que es el trigésimo octavo) periodo o ciclo
depurativo. Empieza octubre. Los días se agachan. Es hora de recobrar otoñales
rutinas. ¿Lograré mañana doblar mi
marca de hoy? Véase la respuesta en la nota.*
*No.
*No.
lunes, 16 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Las personas del verbo
16 de septiembre de 2013
Leo en Las restricciones aspectuales de las
construcciones pasivas perifrásticas de Armando Mora-Bustos:
“...la perfectividad se tipifica a
partir de la flexión morfológica del verbo,
esto es, el presente, el copretérito, el futuro, el pos-pretérito y el antepresente son tiempos imperfectivos
que expresan un sentido de no acabado; mientras que el pretérito, el antecopretérito, antefuturo y el antepospretérito
son tiempos que tienen un sentido de
acabado o perfectivo”.
También
afirma Álex Grijelmo:
“…podemos apreciar […] que los verbos incoativos
reflejan el comienzo de una acción (“partiré mañana”), los durativos implican que la acción
permanece una vez iniciada (“viene hacia acá”), los iterativos muestran una acción repetida (“martilleó
durante una hora”), los semelfactivos*
se reúnen como verbos de una sola acción (“encontré un anillo”), los desinentes muestran algo que solo
ocurre una vez (“nací en febrero”) y los permanentes
carecen de principio o final (“el oro brilla”).”
¿A qué viene esta exhibición
de taxonomías francamente soporiferas? Pues a que trato de encajar mi yo corro en alguna de las categorías
precedentes llegando a la conclusión de que mi cadencia de salidas es, en el mejor
de los casos, imperfectiva; y su ejecución, iterativa, se torna a menudo en semelfactiva
e incluso llega a ser desinente. Que debería correr con mayor frecuencia, vaya.
No llegué a los veinte minutos pero, en mi descargo, debo decir que salí muy
nervioso. Parece que vuelvo a tener un trabajo (más o menos) remunerado. Mañana
veré con mayor claridad su oportunidad o beneficio. Ahora mismo, en esta
calurosa noche de septiembre coincido con lo que la Sally Brown
de Charles Schulz (es la última cita, se lo juro) escribía en una redacción:
“Por el día uno ve por donde anda. Por la noche uno se acuesta y se preocupa”.
*semelfactivo (semel en
latín: por una vez)
Etiquetas:
Álex Grijelmo,
Armando Mora-Bustos,
Charles Schulz,
desinente,
incoativo,
iterativo,
mediopensionista,
Peanuts,
personas del verbo,
Sally Brown,
semelfactivo
jueves, 12 de septiembre de 2013
La obligada compañia del corredor en círculos. El indeseado efecto lupa
12 de septiembre de 2013
Hoy en la ciudad no sólo corro sino que hago recados mientras. Como un nuevo chasqui transporto información y materiales río arriba y abajo y hablo con las personas por las aceras. Como un chasqui o como las personas de los pueblos que andan en bicicleta muy lentamente.
domingo, 8 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Full Metal Wanker
7 de septiembre
Gunnery Sergeant Hartman:[ singing] Up in the morning to the rising sun!
Recruits: [singing] Up in the morning to the rising sun!
Gunnery Sergeant Hartman: [singing] Gotta run all day... till the running's done!
Recruits: [singing] Gotta run all day... till the running's done!*
Tampoco es eso. Ya hice
bastante mili. Pero si un día corro un rato y otro estoy once horas bebiendo, no
vamos a ningún sitio.
*”Me levanto por la mañana con el sol / corro todo el día hasta que se acaba el correr”. En inglés, como ven, rima.
jueves, 5 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. En casa
5 de septiembre de 2013
Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, decía Aristóteles, que era repetidamente excelente, no es un solo acto sino un hábito. Yo mismo he hecho cosas bien muchas veces, incluso a diario (aunque, desde luego, correr no es una de ellas).
El que intenta conseguir un gran logro de una sola vez, afirmaba asimismo Samuel Johnson, lo más posible es que no consiga nada en absoluto.
¿Por qué reproduzco estas motivantes máximas? ¿Para convertir mis escritos en lucrativas pamplinas de autoayuda? Debería. Autoayuda. Qué término tan gracioso. Ya que me autohablo, me autoanimo. Además mi mujer se fue de viaje y me ha traído de regalo otros leotardos. Así que salgo a correr. Ya en León. Pues así siempre. Venga. Un pie detrás del otro, me autodigo. Durante quince minutos. El viaje más largo empieza por un solo paso. Ya. También el más corto.
Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, decía Aristóteles, que era repetidamente excelente, no es un solo acto sino un hábito. Yo mismo he hecho cosas bien muchas veces, incluso a diario (aunque, desde luego, correr no es una de ellas).
El que intenta conseguir un gran logro de una sola vez, afirmaba asimismo Samuel Johnson, lo más posible es que no consiga nada en absoluto.
¿Por qué reproduzco estas motivantes máximas? ¿Para convertir mis escritos en lucrativas pamplinas de autoayuda? Debería. Autoayuda. Qué término tan gracioso. Ya que me autohablo, me autoanimo. Además mi mujer se fue de viaje y me ha traído de regalo otros leotardos. Así que salgo a correr. Ya en León. Pues así siempre. Venga. Un pie detrás del otro, me autodigo. Durante quince minutos. El viaje más largo empieza por un solo paso. Ya. También el más corto.
![]() |
Un libro de autoayuda normal escrito por el Anticristo (o por Ron Swanson) en persona. Pues no vendió nada. Se fue enfadadísimo. |
Suscribirse a:
Entradas (Atom)