jueves, 17 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Reconstituyente sintáctico
16 de octubre de 2013
Ah. Prosigo con mi huida intransitiva. Quiero decir que no corro a, ni hacia; ni desde. Corro sin objeto directo. La frase quedaría mejor si no la explicase pero, ahora que otra vez veo las noticias todo el rato, tengo la sensación de que mis semejantes me demandan con gran virulencia que aprenda a balbucear.
Sigo yendo demasiado deprisa y me canso enseguida. Soy incapaz de trotar muy despacito (también soy incapaz de ir más deprisa, claro). Quizá debería trabarme los pies, como las caballerías.
lunes, 14 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Fin de ciclo
14 de octubre de 2013
domingo, 13 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Thursday's child
12 de octubre de 2013
He leído los apuntes más o
menos diarios de personas que ejecutaron cosas excepcionales (Azaña, Kafka, Napoleón,
Warhol…) y no parece desde luego que las estén llevando a cabo. Kafka cuenta que
escribe cositas, Napoleón nunca está donde le apetece, Warhol se queja de que
los demás son igual de tacaños que él, Azaña desconfía… Si el Jesucristo de los
evangelios hubiese dictado un diario sobre sus actividades seguro que alguna
entrada vendría a decir más o menos: Esta
gente no se entera de nada. Ya contaba Borges que los soldados antes de la
batalla (por decisiva que ésta fuese) hablan del barro o del sargento. Ana
Frank no describió el genocidio nazi o LA SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL.
La pregunta es si la
escritura, incluso la autobiográfica, se parece al autor. O si el autor se
parece o debe parecerse a toda su época. Creo que no. Las sombras, por densas,
bellas o enormes que sean, no son el objeto.
Anoto esto el 13 de octubre. Ayer corrí. Hoy no. Porque llueve. Como ven, el objeto (bulto en este caso) a veces ni siquiera arroja sombra alguna.
Anoto esto el 13 de octubre. Ayer corrí. Hoy no. Porque llueve. Como ven, el objeto (bulto en este caso) a veces ni siquiera arroja sombra alguna.
viernes, 11 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
10 de octubre de 2013
Hay una célebre fábula de
Esopo donde se cuenta cómo, al volver a su pueblo, un especialmente enclenque viajero fanfarronea sobre
pretendidas hazañas atléticas realizadas en otros sitios con testigos asimismo
foráneos que darían fe de sus proezas. Se jacta de que en Rodas ganó a los mejores
saltadores. Bien, le dicen sus
paisanos, Hic Rhodus, hic salta*. Es
decir: Imagina que esto es Rodas, salta
aquí (y ahora).
La oración fue utilizada por
Hegel para un juego de palabras: Hier ist
die Rose, hier tanze (Aquí está la rosa, baila aquí) con Rhodus (Rodas) y Rhodon (rosa). La filosofía es, para él, la rosa en la cruz del
presente. Alude a la idea de Lutero y su rosa (blanca, como en su símbolo con
una cruz en este caso encima: la cruz en la rosa) de la conciliación
entre inmanencia y trascendencia. Marx, inmanentista acérrimo hizo famosa la
sentencia en el capítulo I de su Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte contraponiendo las revoluciones burguesas (la
Francesa) a las proletarias y traduciendo curiosamente el Hic Rhodus, hic salta con la rosa luterano-hegeliana.
Corriendo me acuerdo a
menudo de la frase y hoy he estado buscando su origen (creo que se nota) pero se
me ha olvidado completamente para qué iba a utilizar la moraleja. ¿Para evitar
chulearme de algo? ¿De qué narices me iba yo a chulear? Nada. Ni idea.
*ἰδοῦ Ῥόδος, ἰδοῦ και πήδημα en su original griego.
Nota: El título
de esta entrada no es mío. Es el de un largo reportaje para la revista Harper’s
Bazaar donde el escritor estadounidense David Foster Wallace (nombre literario donde los haya) narra un crucero por el Caribe mientras se burla de los viajeros y del propio viaje. Se suicidó a los cuarenta y seis años. Mi edad.
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miércoles, 9 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El alma contra Los Tres Supermen en Tokio
8 de octubre de 2013
Salgo. Corro. Vuelvo a casa. Me ducho. Ayer me hice una ampolla con unos zapatos y hoy me levanto la piel con las zapatillas. Duele. Le pongo Betadine. Y una tirita. Mi editor dice que no me saca en su web porque no soy emocionante. Mi mujer dice que escriba de otra cosa porque lo de correr es aburrido. El subdirector del periódico me dice que soy reiterativo y que no aporto… Me parece a mí que hoy todo el mundo está más gracioso que la hostia.
lunes, 7 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Octubre, octubre
2 de octubre de 2013 El camino
del camello
Todavía no noto nada.
Aunque NO he corrido la mitad de ayer (lo que serían cinco minutos). He corrido
EL DOBLE (veinte). Debo mantenerme en estas magnitudes. Porque se me da mal hacer
operaciones con números impares.
3 de octubre de 2013 Dame veneno
Iré apuntando mis progresos. Corro lo mismo que ayer. Así que acabo enseguida: ninguno.
4 de octubre de 2013 Alma en suplicio
Quinto día de rutina olímpica. Cierta novedad: ahora en casa a las siete de la tarde rompo a sudar por algún condicionamiento pavloviano. Así que me pongo los leotardos y me voy al río. Luz lavada de lluvia bruta y nubes enormes. Oh, qué hermoso. Lástima que ande uno a carreras.
6 de octubre de 2013 Bella sin alma
“El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho”.
3 de octubre de 2013 Dame veneno
Iré apuntando mis progresos. Corro lo mismo que ayer. Así que acabo enseguida: ninguno.
4 de octubre de 2013 Alma en suplicio
Quinto día de rutina olímpica. Cierta novedad: ahora en casa a las siete de la tarde rompo a sudar por algún condicionamiento pavloviano. Así que me pongo los leotardos y me voy al río. Luz lavada de lluvia bruta y nubes enormes. Oh, qué hermoso. Lástima que ande uno a carreras.
6 de octubre de 2013 Bella sin alma
“El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho”.
Gn 2:2
Séptimo día. Domingo. Queda muy bien la cita del Génesis, pero no reposo. Reposé ayer. Porque fui al pueblo. Y porque había fútbol. Hoy corro lo mínimo. Solecito. Me cuesta llegar al río porque hay muchos puestos en el rastro. Sigue sin pasarme nada. Quizá podría intercalar recuerdos de juventud. Lo malo es que no me acuerdo de gran cosa. O poner fotos de mi metamorfosis. Pero como no experimento ninguna pues sería un poco bobada.
Séptimo día. Domingo. Queda muy bien la cita del Génesis, pero no reposo. Reposé ayer. Porque fui al pueblo. Y porque había fútbol. Hoy corro lo mínimo. Solecito. Me cuesta llegar al río porque hay muchos puestos en el rastro. Sigue sin pasarme nada. Quizá podría intercalar recuerdos de juventud. Lo malo es que no me acuerdo de gran cosa. O poner fotos de mi metamorfosis. Pero como no experimento ninguna pues sería un poco bobada.
Lo siento, señores.
7 de octubre de 2013 La venganza del alma
Continúo con mi experimento de doctor chiflado. Todo doctor chiflado
experimenta consigo mismo, claro. Octavo día de renuncia y séptimo de carrerinas. La
televisión (yo veo mucho la televisión) me ofrece mensajes contradictorios. Hay
varias cosas que ponen a todas horas: reportajes sobre gordos y sus agonías (que
ya he superado) o programas de cocina y sus delicias (que no pruebo). Con sus
variantes de venta de aparatos para gordos anunciados por nervudos atletas que,
evidentemente, no los usan; y de utensilios de cocina que, es curioso, tampoco
ves jamás manejar a los cocineros citados. Mejor. Menos cosas que codiciar. En
el caso del ejercicio tengo la convicción de que es una pelea que se entabla contra
uno mismo y no es necesario adquirir nuevos enemigos. Hago brazos, eso sí, desplazando por casa diversas máquinas gimnásticas de mi mujer, que las tiene todas.
Hoy corro media hora sin
mucho esfuerzo. Empiezo y termino con profesores chalados: el Dr. Frank N.
Furter. “In just seven days…”
miércoles, 2 de octubre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Rerum novarum
1 de octubre de 2013
Es difícil estar satisfecho en un entorno que aplaude, estimula y premia la insatisfacción. No conocemos otra realidad. Hemos cambiado la curiosidad por el deseo incesante. Me temo incluso que confundimos ambas cosas. En una sociedad civilizada naceríamos con todas las necesidades y hasta caprichos cubiertos y se nos alentaría a buscar la felicidad pretendiendo (y poseyendo) cada vez menos cosas (y personas). Se pondría como ejemplo al que no necesitara nada o muy poco. El hombre modélico sería quien ya no apeteciese de más bienes ni atenciones, el que fuera dichoso con lo que (no) atesorara. En nuestra cultura ocurre exactamente al revés: desde niños se nos dice que hay que ansiar (y obtener) objetos y haciendas y súbditos. Que es lo normal. Que la tranquilidad con lo que uno tiene o perseguir cada vez menos indica debilidad de carácter. Que estar de buen humor es lo que menos importa. Las conductas a imitar son las codiciosas y depredadoras (véanse los bichos que salen en periódicos, televisiones o libros de historia) a pesar de saberse que nada tienen que ver con la ventura; que la impiden de hecho. La ambición aquí y ahora es una virtud. No debería.
Es difícil estar satisfecho en un entorno que aplaude, estimula y premia la insatisfacción. No conocemos otra realidad. Hemos cambiado la curiosidad por el deseo incesante. Me temo incluso que confundimos ambas cosas. En una sociedad civilizada naceríamos con todas las necesidades y hasta caprichos cubiertos y se nos alentaría a buscar la felicidad pretendiendo (y poseyendo) cada vez menos cosas (y personas). Se pondría como ejemplo al que no necesitara nada o muy poco. El hombre modélico sería quien ya no apeteciese de más bienes ni atenciones, el que fuera dichoso con lo que (no) atesorara. En nuestra cultura ocurre exactamente al revés: desde niños se nos dice que hay que ansiar (y obtener) objetos y haciendas y súbditos. Que es lo normal. Que la tranquilidad con lo que uno tiene o perseguir cada vez menos indica debilidad de carácter. Que estar de buen humor es lo que menos importa. Las conductas a imitar son las codiciosas y depredadoras (véanse los bichos que salen en periódicos, televisiones o libros de historia) a pesar de saberse que nada tienen que ver con la ventura; que la impiden de hecho. La ambición aquí y ahora es una virtud. No debería.
Leo que uno de los signos de hacerse uno adulto es que se tarda mucho más en perder peso. Cierto. Lo peor son estas primeras jornadas (siempre estoy en estas primeras jornadas), en las que no se ve ningún avance. Luego… ninguna mejoría parece suficiente. Lo que largué en el párrafo anterior.
Leo también que otro signo
de hacerse mayor es la progresiva incapacidad de dormir toda la mañana de un
domingo. Cuando bebes y te atiborras le pides prestado a tu cuerpo y al tiempo los
placeres del día siguiente. En cambio cuando haces ejercicio y te portas de
forma contrita y morigerada el equilibrio o el oxígeno futuro te está
extendiendo un cheque. Tardas en cobrarlo. Cada vez más. En mi caso, por lo
menos quince días.
Corro la mitad que ayer. Si persevero en estos paradójicos avances negativos igual logro retroceder en el tiempo y podré advertir a la gente del pasado de cómo algunas personas no tienen intención de cumplir sus promesas electorales.
Corro la mitad que ayer. Si persevero en estos paradójicos avances negativos igual logro retroceder en el tiempo y podré advertir a la gente del pasado de cómo algunas personas no tienen intención de cumplir sus promesas electorales.
Quizá debería contar más
bien anécdotas. A la gente le gustan las anécdotas.
lunes, 30 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. De complementos predicativos
30 de septiembre de 2013
¿Qué separa a un
despreocupado y noctámbulo juerguista de un resacoso imbécil? o ¿qué diferencia
a un joven tarambana de un señor alcohólico de mediana edad?
El tiempo, por supuesto. Aunque
también el dinero. Pero, sobre todo, el hábito. Y no me refiero a la ropa: toda
esta gente que cito lleva chándal. Para mí un hábito (saludable) es ejecutar alguna
actividad que no me guste nada (correr, comer sin grasas ni azúcares…) a diario. Una cosa desagradable que se
lleve a cabo una vez al mes no es un hábito: es una menstruación.
Corro veinte debiluchos
minutos y empiezo otro (creo que es el trigésimo octavo) periodo o ciclo
depurativo. Empieza octubre. Los días se agachan. Es hora de recobrar otoñales
rutinas. ¿Lograré mañana doblar mi
marca de hoy? Véase la respuesta en la nota.*
*No.
*No.
lunes, 16 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Las personas del verbo
16 de septiembre de 2013
Leo en Las restricciones aspectuales de las
construcciones pasivas perifrásticas de Armando Mora-Bustos:
“...la perfectividad se tipifica a
partir de la flexión morfológica del verbo,
esto es, el presente, el copretérito, el futuro, el pos-pretérito y el antepresente son tiempos imperfectivos
que expresan un sentido de no acabado; mientras que el pretérito, el antecopretérito, antefuturo y el antepospretérito
son tiempos que tienen un sentido de
acabado o perfectivo”.
También
afirma Álex Grijelmo:
“…podemos apreciar […] que los verbos incoativos
reflejan el comienzo de una acción (“partiré mañana”), los durativos implican que la acción
permanece una vez iniciada (“viene hacia acá”), los iterativos muestran una acción repetida (“martilleó
durante una hora”), los semelfactivos*
se reúnen como verbos de una sola acción (“encontré un anillo”), los desinentes muestran algo que solo
ocurre una vez (“nací en febrero”) y los permanentes
carecen de principio o final (“el oro brilla”).”
¿A qué viene esta exhibición
de taxonomías francamente soporiferas? Pues a que trato de encajar mi yo corro en alguna de las categorías
precedentes llegando a la conclusión de que mi cadencia de salidas es, en el mejor
de los casos, imperfectiva; y su ejecución, iterativa, se torna a menudo en semelfactiva
e incluso llega a ser desinente. Que debería correr con mayor frecuencia, vaya.
No llegué a los veinte minutos pero, en mi descargo, debo decir que salí muy
nervioso. Parece que vuelvo a tener un trabajo (más o menos) remunerado. Mañana
veré con mayor claridad su oportunidad o beneficio. Ahora mismo, en esta
calurosa noche de septiembre coincido con lo que la Sally Brown
de Charles Schulz (es la última cita, se lo juro) escribía en una redacción:
“Por el día uno ve por donde anda. Por la noche uno se acuesta y se preocupa”.
*semelfactivo (semel en
latín: por una vez)
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jueves, 12 de septiembre de 2013
La obligada compañia del corredor en círculos. El indeseado efecto lupa
12 de septiembre de 2013
Hoy en la ciudad no sólo corro sino que hago recados mientras. Como un nuevo chasqui transporto información y materiales río arriba y abajo y hablo con las personas por las aceras. Como un chasqui o como las personas de los pueblos que andan en bicicleta muy lentamente.
domingo, 8 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Full Metal Wanker
7 de septiembre
Gunnery Sergeant Hartman:[ singing] Up in the morning to the rising sun!
Recruits: [singing] Up in the morning to the rising sun!
Gunnery Sergeant Hartman: [singing] Gotta run all day... till the running's done!
Recruits: [singing] Gotta run all day... till the running's done!*
Tampoco es eso. Ya hice
bastante mili. Pero si un día corro un rato y otro estoy once horas bebiendo, no
vamos a ningún sitio.
*”Me levanto por la mañana con el sol / corro todo el día hasta que se acaba el correr”. En inglés, como ven, rima.
jueves, 5 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. En casa
5 de septiembre de 2013
Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, decía Aristóteles, que era repetidamente excelente, no es un solo acto sino un hábito. Yo mismo he hecho cosas bien muchas veces, incluso a diario (aunque, desde luego, correr no es una de ellas).
El que intenta conseguir un gran logro de una sola vez, afirmaba asimismo Samuel Johnson, lo más posible es que no consiga nada en absoluto.
¿Por qué reproduzco estas motivantes máximas? ¿Para convertir mis escritos en lucrativas pamplinas de autoayuda? Debería. Autoayuda. Qué término tan gracioso. Ya que me autohablo, me autoanimo. Además mi mujer se fue de viaje y me ha traído de regalo otros leotardos. Así que salgo a correr. Ya en León. Pues así siempre. Venga. Un pie detrás del otro, me autodigo. Durante quince minutos. El viaje más largo empieza por un solo paso. Ya. También el más corto.
Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, decía Aristóteles, que era repetidamente excelente, no es un solo acto sino un hábito. Yo mismo he hecho cosas bien muchas veces, incluso a diario (aunque, desde luego, correr no es una de ellas).
El que intenta conseguir un gran logro de una sola vez, afirmaba asimismo Samuel Johnson, lo más posible es que no consiga nada en absoluto.
¿Por qué reproduzco estas motivantes máximas? ¿Para convertir mis escritos en lucrativas pamplinas de autoayuda? Debería. Autoayuda. Qué término tan gracioso. Ya que me autohablo, me autoanimo. Además mi mujer se fue de viaje y me ha traído de regalo otros leotardos. Así que salgo a correr. Ya en León. Pues así siempre. Venga. Un pie detrás del otro, me autodigo. Durante quince minutos. El viaje más largo empieza por un solo paso. Ya. También el más corto.
![]() |
| Un libro de autoayuda normal escrito por el Anticristo (o por Ron Swanson) en persona. Pues no vendió nada. Se fue enfadadísimo. |
miércoles, 4 de septiembre de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Les vacances de Monsieur Rodera
1 de septiembre de 2013
Me levanto a las ocho y media y salgo a correr por el campo (todavía estoy en el campo). No me había levantado a las ocho y media un domingo desde hace… nunca. Para restablecer cierto equilibrio gárrulo (de facundo o parlanchín) tras la paz silvestre voy a Gradefes a ver fútbol matinal. Estrépito de bar. Balones a la olla, taruguez, Iker en el banquillo, se va Özil…. Bertolucci se encontró a Brando. Ancelotti se encontró a Zidane. Y los dos creen (o les hacen creer) que el mérito es suyo. Ah, corro lo mismo que hace dos días. Mmmm. Sí. No me gusta Ancelotti.
Beatus ille, el campo deleitoso, la paz de estos desiertos… El agro no es… romántico. El esplendor en la hierba y la gloria en las flores me traen sin querer a la cabeza olor a estiércol, excoriaciones en los dedos, avispas y dolor de lomo. Cuando oigo lo de la tierra roja de Tara que le dicen el padre y Ashley Wilkes a Katie Escarlata no pienso en la fuerza que le suministra o las dudosas raíces morales de que la provee. Ahora malicio que la tierra roja de Tara es con seguridad ligeramente ácida con un ph de siete o algo menos y de arcillas, propicias para retener agua (y que mantienen la humedad todo el ciclo del algodón*), ricas en hierro.
*Y de los esclavos y de la arrogancia.
La obligada compañía del corredor en círculos. Come prima
30 de agosto de 2013
Tras dos meses de sofocante holganza a la retestera intentando convertir las ingratas calvas de Pequeña Reata (véase Villahibiera, véase Villa Modorra, véase Canal Bajo de Payuelos Fase I) en oxonienses verduras o, al menos, en praderas similares a las de los Campos de Sport del Sardinero (sin conseguirlo), vuelvo a correr. Oh, oh. Recupero las sensaciones primeras del año pasado: quince minutos estrictos, bojas y fatiga seguida de injustificada euforia.
Tras dos meses de sofocante holganza a la retestera intentando convertir las ingratas calvas de Pequeña Reata (véase Villahibiera, véase Villa Modorra, véase Canal Bajo de Payuelos Fase I) en oxonienses verduras o, al menos, en praderas similares a las de los Campos de Sport del Sardinero (sin conseguirlo), vuelvo a correr. Oh, oh. Recupero las sensaciones primeras del año pasado: quince minutos estrictos, bojas y fatiga seguida de injustificada euforia.
En el campestre cruce
hacia Herreros me aproximo en lento (por el suspense y porque corro muy
despacito) travelling a un solitario (y
misterioso) coche aparcado. Nadie al volante. Nadie alrededor. Si la vida fuera
un telefilm dentro debería haber un cadáver. En la primera escena de este tipo
de productos un despreocupado deportista siempre encuentra un cuerpo muerto (o fiambre, según la jerga que los polizontes, o sabuesos, usarán después). Evidentemente el coche está vacío y su
conductor supongo que andará un poco más arriba abriendo el hidrante para regar
la remolacha. Pero, al no ocurrir nada (en mi vida), pues me invento películas.
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jueves, 22 de agosto de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. La magnitud de la catástrofe
12 de agosto de 2013
Ya he enseñado cómo
funciona la comedia (jo, jo) y de lo que tratan los libros (demostrar que el
autor es más listo que los demás). Hoy me toca explicar el único tema de la
ficción: un personaje describe o se enfrenta a su propio mundo que se desmorona
(o cambia de cualquier modo) a su alrededor. Se da cuenta de que su percepción
está equivocada, de que nada de lo que era seguro existe, de que lo impensable
ha ocurrido. Esta constatación puede ser más o menos trágica; al igual que la
reacción del personaje (Dostoievski, Victor Hugo, Stan Lee…). A veces incluso
para él (o ella) solamente sentir o percibir es ya horrendo (Camus, Beckett,
Jim Henson…). Es decir: la literatura sólo trata de la mudanza (a peor).
Me subo a estos pedestales
porque, justo en el momento (lo juro) en que estaba considerando volver a
correr a pesar del calor y de la jeta que le estoy echando este verano, tropiezo
con una pesada tumbona y me abro la uña del dedo gordo del pie derecho, que se
queda levantada noventa grados: como el capó de un coche. Imagen que me
perseguirá durante mucho tiempo y que atesoraré con otros recuerdos espantosos:
cuando se me salió la cabeza del húmero de su hueco (su hueco es la cavidad glenoidea
de la escápula), la vez que me serraron una muela después de sajarme las encías
o la ocasión en que me hicieron una biopsia en la punta de la polla. Esta
última y grimosa catástrofe, similar tanto en su localización anatómica como en
lo campestre y estival a la lesión de Sebastian Flyte* aunque mucho menos
aristocrática, me mantiene, claro, lejos de los caminos de la concentración
parcelaria y de los de la ampliación del Canal Bajo de Payuelos (en su fase I)
que todavía no he hollado ni un solo día. Ahora excusa tengo. ¿O hace falta que
ponga foto?
*Believe it or not, playing
croquet. He lost his temper and tripped over a hoop. Not a very honourable scar.
jueves, 1 de agosto de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Put me in the water
26 de julio de 2013
Las vidas americanas no tienen segundo acto, decía Scott Fitzgerald*. Las españolas, sí. La
mía, por ejemplo. Soy el segundo acto de las Fiestas de Gradefes.
Aún no corro. Pero
sueño con correr. Igual vale. Según los aborígenes australianos (un día
contaré lo que creen los aborígenes
australianos) es lo mismo.
*"There are no second acts in American lives."
F. Scott. Fitzgerald. Notes from his unfinished novel The Last
Tycoon*"There are no second acts in American lives."
![]() |
| En el aula del río. El río. Cómo no. |
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La obligada compañía del corredor en círculos. Los mejores años de nuestra vida
23 de julio de 2013
Sigo en el campo (véase
Pequeña Reata, Villahibiera, Villa
Modorra y Canal Bajo de Payuelos fase
I) ordenando pastos y ni corro ni escribo. Ni siquiera leo mucho. Me separo
de gimnasias y literaturas con gran facilidad ya que mi trato con ambas
disciplinas siempre ha sido superficial e irrespetuoso y no siento ninguna
melancolía alejado tanto de las pistas de macadán como de la lectura o la
escritura. Así me evito agredir personalmente al melifluo escribidor
(aficionado o profesional) de manina en moflete que se sienta obligado a
infligirme el enésimo artículo veraniego (o navideño, o primaveral) El aroma de los libros y anote cómo
baraja volúmenes y referencias y describa cómo departe con su dispensador de tomos y la manera en que el olor de éstos (que ama sobre
todas las cosas) invariablemente le evoca cualquier pendejada. Los libros
viejos huelen a lignina con porquería y los nuevos a benceno. Ya está.
Volveré, de todos modos, a correr. Lo sé. Pero no me impongo fechas ni plazos. ¿He alcanzado la calmosa paciencia del hombre de campo? Ayer noté un cambio en mi carácter. Al serme prometidos cuatro nogales para mi casa solariega (la digo solariega por su notable parecido con un solar) se me urgió para que excavase de inmediato cuatro agujeros que alojasen dichos árboles. El antiguo Rodera hubiera corrido con la relampagueante velocidad del periodista de entrega diaria y empuñado vertiginoso pico y azadín para que las juglandáceas tuvieran hoyo y alojamiento antes de que terminasen de serme ofrecidas. Mas no, pensé con imperturbabilidad sufí, estoicismo grecolatino, paz zen, armonía védica y budista desapego: me voy a poner a cavar ahora por los cojones.
Volveré, de todos modos, a correr. Lo sé. Pero no me impongo fechas ni plazos. ¿He alcanzado la calmosa paciencia del hombre de campo? Ayer noté un cambio en mi carácter. Al serme prometidos cuatro nogales para mi casa solariega (la digo solariega por su notable parecido con un solar) se me urgió para que excavase de inmediato cuatro agujeros que alojasen dichos árboles. El antiguo Rodera hubiera corrido con la relampagueante velocidad del periodista de entrega diaria y empuñado vertiginoso pico y azadín para que las juglandáceas tuvieran hoyo y alojamiento antes de que terminasen de serme ofrecidas. Mas no, pensé con imperturbabilidad sufí, estoicismo grecolatino, paz zen, armonía védica y budista desapego: me voy a poner a cavar ahora por los cojones.
¿He alcanzado pues la sentenciosa e indiferente sabiduría del
ser agrícola, con su comprensión de los
transcursos y la percepción de las estaciones? ¿O confundo este manso y
apacible don con la sencilla, con la humilde y doméstica resignación?
El calor, atributo de Lucifer, donde todo se funde y se soba es un territorio de espejos o espejismos así que también puede ser, claro, que me esté convirtiendo en un redomado vago.
El calor, atributo de Lucifer, donde todo se funde y se soba es un territorio de espejos o espejismos así que también puede ser, claro, que me esté convirtiendo en un redomado vago.
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sábado, 6 de julio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Beatus ille o I fought the lawn (and the lawn won)
6
de julio de 2013
Vuelvo a vivir temporalmente con el sauce llorón más valeroso del mundo y mis cipreses, surtidores de poca sombra y mucho sueño. Y no corro nada porque estoy ejecutando cosas campestres. Y porque hace mucho calor. Y porque me lacero las extremidades inferiores con ingratos trabajos de mantenimiento y por el cambio del ejercicio monótono y muelle con zapatillas buenas (dotadas de enormes y caras amortiguaciones) a retorcidos deberes con innobles chancletas incluso de dedo. Hasta tres pares de sandalias han masticado primero la orografía ora empapada ora agreste del pegujal y luego (y con mayor ferocidad) mis delicados pies. También me hago heridas en manos y brazos, pero no me valen como excusa para no salir a dar brincos. Que me canso y me hago ampollas y abrasiones, oigan; me habían entendido desde el principio. No ignoro que me esperan los balastos de la fase I del Canal Bajo de Payuelos. Y los extenuaré en cuanto acabe de cortar el seto. Ya he rapado dieciocho metros. Sólo me quedan cuarenta y dos.
Vuelvo a vivir temporalmente con el sauce llorón más valeroso del mundo y mis cipreses, surtidores de poca sombra y mucho sueño. Y no corro nada porque estoy ejecutando cosas campestres. Y porque hace mucho calor. Y porque me lacero las extremidades inferiores con ingratos trabajos de mantenimiento y por el cambio del ejercicio monótono y muelle con zapatillas buenas (dotadas de enormes y caras amortiguaciones) a retorcidos deberes con innobles chancletas incluso de dedo. Hasta tres pares de sandalias han masticado primero la orografía ora empapada ora agreste del pegujal y luego (y con mayor ferocidad) mis delicados pies. También me hago heridas en manos y brazos, pero no me valen como excusa para no salir a dar brincos. Que me canso y me hago ampollas y abrasiones, oigan; me habían entendido desde el principio. No ignoro que me esperan los balastos de la fase I del Canal Bajo de Payuelos. Y los extenuaré en cuanto acabe de cortar el seto. Ya he rapado dieciocho metros. Sólo me quedan cuarenta y dos.
Este
año no trato (mucho) con técnicos de neveras, motores y aires acondicionados y sí
con… herreros. Dos. Dos herreros. Ante la enorme tarea de soldar una bisagra y
conociendo la fragilidad de las operarias promesas que me han roto el corazón
con anterioridad, como un nuevo Marte contacto astutamente y sin decirles nada
con ambos expertos… ¡a la vez! ¡Mu ha ha ha ha!
En sus vulcánicas fraguas, curiosamente, no se oye el fragor del martillo sobre el yunque y sí el cloqueo de sus gordas gallinas. De hecho varias veces sólo se oye eso porque ellos no están. El ganador cuando va a casa me aconseja que ponga yo también gallinero. Que sitio tengo. Le digo que en Hefesto. Pero creo que no me pilla el chiste.
En sus vulcánicas fraguas, curiosamente, no se oye el fragor del martillo sobre el yunque y sí el cloqueo de sus gordas gallinas. De hecho varias veces sólo se oye eso porque ellos no están. El ganador cuando va a casa me aconseja que ponga yo también gallinero. Que sitio tengo. Le digo que en Hefesto. Pero creo que no me pilla el chiste.
viernes, 28 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. El problema español
27 de junio de 2013
La mejor (y única) parte buena de estos viacrucis es la de regresar a casa, extenuado pero satisfecho, con muy reposado continente. Por el camino de vuelta más corto atravieso la Avenida de la Facultad justo a la altura de un kiosco de prensa que exhibe docenas de periódicos y revistas. Carne cruda. Algunas chavalas pero (¡ah!) también gran cantidad de hombres enseñando tabletita en publicaciones con títulos como Men’s Heat, Sports Ahoy! o Muscle Tov. Incluso hay dos revistas de cine que sacan precisamente a Superman y Lobezno, criaturas con un porcentaje diríase negativo de grasa corporal. Trato de buscar algún ser de mi mismo reino, orden y especie con el que identificarme hasta que mis ojos reposan sobre la portada de Historias de la Historia, que lleva la pícnica y tranquilizadora estampa de don Manuel Azaña. Dios es grande en el Sinaí (ya, ya sé que eso no es de Azaña, sino de Castelar). Menos mal.
miércoles, 26 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Streakin' politely
26 de junio de 2013
Hoy quizá me dejé llevar por la euforia de las Fiestas de San Juan y San Pedro que chamuscan León levemente estos días y cuyo singular programa (supongo) ha centrifugado a la gente a otras zonas de la ciudad. Así que, aprovechando que en algunas partes de la orilla del río no había personas en absoluto y hacía muy bueno, estuve corriendo un rato sin camiseta. Aunque resulta muy… refrescante (perdón) anduve pendiente como si tuviera puestas las largas.
martes, 25 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Nuevas aventuras concéntricas
25 de junio de 2013
Después de catorce
gandules días saturados de etanol vuelvo a bajar a la orilla del Bernesga.
Ejecuto (sorprendentemente) mi suelo: veinte minutos. Persigo (pretendo,
quiero, suspiro por o aspiro a) hacer media hora de ejercicio todos los días.
Todos. No es nada. Es media hora. Tengo libres dieciséis. Media hora. ¿Eh?
Venga. Treinta minutos. Vamos. Eeeeh… Sí.
Se presenta el libro La obligada compañía del corredor en círculos en mi
no demasiado romanizada ciudad. Me someto a diversos guiñoles y obedezco algún
cuestionario. Si hace dos entradas hablaba de la imposibilidad del movimiento de
los objetos hablaré ahora de la imposibilidad de la comunicación entre ellos.
Durante varios días seguidos digo cosas más o menos razonables que se
convierten por algún motivo en tonterías directamente navegables según se
reproducen. La pregunta más repetida es ‘por qué corres’. No les parece válido mi
intento de respuesta en doscientas páginas y parecen querer abrochar alguna
idea de dos líneas. Me parece normal. Los periódicos tienen muchísimas páginas
y las radios y televisiones retransmiten todas
las horas. En el futuro todos seremos trending
topic durante un minuto.
Hablar de correr es casi tan aburrido como hacerlo. Si eres perseverante u obstinado o no tienes nada más que hacer o te posee ese afán… pues primero corres despacio un poco y luego corres más deprisa más tiempo. Eso es todo. Fin. Kaputt. The End. Koniec. Fine. Game over. Me resulta absolutamente imposible desarrollar un discurso más complejo sobre el tema. Los gimnastas que tratan estos temas (y baten los caminos) durante horas me tratan ora con paternalismo ora con desconfianza. Mi indiferencia les parece una agresión. La prensa (nunca la llaman crítica) deportiva es muy violenta y el sentido del humor les parece una imperdonable falta de respeto.
Después de estos
malentendidos trato de hablar del género ensayístico o de literatura… con el
mismo éxito. En total: al no encajar en ningún mundo, continúo sin pandilla. Puede
parecer halagador que le hagan casito a uno un rato pero se pasa enseguida
cuando se ha de contestar en serio a cuánto
hay de autobiográfico en un diario.
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martes, 11 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Gótico flamígero
11 de junio de 2013
En una salida lluviosa se me ocurrió que los diarios tristones deberían tener las letras emborronadas. Con tipos de tinta china lacrimeante, corrida y vertical. Sería una aplicación terrible para las niñas dismenoheridas. Seguro que está inventado (curiosamente inventar y venta tienen raíces diferentes). Claro que, por la misma lógica, las notas de días como hoy, de verano mordisqueante y juguetón, deberían consignarse con gordas letras redondas de color calabaza. Olvídenlo. Es una idea horrible.
lunes, 10 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Un flecha en un campamento
10 de junio de 2013
¿Puede existir el movimiento? Y si existe ¿podemos
colegirlo? Me empeño en refutar a Heráclito* bajando cada dos por tres al
mismo río. Y a Zenón, no alcanzando jamás a la tortuga… ¡sin haberle concedido
ninguna ventaja!
*ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε
En los mismos ríos entramos y [en los mismos ríos] no entramos; somos y no somos [los mismos].
Los pensamientos del
corredor en círculos tienden a ser circulares y en pensamiento nada hay más
circular que una paradoja. Una de las paradojas o aporías de Zenón de Elea (en
teoría planteó unas cuarenta, de las que Aristóteles glosa nueve o diez, cuatro
de ellas sobre el movimiento) es la célebre de Aquiles y la tortuga en la que pone en duda, si no la existencia
misma del movimiento sí su inteligibilidad o comprensión.
En realidad viene a ser la
misma paradoja de la dicotomía o bipartición de las distancias pero (¡ah!) dotada (como dice Jorge Luis Borges) de
un héroe y de una tortuga. Borges llega a afirmar en su Avatares de la tortuga que “a
esos competidores mágicos (junto con la sencilla serie matemática de
fracciones) debe el argumento su
difusión”. Yo también lo creo. La idea en realidad más que paradójica
es pueril: si las distancias se pueden partir infinitamente, el tiempo y
energía que las recorra debe ser asimismo infinito, lo que imposibilitaría
cualquier progresión. Antes de recorrer uno debo recorrer medio, antes de ese
medio la mitad; antes, la mitad de esa mitad… Así, el pélida de los pies
ligeros nunca podrá ni siquiera empezar a desgastar la ventaja concedida al
galápago.
Borges escribe también que le “gustaría conocer el nombre del poeta que la dotó (a la paradoja) de un héroe y de una tortuga”. Bien. Pues el poeta puede ser el mismo Zenón. O Aristóteles, que lo reproduce. O, prosiguiendo con el argumento lenticular, Parménides: inventor primero de todas las paradojas que Zenón se limita a volver a plantear (y que Aristóteles repite y que Borges se complace en y que yo aquí ahora…).
Borges escribe también que le “gustaría conocer el nombre del poeta que la dotó (a la paradoja) de un héroe y de una tortuga”. Bien. Pues el poeta puede ser el mismo Zenón. O Aristóteles, que lo reproduce. O, prosiguiendo con el argumento lenticular, Parménides: inventor primero de todas las paradojas que Zenón se limita a volver a plantear (y que Aristóteles repite y que Borges se complace en y que yo aquí ahora…).
*ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε
En los mismos ríos entramos y [en los mismos ríos] no entramos; somos y no somos [los mismos].
![]() |
| La paradoja de la flecha detenida o en reposo en un periodo de tiempo. Pero con un avión en vez de una flecha. Y con un pulpo gigante. |
martes, 4 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. Las edades de la arena
4 de junio de 2013
Veintipico grados. Solecito. Velocidad media del viento: poca o ninguna. Bolas de polen e insectos consumidos: ciento cincuenta gramos. Paisanas enjutas que se ponen en el medio de cruces o vías: muchas. Circunscritas a las aceras de los supermercados durante el invierno, pululan y entorpecen entradas, salidas y pasarelas de todas partes durante el verano. El amoniaco que parece constituir su sistema sanguíneo (y la base de su dieta) debe de hacerles creer que son invulnerables al impacto con un sudoroso fulano de noventa kilos (siempre peso noventa kilos; igual los números de la báscula son una calcomanía) vestido enteramente de negro, cara de mal humor y una velocidad de crucero suficiente como para hacerlas volar (a ellas y a su puto cigarrillo Fortuna) hasta el segundo carril de la Carretera de Valladolid. ¿¡¡Es que no me ve, señora?!!
Veintipico grados. Solecito. Velocidad media del viento: poca o ninguna. Bolas de polen e insectos consumidos: ciento cincuenta gramos. Paisanas enjutas que se ponen en el medio de cruces o vías: muchas. Circunscritas a las aceras de los supermercados durante el invierno, pululan y entorpecen entradas, salidas y pasarelas de todas partes durante el verano. El amoniaco que parece constituir su sistema sanguíneo (y la base de su dieta) debe de hacerles creer que son invulnerables al impacto con un sudoroso fulano de noventa kilos (siempre peso noventa kilos; igual los números de la báscula son una calcomanía) vestido enteramente de negro, cara de mal humor y una velocidad de crucero suficiente como para hacerlas volar (a ellas y a su puto cigarrillo Fortuna) hasta el segundo carril de la Carretera de Valladolid. ¿¡¡Es que no me ve, señora?!!
domingo, 2 de junio de 2013
La obligada compañía del corredor en círculos. La risa de Baco o Mi gran boda armenia
2 de junio de 2013
"…por poco me muero de risa en las Panateneas (Juegos similares en prestigio y popularidad a los Olímpicos), cuando vi a un hombre pesado que corría encorvado, pálido, gordo, quedándose rezagado y haciendo terribles esfuerzos".
Los griegos clásicos se
tomaban muy en serio el deporte. Como dirían Les Luthiers: "entre los griegos el
deporte y el espectáculo no eran menos importantes que el estudio. Eran más importantes". Platón llega incluso a
denunciar con virulencia los competitivos excesos y seguimientos de tanto
brinco y tanta flexión, aunque Sócrates sigue haciendo sus tablas de gimnasia
hasta el día de su muerte (según cuenta Jenofonte en El banquete).
En Las ranas, el cómico Aristófanes describe dos nostalgias: la de que ya no hay autores buenos (sentimiento que comparto) y que los deportistas tampoco son lo que eran. El dios Baco (o Dioniso) se ve obligado a bajar al infierno (el Hades) a buscar a Esquilo o a Eurípides (que había muerto hacía poco) para que escriban obras en su honor, ya que los dramaturgos vivos parecen ser una chufa. No vamos a entrar en por qué poetas tan buenos estaban en el infierno pero, a lo que íbamos: lo de los deportistas. Dioniso (o Baco) se burla de los atletas contemporáneos de Aristófanes con estas palabras:
En Las ranas, el cómico Aristófanes describe dos nostalgias: la de que ya no hay autores buenos (sentimiento que comparto) y que los deportistas tampoco son lo que eran. El dios Baco (o Dioniso) se ve obligado a bajar al infierno (el Hades) a buscar a Esquilo o a Eurípides (que había muerto hacía poco) para que escriban obras en su honor, ya que los dramaturgos vivos parecen ser una chufa. No vamos a entrar en por qué poetas tan buenos estaban en el infierno pero, a lo que íbamos: lo de los deportistas. Dioniso (o Baco) se burla de los atletas contemporáneos de Aristófanes con estas palabras:
"…por poco me muero de risa en las Panateneas (Juegos similares en prestigio y popularidad a los Olímpicos), cuando vi a un hombre pesado que corría encorvado, pálido, gordo, quedándose rezagado y haciendo terribles esfuerzos".
Que sirva este párrafo
como mi justificación para no concurrir a los múltiples certámenes que se
desarrollan a diario en todas partes: no quiero que el borrachín de Baco, dos
mil cuatrocientos dieciocho años después de reírse de ese gordo concreto, se
ría ahora de mí.
¿A qué viene todo esto? A que me siento (ut supra semper la burra al trigo) culpable. Siete días sin correr. Semana en blanco respecto no sólo a eso sino a absolutamente todo lo demás rematada por una emblemática boda familiar en León (en San Marcos: no me alejo jamás de la orilla del río). Emblemática y españolísima porque la novia trabaja en Moncloa y el novio más allá de la Península de Anatolia. Por algún motivo (que no me explico) esta ceremonia y sus fastos me dejan aún más triste de lo que me encontraba, así que hoy salgo con la intención de restablecer algún equilibrio químico perdido, alejar esta abrumadora e injustificada melancolía y afilar un poco la chivata cara de rata gorda que se me pone enseguida. En lo que me descuido.
¿A qué viene todo esto? A que me siento (ut supra semper la burra al trigo) culpable. Siete días sin correr. Semana en blanco respecto no sólo a eso sino a absolutamente todo lo demás rematada por una emblemática boda familiar en León (en San Marcos: no me alejo jamás de la orilla del río). Emblemática y españolísima porque la novia trabaja en Moncloa y el novio más allá de la Península de Anatolia. Por algún motivo (que no me explico) esta ceremonia y sus fastos me dejan aún más triste de lo que me encontraba, así que hoy salgo con la intención de restablecer algún equilibrio químico perdido, alejar esta abrumadora e injustificada melancolía y afilar un poco la chivata cara de rata gorda que se me pone enseguida. En lo que me descuido.
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