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jueves, 13 de marzo de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Alza, carpintero, lo que te salga de los cojones



13 de marzo de 2014



Desasosegante semana de verano. Estas bonanzas han de darnos que sentir. Bueno para la obra y para el campo de todas formas, en el que dos días y sendas palizas me han librado de dar carrerinas. Quería tener un sitio verde para pensar y con pocos pero doctos libros juntos escuchar con mis ojos a los muertos y tal, pero al final sólo voy a Villa Modorra para romperme la espalda y llenarme de polvo.

En la ciudad hoy vuelvo del río más o menos complacido, con mis expectativas cumplidas, mis bronquios purificados y mis tegumentos estimulados, satisfecho, casi contento… cuando me cruzo con dos chicas muy jóvenes y muy guapas. Pequeñas. Como figuritas africanas de madera. Ambas llevan una bolsa de plástico en la que imagino llevan su ropa y complementos de puta y artículos para limpiarse las babas de sus clientes. Y se me acaba la felicidad. Y me doy cuenta de que el mundo está hueco. Y de que no hacemos más que tirarnos bocados unos a otros. Y de que todo es...









miércoles, 4 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Les vacances de Monsieur Rodera



1 de septiembre de 2013

Me levanto a las ocho y media y salgo a correr por el campo (todavía estoy en el campo). No me había levantado a las ocho y media un domingo desde hace… nunca. Para restablecer cierto equilibrio gárrulo (de facundo o parlanchín) tras la paz silvestre voy a Gradefes a ver fútbol matinal. Estrépito de bar. Balones a la olla, taruguez, Iker en el banquillo, se va Özil…. Bertolucci se encontró a Brando. Ancelotti se encontró a Zidane. Y los dos creen (o les hacen creer) que el mérito es suyo. Ah, corro lo mismo que hace dos días. Mmmm. Sí. No me gusta Ancelotti.


Beatus ille, el campo deleitoso, la paz de estos desiertos… El agro no es… romántico. El esplendor en la hierba y la gloria en las flores me traen sin querer a la cabeza olor a estiércol, excoriaciones en los dedos, avispas y dolor de lomo. Cuando oigo lo de la tierra roja de Tara que le dicen el padre y Ashley Wilkes a Katie Escarlata no pienso en la fuerza que le suministra o las dudosas raíces morales de que la provee. Ahora malicio que la tierra roja de Tara es con seguridad ligeramente ácida con un ph de siete o algo menos y de arcillas, propicias para retener agua (y que mantienen la humedad todo el ciclo del algodón*), ricas en hierro.


*Y de los esclavos y de la arrogancia.