17 de octubre de 2014
La Real Academia Española (a secas, al ser la primera academia no tiene apellido) saca la
vigésimo tercera edición de su Diccionario que admite voces como amigovio (?), pechamen (!) o papichulo (!!) Aparte de las ya usuales (e inadecuadas y grotescas)
españolizaciones de términos comerciales. No quiero mirar si han incluido runner. Son muy capaces.sábado, 18 de octubre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Les feuilles mortes
14 de octubre de 2014
Corro media hora y podría seguir otra media. Supongo. Pero no lo hago. Porque me aburro. A veces me canso de hacer cosas en solitario. Luego veo que la alternativa es hacerlas con otros, agradando. Y sigo haciéndolas solo. Soy un ser horrible.
Corro media hora y podría seguir otra media. Supongo. Pero no lo hago. Porque me aburro. A veces me canso de hacer cosas en solitario. Luego veo que la alternativa es hacerlas con otros, agradando. Y sigo haciéndolas solo. Soy un ser horrible.
domingo, 12 de octubre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre de hierro
11 de octubre de 2014
Día real. Sábado. Once de octubre. Octubre existe. Los demás meses son más o menos fantasmagóricos. Pero octubre es el tope de gama. El auténtico mes. Sin vacaciones. Sin verano. Sin invierno. Sin hostias. El mes en el que SE TRABAJA y se hacen cosas. Yo no he hecho ninguna. Ni otros. Pero da esa impresión. Octubre es impresionante. Si no has conseguido nada en octubre, no conseguirás nada en el resto del año. No serás NADIE.
Creo que el lunes hay puente otra vez.
Día real. Sábado. Once de octubre. Octubre existe. Los demás meses son más o menos fantasmagóricos. Pero octubre es el tope de gama. El auténtico mes. Sin vacaciones. Sin verano. Sin invierno. Sin hostias. El mes en el que SE TRABAJA y se hacen cosas. Yo no he hecho ninguna. Ni otros. Pero da esa impresión. Octubre es impresionante. Si no has conseguido nada en octubre, no conseguirás nada en el resto del año. No serás NADIE.
Creo que el lunes hay puente otra vez.
viernes, 3 de octubre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Odio
2 de octubre de 2014
Salgo cansado y corro poco tiempo y escasa
distancia. Igual porque ayer estuve al sol, nadando y hasta un
rato en un baño turco. Es probable que una cosa no lleve a la otra, pero era mi obligación
consignarlo. Sobre todo lo del baño turco. Hace (todavía) un tiempo espléndido
aunque a veces atravieso glaciales vaharadas de portal, avisos del ser de hielo
que emboscado, terrible e inevitable, espera barrernos.
Se da una nueva columna/tipo en los periódicos: la
del opinador seborreico sobre las personas corredoras. Estos tribuletes son muy
molestados (mucho, enormemente) por la mera existencia de las personas corredoras. No les gusta nada que haya personas corredoras. Les parece un íntimo agravio
el simple hecho de la persona corredora. Para justificar esta supuesta agresión,
atizada con gran violencia por las personas corredoras, deben inventarse,
claro, hechos disparatados: «El otro día estaba en mi casa y treinta y nueve
corredores vinieron por el pasillo y me robaron los apliques». O «Viajando en
avión estuvimos a punto de zozobrar y ser devorados por tiburones a causa de un
corredor que se puso delante del aparato a hacer estiramientos». La vehemente intolerancia
hacia las pobres personas que corren por descampados es asimismo disfrazada por
apelaciones a las maneras («¡Gaspar Melchor de Jovellanos no corría!») o a la
tradición («Nunca vi correr a mis abuelos, que dieron la vida para que pudiéramos
merendar sin tasa y permanecer sentados en nuestros sofás»). El perfil del
estilita anti-carreras es invariablemente el de un fulano de mediana edad con
sobrepeso, fumador y aficionado al fútbol (!) Dios sabe que yo con esto de los
brincos estoy muy lejos del proselitismo o la justificación, pero creo (quizá
esté errado), que hay cosas mucho peores.
La Luna empieza a crecer. Tampoco viene a cuento, pero me complace la frase, sugerencia de todo.
jueves, 2 de octubre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. El quinto elemento
29 de septiembre de 2014
Insisto: mi
sentido del olfato es cada vez más espacioso. Lo que a veces es agradable y a veces (casi siempre), no. Otro encuentro con la esencia. La esencia como
extracto de una sustancia aromática. Con el éter sutil y purísimo cuyo
movimiento propio, según la filosofía antigua, era el circular (¡anda!).
También según la filosofía antigua, de este quinto elemento estaban formados
los cuerpos celestes. Mezclando, como estos filósofos antiguos, lo verdadero con
el delirio extraigo de la cremallera levemente bajada de una corredora con la
que me cruzo el aroma antiguo y entero a moho del gimnasio frío y polvoriento, del
chándal de las chicas, del colegio, de la sexualidad suave e imbécil de los doce años…
miércoles, 1 de octubre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Ego trip (y II)
28 de septiembre de 2014
Domingo por la mañana. Día vivo. Rastro. Nubosidad juguetona. Contornos nítidos. Verde radiactivo. Sol escalfado… me fastidia ir corriendo. Yo, que no tengo ninguna prisa. Detente y huele las rosas. De acuerdo. A la vuelta. Lo que me sobra es tiempo.
Esto tiene que ver con el concepto de albedrío. Oh, el albedrío. Y su relación con el humor, el espacio y, sobre todo, la velocidad. Aunque la gente haga por ignorarlo, nos gustan las cuerdas, estar atados. No hablo ahora de la tribu (es lo que más amamos) sino de todas las jaulas y correas que lamemos e impregnamos con nuestro aroma (por cierto, en esta temporada de depuración me he sorprendido oliendo a cosas de mí mismo como de niño. Efluvios libres de veneno no arrojados, creo, desde la cuna). La madre sana, el dinero en el banco, el coche en el garaje, los dientes sin caries, la cama hecha… Estamos conectados a gran cantidad de objetos y personas y su bienestar o mera existencia nos afecta queramos o no. Mi idea es que la libertad es un fantasma multiforme igual de inaprensible que pueril. Vamos, que la libertad no existe. Además, emponzoñados por el cinematógrafo, la mala literatura, los cantautores y la publicidad, los grandes conceptos suenan ahora a eslogan nacionalista o a anuncio de pañitos higiénicos. De ahí el recurso de ligar la libertad con la aceleración. El individuo (o individua) libre o que abraza (es el verbo) la libertad tripula caballos, botes o descapotables y agita su melena por espacios abiertos. Digresión: los amantes, en este mismo tipo de ficciones, hacen lo contrario. Se muestran unidos y dando vueltas (como yo mismo). Pero no huyen. Están sujetos a un eje. No son lineales sino giratorios; de danzas, carruseles y tiovivos. Fin de la digresión.
La libertad de fantasía (creo, repito, que no hay otra) parece no tener que ver con la masa ni con la dirección, sino con el potencial gravitatorio. Curiosamente, la libertad por antonomasia, la de volar, ahora se ha convertido en una operación consuetudinaria, que elimina enseguida la decisión y nos obliga a un comportamiento de ratones en un laberinto. Tampoco te dejan bajarte donde te apetezca. Libre como un pájaro. Ya.
Ah. Lo conseguí. Reduje a ochenta y cinco kilos (mi masa). En las fotos tomadas en la inauguración del acto para el que quería deshincharme esto resulta inapreciable. Aunque no parezco Chicote, no. Parezco el puto Marlon Brando de Apocalypse Now.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Ego trip
22 de septiembre de 2014
Dialécticas. Apocalípticos e integrados. Bandos. En
España, como señaló Freud, que era un poco psicólogo, tendemos al fanatismo. Me
noto esa pulsión, que atribuyo a la vagancia. El pensamiento perezoso taxonomiza rápidamente:
bueno / malo. Conveniente / inconveniente. Bello / horrible. Esto, claro, no
tiene nada que ver con la
realidad. Aunque se suele dividir entre platónicos (tendentes
a la generalización) y aristotélicos (que gustan de la diferencia y la
individualidad), los dos estaban de acuerdo en muchas cosas. Por ejemplo y sobre
lo que nos toca: tanto Platón como Aristóteles eran partidarios de la educación
física y los dos, enemigos del tipo de vida llevado por los atletas
profesionales, a los que veían sobrealimentados y somnolientos (República y Ética a Nicómaco, respectivamente). Me explico: como no quiero
llegar (otra vez) a una inauguración mía hinchado como un odre, llevo casi un
mes sin comer ni beber. La eterna pelea entre Dioniso y Apolo, entre Joe
Strummer y Chicote (me parezco a uno u otro según mi comportamiento)… Las
riberas del Bernesga están ahora llenas de árboles y vegetación. Lo que me hace
pensar también en dimorfismos urbanos, en la cristalización de las ciudades en
sistemas diferentes; hay ciudades carnívoras y herbívoras. León es sin duda una
ciudad herbívora. Vacuna, incluso.
Etiquetas:
Aristóteles,
Chicote,
dialéctica,
exposición,
Freud,
Joe Strummer,
León es una ciudad vacuna,
Platón,
tesis antítesis galvana,
Verde gabardina
sábado, 20 de septiembre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. El ayuno de los campeones
19 de septiembre de 2014
La mejor manera de evitar la ingesta compulsiva de alimentos es evitando ingerir alimentos de forma compulsiva. Esto puede parecer una obvia sandez, pero así se explica una y otra vez en manuales, revistas, blogs, suplementos o programas televisivos cuyas admoniciones para perder peso o, por lo menos, no ganar más, siempre terminan con la frase ya no epifánica sino pentecostal evitar la ingesta compulsiva de alimentos. El título del artículo o reportaje (que unas veces va entre interrogaciones y otras no) puede ser ‘En forma durmiendo mucho’, ‘Adelgace follando todo el rato’, ‘Pierda peso comiendo poquito noventa y tres veces al día’, ‘ Las calorías y mirar la Luna los meses con erre..’. pero el final del mensaje (o el mensaje completo) siempre es el mismo: estas operaciones conducen a evitar la ingesta compulsiva de alimentos. Todo, repito, nos conduce a la ingesta compulsiva de alimentos: dejar de fumar, tener un jefe idiota, hacer mucho ejercicio, no hacer nada de ejercicio, enfrentarse a un oso, huir de un oso, reunirse con el oso…
Evidentemente se rellena menos espacio y no se llama tanto la atención escribiendo que los comportamientos compulsivos (con ingesta o sin ella) son perfectamente evitables, pero hay que encontrarse sosegado y hasta ufano. Lo sé por dos motivos: he escrito contenidos para publicaciones y he estado nervioso antes. ¿Cómo eliminar el riesgo de herirse mientras uno hace malabares con tres motosierras en marcha encima de la cabeza? ¿Poniéndose un casco? ¿Prestando mucha atención? Elimine las motosierras (y los malabares) de la ecuación. Hop. Magia. Y duerma, haga el amor y mire la Luna lo que le plazca.
La mejor manera de evitar la ingesta compulsiva de alimentos es evitando ingerir alimentos de forma compulsiva. Esto puede parecer una obvia sandez, pero así se explica una y otra vez en manuales, revistas, blogs, suplementos o programas televisivos cuyas admoniciones para perder peso o, por lo menos, no ganar más, siempre terminan con la frase ya no epifánica sino pentecostal evitar la ingesta compulsiva de alimentos. El título del artículo o reportaje (que unas veces va entre interrogaciones y otras no) puede ser ‘En forma durmiendo mucho’, ‘Adelgace follando todo el rato’, ‘Pierda peso comiendo poquito noventa y tres veces al día’, ‘ Las calorías y mirar la Luna los meses con erre..’. pero el final del mensaje (o el mensaje completo) siempre es el mismo: estas operaciones conducen a evitar la ingesta compulsiva de alimentos. Todo, repito, nos conduce a la ingesta compulsiva de alimentos: dejar de fumar, tener un jefe idiota, hacer mucho ejercicio, no hacer nada de ejercicio, enfrentarse a un oso, huir de un oso, reunirse con el oso…
Evidentemente se rellena menos espacio y no se llama tanto la atención escribiendo que los comportamientos compulsivos (con ingesta o sin ella) son perfectamente evitables, pero hay que encontrarse sosegado y hasta ufano. Lo sé por dos motivos: he escrito contenidos para publicaciones y he estado nervioso antes. ¿Cómo eliminar el riesgo de herirse mientras uno hace malabares con tres motosierras en marcha encima de la cabeza? ¿Poniéndose un casco? ¿Prestando mucha atención? Elimine las motosierras (y los malabares) de la ecuación. Hop. Magia. Y duerma, haga el amor y mire la Luna lo que le plazca.
Si parezco molesto o vehemente es porque hoy he
tratado de correr treinta o cuarenta minutos; he hecho mi recorrido standard,
he seguido otros dos kilómetros… y luego he mirado el reloj: veintiuno. Dan
ganas de ingerir compulsivamente alimentos. Me cago en mi puta calavera.
jueves, 18 de septiembre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Más allá del Corcos
7 de septiembre de 2014
Vuelvo al macadán de la Fase I del Canal de
Payuelos. Para los nuevos: significa que (al fin) corro un poco por los
alrededores de mi mansión Villahibieresca. No he salido de la dacha
penitenciaria, comportándome como una mosca en un tarro, en todo el verano. Me
paro cada poco abrumado por el catálogo de cielos crepusculares. Que van del azul
Velázquez al cárdeno Vermeer, de los lavados lilas de Monet al algodón sucio de de
Kooning, por el color rojo de la tierra y por el paisaje en general compuesto
de árboles y otras cosas. Me paro cada poco también porque me falta el
resuello. Debería poner las entradas agroatléticas en tinta verde oscuro.
La obligada compañía del corredor en círculos. September Song
4 de septiembre de 2014
Continúa la temperatura amniótica y oceánica. Estoy en una forma horrible. El verano tóxico sigue pasándome recibos.La obligada compañuía del corredor en círculos. One Hundred Leotardos
2 de septiembre de 2014
En la ciudad. Alejado de fritos y tabernas, con
temperatura de pecera, por las mañanas me remojo en amenas cisternas, y trisco a
la tarde en la arena que arde en la verde ribera. Que por la mañanas voy a la
piscina y por la tarde, corro por la orilla del río. Joder, qué bueno hace.Me temo lo peor.
domingo, 14 de septiembre de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. El retrato de Dorian Graceland
1 de septiembre de 2014
Se acabó el tratar a mi cuerpo como a un parque infantil. Hora de echar arena en los meados, grasa en los columpios e instalar caucho sobre la brea. Control de daños después de este tiempo de espumosos desayunos, espumosas comidas y espumosas cenas: corro veinte minutos al lado de un arbolado y casi desconocido Bernesga.
Se acabó el tratar a mi cuerpo como a un parque infantil. Hora de echar arena en los meados, grasa en los columpios e instalar caucho sobre la brea. Control de daños después de este tiempo de espumosos desayunos, espumosas comidas y espumosas cenas: corro veinte minutos al lado de un arbolado y casi desconocido Bernesga.
Hay dos soberbias de las que carezco (todas las demás las tengo hipertrofiadas y hasta considero una falta de educación que se me trate como si fuera una persona normal): la literaria y la atlética. Puedo alejarme con facilidad de ambas. De hecho lo hago. Dos meses y mucho. Vuelvo a la literatura con estas notas que puedo titular Qué hice en verano. Las añadiría a clásicos como La vaca, Mi gata Doris, Un día de lluvia, Una mirada a alguna cosa o La memoria de no sé qué. Trataré de no poner estival ni canícula.
FAUNA
Todos los años vuelvo, con el buen tiempo, a mi bohío anteriormente comparado con Tara, Pequeña Reata, La Zona de Stalker y Graceland (aconsejo una relectura de mi libro) aunque esta vez parecía empeñado en asimilarse más bien al Hotel Overlook, ámbito que también volvió loco a su habitante. Mis nervios están conectados a la finca como Dorian Grey a su retrato o espejo. Nadie parece comprenderlo; así, cuando contemplo (por ejemplo) un nido de cigüeñas blancas de quinientos kilos desplomado sobre el cable de la luz que alimenta la casa… siento física, literalmente, trastornos en mi propio sistema linfático y su equilibrio osmolar.
Izo de nuevo el cable y hago derribar el altísimo
chopo muerto para evitar que sustente un nuevo (y precario) ponedero. Ahora,
claro, echo de menos a las cigüeñas.
Restablecida la normalidad me dejan un perro nueve
días. Los paso mirando para el animal. Rápidamente se hace tan territorial,
atrabiliario y desconfiado como yo. Le atosigo preguntándole cada poco si se
siente triste o dichoso... para darme cuenta luego de que persigo mi propio rabo,
haciéndome esas preguntas a mí mismo.
Podría terminar el capítulo zoológico contando que
me muerde una culebrilla (los posteriores facultativos aseguran que era una víbora,
pero me parece hiperbólico llamar así a un reptil tan pequeñín). Justo en el
pulgar oponible de la mano derecha. Dedo del que abusaba desde mi arribo a
Yoknapatwpha.
FLORA
Termino de rapar absolutamente todo y me quedo exhausto mas insatisfecho; en cierta manera victorioso, pero desolado. Como Alejandro*. Los visitantes veteranos coinciden en afirmar que el terreno parece más grande. No lo parece. Lo es. Calculo mi salvaje trasquilamiento. Le he ganado al menos cien metros cuadrados a los dos mil de área paseable (o navegable, en mi caso, por la cantidad de cerveza ingerida). Pero ni corro ni escribo. Vuelvo a estas vanidades concretas: me dan igual marcas y tiempos y sé una cosa: todo lo publicado está impreso en ego sobre blanco.
*No me refiero a Alejandro, el guerrero macedonio, conquistador del mundo conocido. Sino a Alejandro Cartujo, un amigo de la mili que suspendió por muy poco las oposiciones a bombero.
PRIMAVERA
FLORA
Termino de rapar absolutamente todo y me quedo exhausto mas insatisfecho; en cierta manera victorioso, pero desolado. Como Alejandro*. Los visitantes veteranos coinciden en afirmar que el terreno parece más grande. No lo parece. Lo es. Calculo mi salvaje trasquilamiento. Le he ganado al menos cien metros cuadrados a los dos mil de área paseable (o navegable, en mi caso, por la cantidad de cerveza ingerida). Pero ni corro ni escribo. Vuelvo a estas vanidades concretas: me dan igual marcas y tiempos y sé una cosa: todo lo publicado está impreso en ego sobre blanco.
*No me refiero a Alejandro, el guerrero macedonio, conquistador del mundo conocido. Sino a Alejandro Cartujo, un amigo de la mili que suspendió por muy poco las oposiciones a bombero.
PRIMAVERA
Hago obra con mi contratista de cabecera Bush Jr.
el Decidor y su silencioso hermano. Vastas cantidades de cemento son preparadas
con mi hormigonera de la que me siento discreta y casi sexualmente orgulloso,
tanto de su tamaño como de su rendimiento. La relación establecida entre el
albañil y yo acerca de mis herramientas es de sorda rivalidad. Así, él testa e
incluso mejora las que puede utilizar o manejar (monta mis bicicletas, me encuentra en el
garaje una bomba de aire, que él llama de viento, pone cinta en los mangos
de picos y azadas, desacredita mi sierra radial…) y yo uso, sin querer, su
curiosidad en mi beneficio. Un día comento a los dos hermanos que no consigo
desmontar un grifo, fuertemente apretado con estopa, que gotea. Se trata de
sujetarlo a la vez con una llave inglesa y una llave de grifa y liberarlo de su
rosca. Lo intentan, como yo, con mis chismes, de tamaño standard. Sin
conseguirlo. Completamente picados aparecen por la tarde con unos
utensilios idénticos a los míos pero de tamaño ciclópico, descomunal, como los
que utilizarían los payasos de un circo y bajo los que, por supuesto, el grifo
cede inmediatamente.
Se me dice que no compre material en un determinado
almacén del que no voy a decir el nombre (BricoDepot) por la deficiente
calidad de sus productos. Acudo enseguida y compro muchos kilos de nutritivo
sustrato y quince litros de denso acrílico para fachadas. La tierra resulta ser
serrín con periódicos; y la pintura está tan aguada que serviría para limpiar
las brochas. Me parece estar aplicando capas de saliva. Gasto los quince litros en cubrir apenas veinte o treinta metros
cuadrados con un fino sfumato. La etiqueta, eso sí, no miente en dos circunstancias:
pone bien grande que esta pintura concreta es irritante y no define el acabado, que puede ser satinado o mate, según lo que haya debajo.
Ejecutar tales actos, dirigir tales partidas, aspirar
tales aromas y saborear tales frutos me dilatan, distraen y traban e impiden
que dé brincos. Cosa que he hecho hoy, de vuelta en la metrópoli. Eso es.
![]() |
| Bienvenidos a Stupor Manor, mi casa/prisión. Foto sacada con el móvil. Más que a Graceland, cancela y nubecillas le dan el aspecto de la entrada al Cielo de los dibujos animados. |
Etiquetas:
100 metros cuadrados un área,
Bush Jr.,
casa prisión,
cigüeñas,
culebra,
Flora Fauna y Primavera,
Graceland,
hormigonera,
La Zona,
Manderley,
Overlook,
perro,
perro Cosme,
Stalker,
Tara,
víbora,
Xanadú,
zoo loco
jueves, 12 de junio de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Sesenta y seis días
12 de junio de 2014
Llevo casi un mes sin correr. Leo en algún sitio
del que no quiero acordarme (literalmente en este caso: no quiero) la siguiente aseveración: uno se habitúa (o deshabitúa,
supongo) a cualquier cosa si la hace (o deja de hacer) durante sesenta y seis
días. No lo creo, mas la cifra y la posibilidad son simpáticas. La cifra por su
plástica, porque fue el año en el que nací, porque es simétrica, porque es
parecida a la marca de la bestia (666 o, según San Ireneo, 616) o, sobre todo,
porque es breve. Bajo esa asunción empecé a dar brincos: si corres cada poco
llega un momento (decían) en que te sientes mal si no lo haces. Adoptas un
hábito. Como el hábito de sentirme mal tanto si hacía una cosa como si dejaba
de hacerla ya lo tenía, lo intenté con esto. Continuaré. La posibilidad
(inventada) sigue ahí. Incluso pienso salir a correr sesenta y seis días
seguidos. No hoy. No todavía. Ahora hay pueblo y poda y cerveza y verano y
Mundial de fútbol, pero las cifras pueden ser arbitrarias y escuetas o simétricas y espaciosas
como lo es la de sesenta y seis. Eso reflexionaba Pascal cuando consideraba la extensión de su vida (absorbida en la eternidad de la duración que le precedía y
la seguía) y se veía abismado en la inmensidad de los espacios que ignoraba y
LE IGNORABAN. Claro que sí, (im)modesty Blaise: la eternidad y el espacio te
piensan por delante y por detrás de tu propia vida.
Un oportuno anuncio televisivo sobre la competición que empieza hoy comparaba una existencia humana con el minutaje de un partido de fútbol. Sólo estoy empezando el segundo tiempo. Un recorrido, da igual cuántos espacios te achiquen, molto longo. Seguiré pensando así mientras mis sentidos me sustenten, los días sean tan largos y mi equipo continúe en el césped.
viernes, 16 de mayo de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. A pleno sol
15 de mayo de 2014
El lunes no bajé al río porque la realidad saltó por los aires con un asesinato en el único lugar del mundo donde nunca podría haber un asesinato. Esta frase, que podría ser el comienzo de una novela (regular) de policías y ladrones, es enteramente cierta.
Este lunes día doce a las cinco de la tarde y en una de las pasarelas del Bernesga cercanas a San Marcos matan de cuatro tiros en la cabeza, por motivos personales, a la presidenta de la Diputación y del Partido Popular de León. La conmoción en toda España es enorme por lo brutal e inesperado del acto, por la (mala) fama de la víctima y porque, en un primer momento, las personas más reaccionarias quieren convertir este homicidio en un crimen político con el que sacar réditos en las urnas (estamos en plena campaña de las elecciones europeas). Intento explicar, trabado por la enorme cantidad de información insensata (ejemplo: se reduce el caudal del río para buscar un revólver que no está allí) por qué hace tres días no salí a correr y hoy no he cambiado mi recorrido. Suelo tratar en estas notas asuntos banales para llegar a conclusiones circunspectas y este forzoso cambio de género y de lógica me está produciendo tendinitis.
Pienso en evitar esa pasarela en concreto para no
parecer morboso. Pienso en que evitarla exclusivamente por eso sería igualmente
morboso. Voy. No hay multitudes ni cordones policiales ni manchas de sangre ni nada,
naturalmente.El lunes no bajé al río porque la realidad saltó por los aires con un asesinato en el único lugar del mundo donde nunca podría haber un asesinato. Esta frase, que podría ser el comienzo de una novela (regular) de policías y ladrones, es enteramente cierta.
Este lunes día doce a las cinco de la tarde y en una de las pasarelas del Bernesga cercanas a San Marcos matan de cuatro tiros en la cabeza, por motivos personales, a la presidenta de la Diputación y del Partido Popular de León. La conmoción en toda España es enorme por lo brutal e inesperado del acto, por la (mala) fama de la víctima y porque, en un primer momento, las personas más reaccionarias quieren convertir este homicidio en un crimen político con el que sacar réditos en las urnas (estamos en plena campaña de las elecciones europeas). Intento explicar, trabado por la enorme cantidad de información insensata (ejemplo: se reduce el caudal del río para buscar un revólver que no está allí) por qué hace tres días no salí a correr y hoy no he cambiado mi recorrido. Suelo tratar en estas notas asuntos banales para llegar a conclusiones circunspectas y este forzoso cambio de género y de lógica me está produciendo tendinitis.
Ver durante estos cuatro días en todos los informativos paisajes tan familiares mientras se narran hechos tan fantásticos me hace creer la fábula de este diario: que todas las personas y todos los actos y todas las cosas se encuentran y ocurren y hablan en los metros del río Bernesga que recorro una y otra vez.
La obligada compañía del corredor en círculos. Tangentes
8 de mayo de 2012
Ya van dos días que bajo a correr con (o me
encuentro a) amiguetes. Un día (véase documento gráfico ahí abajo) ya quedo
directamente con el fotógrafo con el que me salgo del río (¡dos veces!) a tomar
cafés por la zona de la Condesa, sudoroso y rodeado de señoras de media tarde.
Es muy entretenido pero dudo enormemente de que me proporcione algún beneficio
físico. Podría ser peor. Podría hacerlo yo solo y meterme en chigres a beber
cerveza.
Hoy en concreto no me voy del recorrido, pero cuando ya estoy volviendo al trotecito doy con mi colofonista (joder, qué mal suena; es que no hizo el prólogo del libro: escribió el epílogo) vestido levemente de atleta y estorbamos todas las encrucijadas de los puentes hablando de arqueología, de literatura, de fútbol, de lo poco que nos gusta el deporte y, sobre todo, riéndonos de lo menesteroso e improvisado de nuestro equipamiento.
Lo siguiente será, supongo, sacar dinero y una americana, no correr en absoluto y dedicarme a alternar; que es lo que mejor me viene para desembarazar el cráneo de manías y el espíritu de sombras.
Hoy en concreto no me voy del recorrido, pero cuando ya estoy volviendo al trotecito doy con mi colofonista (joder, qué mal suena; es que no hizo el prólogo del libro: escribió el epílogo) vestido levemente de atleta y estorbamos todas las encrucijadas de los puentes hablando de arqueología, de literatura, de fútbol, de lo poco que nos gusta el deporte y, sobre todo, riéndonos de lo menesteroso e improvisado de nuestro equipamiento.
Lo siguiente será, supongo, sacar dinero y una americana, no correr en absoluto y dedicarme a alternar; que es lo que mejor me viene para desembarazar el cráneo de manías y el espíritu de sombras.
martes, 29 de abril de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. La agonía del narciso
28 de abril de 2014
El que la cantidad de tiempo que gasto en la
recreación artística de mis carreras sea similar o superior al tiempo echado en
las carreras mismas me aproxima a un único tipo de creador: el actor porno. Se
puede decir que Proust descarga siete volúmenes en la deglución de una sola
magdalena, pero sería falso. En En busca
del tiempo perdido pasan muchísimas cosas y bullen y abundan numerosos
personajes. Supongo que no tengo que convencer a nadie de que estas notas son
más parecidas en calidad y dibujo de personajes a Pasión mamona en el internado ruso volúmenes II y III que a Le temps retrouvé; pero sí se debe
reconocer la singularidad de una descripción absolutamente simétrica (aunque
sólo sea en lo temporal) a lo descrito.
De algo tengo que jactarme. Y, desde luego, no puedo hacerlo de mis marcas.
De algo tengo que jactarme. Y, desde luego, no puedo hacerlo de mis marcas.
jueves, 24 de abril de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Abril
7 de abril de 2014 | Skinny feels
Después de un fin de semana largo (quiero decir que he hecho el idiota viernes, sábado y domingo) hago como que no ha pasado nada. Pero se conoce que sí. Que ha pasado. Yo. Yo me he pasado.
Después de un fin de semana largo (quiero decir que he hecho el idiota viernes, sábado y domingo) hago como que no ha pasado nada. Pero se conoce que sí. Que ha pasado. Yo. Yo me he pasado.
10 de abril de 2014 | Endolinfa y teratofilia
Hoy, después de correr un rato por la tarde me descubro con horror a mí mismo, duchado y enjuto, cenando una ensalada mientras miro una película de Tarkovski.
Hoy, después de correr un rato por la tarde me descubro con horror a mí mismo, duchado y enjuto, cenando una ensalada mientras miro una película de Tarkovski.
Dios mío, ¡¿en qué me he convertido!?
24 de abril de 2014 | Las potencias del alma
Dice Flaubert de Bouvard y Pécuchet, cuando empieza a tomar cariño a sus dos personajes: “Entonces una facultad lamentable surgió en su espíritu, la de ver la estupidez y no poder, ya, tolerarla”*.
Dice Flaubert de Bouvard y Pécuchet, cuando empieza a tomar cariño a sus dos personajes: “Entonces una facultad lamentable surgió en su espíritu, la de ver la estupidez y no poder, ya, tolerarla”*.
La brillantez de la frase descansa en el calificativo lamentable.
Reconocer y repugnar la estupidez constituye, en efecto, una horrible tara. Podría amparame en eso para escribir poco; en mi reluctancia a redactar tonterías. Pero no sería cierto: también corro lo mínimo. Catorce días sin torturar suelas y cordones. Frío de nieve (otra vez); noventa kilos; media hora; cinco kilómetros; estado de la mar: marejadilla. Dinero: le extraerán una inesperada suma. Amor: usted verá.
*Alors une faculté pitoyable se développa dans leur esprit, celle de voir la bêtise et de ne plus la tolérer.
Reconocer y repugnar la estupidez constituye, en efecto, una horrible tara. Podría amparame en eso para escribir poco; en mi reluctancia a redactar tonterías. Pero no sería cierto: también corro lo mínimo. Catorce días sin torturar suelas y cordones. Frío de nieve (otra vez); noventa kilos; media hora; cinco kilómetros; estado de la mar: marejadilla. Dinero: le extraerán una inesperada suma. Amor: usted verá.
*Alors une faculté pitoyable se développa dans leur esprit, celle de voir la bêtise et de ne plus la tolérer.
lunes, 7 de abril de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Control de daños
3 de abril de 2014
Hoy los bancos del Bernesga eran perfectamente practicables aunque el agua se ha llevado mucha arena de las zonas más agrestes. He trotado por sitios en los que ayer estaba el río. Uno no corre dos veces por la misma orilla.
Justo cuando pensaba en cómo podría documentar la crecida (¡la más grande en cincuenta años!) me encuentro con un amiguete con móvil (yo no llevo). Y me saca las siguientes fotos (gracias, Alejandro). También me dice que va a competir en una carrera de ochenta (80) kilómetros y que mis viñetas no las entiende nadie. Bueno.
miércoles, 2 de abril de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. León is drowning / And I live by the river
2 de abril de 2014
Aprovechando que escampa un momento por la mañana bajo hasta el río. No puedo acceder a la orilla: la están cerrando en ese mismo instante porque el Bernesga (¡El Bernesga!) baja con gran petulancia. Normalmente ocupa, digamos, uno de los cuatro carriles. Hoy invade los cuatro y se quiere subir a los paseos. Oh, oh. Troto hasta su confluencia con el Torío y mantengo varias conversaciones idiotas tipo El Jarama (hoy tengo el día hídrico) de Ferlosio:
-Vaya de agua.
-No había visto yo nunca tanta agua.
-Se conoce que con la lluvia…
-Mucha agua.
lunes, 31 de marzo de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Café y TV
24 de marzo de 2014
Hay millones de estudios sobre el deporte y la dieta y sobre cómo ambos, juntos o por separado, influyen en órganos y tegumentos. La gente se dilata y se encoge por la comida o se abulta o acecina por el ejercicio. Todo esto, como digo, está documentadísimo. Habitualmente con los previsibles resultados: al páncreas le agradan en especial los berros (por ejemplo) y al colon le resultan desagradables los tocinos y las patatas fritas (que también puede ser). Asimismo la gimnasia estimula y apacigua…
Ya lo sé. Me da igual.
Lo que veo es un enorme espacio en blanco sobre la manera en que la gimnasia y la abstinencia de grasas influye sobre el carácter. Sobre la manera de pensar. Recordemos que la palabra humor procede del latín humor, humoris, que propiamente significa líquido, humedad*; especialmente el agua que rezuma de la tierra (humus), así que no deja de ser curioso que cuando uno bebe solamente agua le cambie el humor (juá). Llevo no recuerdo cuántos días sin tomar alcohol ni grasas (aunque corriendo poco porque llueve permanentemente) y puedo notar los cambios (a mejor, supongo) en mi voltaje cerebral. Pero mejor (¡ay!) no es más divertido.
Todas las drogas (y considero la panceta una droga) se basan en un único principio: entorpecer el funcionamiento óptimo de nuestra percepción. Ya sean analgésicas, recreativas, estimulantes o amodorrantes las drogas absorbidas por nuestro cuerpo de algún modo enturbian los sentidos. Funcionan como un alfiler clavado en el mecanismo de un reloj: raramente mejora el funcionamiento del artefacto. No hay droga que no ralentice el cerebro y no existe ni una sola que ayude a mejorar la comprensión de los números irracionales, estimule la memoria, nos enseñe a programar o nos haga leer (no digamos escribir) mejor o más deprisa. Bien. No hay nada en nuestros pensamientos que no responda a impulsos eléctricos sobre tejidos más o menos húmedos. Nuestra elección es exclusivamente de qué los empapamos. No creo en la expansión de la conciencia, en entrar en contacto con espíritus inorgánicos, acceder a la memoria de la especie u otras castanas (de Castaneda) psicodélicas. La personalidad y la conciencia residen en conexiones físicas y galvánicas. Determinadas químicas nos hacen pensar más despacio, peor o no pensar en absoluto. Por qué consideramos esto deseable es una pregunta importante. Tratar de responder a ella y actuar en consecuencia me lleva casi todo el tiempo que paso sobrio y hambriento. Hay millones de estudios sobre el deporte y la dieta y sobre cómo ambos, juntos o por separado, influyen en órganos y tegumentos. La gente se dilata y se encoge por la comida o se abulta o acecina por el ejercicio. Todo esto, como digo, está documentadísimo. Habitualmente con los previsibles resultados: al páncreas le agradan en especial los berros (por ejemplo) y al colon le resultan desagradables los tocinos y las patatas fritas (que también puede ser). Asimismo la gimnasia estimula y apacigua…
Ya lo sé. Me da igual.
Lo que veo es un enorme espacio en blanco sobre la manera en que la gimnasia y la abstinencia de grasas influye sobre el carácter. Sobre la manera de pensar. Recordemos que la palabra humor procede del latín humor, humoris, que propiamente significa líquido, humedad*; especialmente el agua que rezuma de la tierra (humus), así que no deja de ser curioso que cuando uno bebe solamente agua le cambie el humor (juá). Llevo no recuerdo cuántos días sin tomar alcohol ni grasas (aunque corriendo poco porque llueve permanentemente) y puedo notar los cambios (a mejor, supongo) en mi voltaje cerebral. Pero mejor (¡ay!) no es más divertido.
*La medicina hipocrática de los antiguos griegos postulaba que el cuerpo humano contenía cuatro líquidos o humores reguladores básicos cuya combinación, abundancia o escasez creaban tanto el carácter como las patologías: la sangre (el aire), la bilis amarilla (el fuego), la bilis negra (la tierra) y la flema (el agua). En Roma, Galeno añadió a estos humores la pneuma, soplo o espíritu.
Etiquetas:
aire tierra fuego agua,
bilis,
Castaneda Don Juan y su puta madre,
cuatro humores todos malos,
expansión de la conciencia,
Galeno,
panceta,
pneuma
lunes, 24 de marzo de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. The opposite of waltzing matilda
19 de marzo de 2014
El líquido del oído interno (llamado endolinfa), que nos proporciona equilibrio, tiende a solidificarse con los años. ¿Tiene razón el líquido del oído interno? ¿Hace bien? ¿Es razonable que guste de que le dejen en paz y no le hagan fluir a lo bobo? Esta tendencia a la coagulación y al remanso constituye sin duda el quinto signo del carcamal, pero, ¿debe ser combatida o estimulada? De momento la combato pero no sé si me muevo o si soy movido. Si debo ser gordo y feo o sólo feo. Ah, preguntas.
El líquido del oído interno (llamado endolinfa), que nos proporciona equilibrio, tiende a solidificarse con los años. ¿Tiene razón el líquido del oído interno? ¿Hace bien? ¿Es razonable que guste de que le dejen en paz y no le hagan fluir a lo bobo? Esta tendencia a la coagulación y al remanso constituye sin duda el quinto signo del carcamal, pero, ¿debe ser combatida o estimulada? De momento la combato pero no sé si me muevo o si soy movido. Si debo ser gordo y feo o sólo feo. Ah, preguntas.
jueves, 13 de marzo de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Alza, carpintero, lo que te salga de los cojones
13 de marzo de 2014
Desasosegante semana de
verano. Estas bonanzas han de darnos que sentir. Bueno para la obra y para el
campo de todas formas, en el que dos días y sendas palizas me han librado de
dar carrerinas. Quería tener un sitio verde para pensar y con pocos pero doctos libros juntos escuchar con mis ojos a los muertos y tal, pero al final sólo voy a Villa Modorra para romperme la espalda y llenarme de polvo.
En la ciudad hoy vuelvo del río más o menos complacido, con mis
expectativas cumplidas, mis bronquios purificados y mis tegumentos estimulados,
satisfecho, casi contento… cuando me cruzo con dos chicas muy jóvenes y muy
guapas. Pequeñas. Como figuritas africanas de madera. Ambas llevan una bolsa de
plástico en la que imagino llevan su ropa y complementos de puta y artículos
para limpiarse las babas de sus clientes. Y se me acaba la felicidad. Y me doy
cuenta de que el mundo está hueco. Y de que no hacemos más que tirarnos bocados
unos a otros. Y de que todo es...lunes, 10 de marzo de 2014
La obligada compañia del corredor en círculos. Gramática generativa
6 de marzo de 2014
I Introito
Era mi propósito. Todos los días trato de correr y nadar y muscularme y comer huevos crudos a las siete de la mañana. Como tardo en resolverme acabo por hacer mis treinta escuálidos minutos, rumiando maldiciones, doce horas después. Eso los días con suerte. Y ya estamos en marzo.
II De rerum natura
I Introito
Era mi propósito. Todos los días trato de correr y nadar y muscularme y comer huevos crudos a las siete de la mañana. Como tardo en resolverme acabo por hacer mis treinta escuálidos minutos, rumiando maldiciones, doce horas después. Eso los días con suerte. Y ya estamos en marzo.
II De rerum natura
En la primera juventud la desdicha nos parece que constituye
una ventaja moral, un privilegio más o menos aristocrático que te eleva por
encima de los demás. A los felices se les mira como seres con una deficiencia.
Luego se da cuenta uno de que ser desgraciado es (también) un defecto, que debe
corregirse.
III Estructura profunda
Estos días no correré gran cosa porque ya me deslomo en Villa Modorra, donde estoy levantando de nuevo la valla de la finca. Bueno, esta vez iza y erige un profesional. Un albañil de verdad, vecino del pueblo, sentencioso aunque parlanchín (y de inquietante parecido con George W. Bush Jr.) con el que me sobreviene un trastorno del habla más común de lo que parece: lo denomino diglosia agrícola de habilitación. Es muy sencillo. Quiero hablar de un árbol. De un sauce. Y opino, por ejemplo, que ya no se le van a caer más hojas. Normalmente diría:
Me parece que al sauce ya no se le van a caer más hojas.
Pero tal locución me parece del todo inadecuada en territorios despejados o abruptos o ante interlocutores agrosabiondos así que la cambio sin sonrojarme (y sin saber muy bien el motivo) por:
Éste más hoja no echa.
La segunda cláusula siempre será pronunciada por lo menos una o dos octavas más alta que la primera. He comprobado que le pasa a otra gente en similares circunstancias. Debe tratarse de un avergonzado camuflaje o incluso un perdido lenguaje musical campestre que no puede superar el octosílabo y que elimina los ociosos plurales por defecto. O por economía. O porque no le llamen a uno cosas.
Estos días no correré gran cosa porque ya me deslomo en Villa Modorra, donde estoy levantando de nuevo la valla de la finca. Bueno, esta vez iza y erige un profesional. Un albañil de verdad, vecino del pueblo, sentencioso aunque parlanchín (y de inquietante parecido con George W. Bush Jr.) con el que me sobreviene un trastorno del habla más común de lo que parece: lo denomino diglosia agrícola de habilitación. Es muy sencillo. Quiero hablar de un árbol. De un sauce. Y opino, por ejemplo, que ya no se le van a caer más hojas. Normalmente diría:
Me parece que al sauce ya no se le van a caer más hojas.
Pero tal locución me parece del todo inadecuada en territorios despejados o abruptos o ante interlocutores agrosabiondos así que la cambio sin sonrojarme (y sin saber muy bien el motivo) por:
Éste más hoja no echa.
La segunda cláusula siempre será pronunciada por lo menos una o dos octavas más alta que la primera. He comprobado que le pasa a otra gente en similares circunstancias. Debe tratarse de un avergonzado camuflaje o incluso un perdido lenguaje musical campestre que no puede superar el octosílabo y que elimina los ociosos plurales por defecto. O por economía. O porque no le llamen a uno cosas.
miércoles, 26 de febrero de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. De mesetas y muertes pequeñas
25 de febrero de 2014
A pesar de la creencia generalizada, la actividad sexual no se reduce sino que se amplía y dilata en la mediana edad. Los orgasmos, si bien menos intensos, se multiplican y no se limitan a la actividad reproductora sino que se desplazan a numerosos momentos del día como al levantarse o sentarse (más notorios cuanto más mullido sea el ámbito donde uno ponga los cadriles), al rascarse el lugar donde estuvo el elástico de los calcetines, al meterse en la cama (a dormir) o al desperezarse en general. Estos pequeños y agónicos gemidos o petites morts (muy limitados en tiempo y circunstancias a edades más jóvenes) nos acompañan mientras atravesamos toda la jornada.
A pesar de la creencia generalizada, la actividad sexual no se reduce sino que se amplía y dilata en la mediana edad. Los orgasmos, si bien menos intensos, se multiplican y no se limitan a la actividad reproductora sino que se desplazan a numerosos momentos del día como al levantarse o sentarse (más notorios cuanto más mullido sea el ámbito donde uno ponga los cadriles), al rascarse el lugar donde estuvo el elástico de los calcetines, al meterse en la cama (a dormir) o al desperezarse en general. Estos pequeños y agónicos gemidos o petites morts (muy limitados en tiempo y circunstancias a edades más jóvenes) nos acompañan mientras atravesamos toda la jornada.
Se puede decir que el cuarto signo del carcamal son
los ruiditos. Después de mi media hora y mis cinco kilómetros emito muchísimos.
Y antes.
sábado, 22 de febrero de 2014
La obligada compañía del corredor en círculos. Miré los muros de la patria mía
22 de febrero de 2014
Ole. Casi un mes haciendo el mal. Veintiséis días
concretamente sin salir a correr. Nuevo récord personal. Mientras tanto el
cielo se ha desplomado sobre nuestras cabezas en forma de ciclogénesis explosiva
con vientos asaz desproporcionados, olas francamente impertinentes y
precipitaciones muy mal educadas. Es el momento del control de daños: noventa y
un kilos y el flanco sur del perímetro de Villa Modorra (que yo mismo erigí) derribado.
Una imagen que me produce un fuerte impacto, como la contemplación de un hombre
muerto…
El tercer signo del carcamal son los capilosidades desacomodadas y extemporáneas. Creo que la cura definitiva a la alopecia reside en las células madre no del cuero cabelludo sino de los pelos de orejas, espalda, hombros, nudillos y culo, donde estos vellos, con el tiempo, se hacen fuertes tanto en su hirsutez como en su obstinación.
El tercer signo del carcamal son los capilosidades desacomodadas y extemporáneas. Creo que la cura definitiva a la alopecia reside en las células madre no del cuero cabelludo sino de los pelos de orejas, espalda, hombros, nudillos y culo, donde estos vellos, con el tiempo, se hacen fuertes tanto en su hirsutez como en su obstinación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




