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domingo, 16 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Ya eres un niño grande



16 de noviembre de 2014

Mitad de noviembre. Provincia, oscuridad, frío, lluvia, ¡domingo por la tarde! Salgo a correr ejerciendo un acto de voluntad pura contra mí mismo y, además, contra todos estos factores. Debo impedir que el domingo gane. Si fuera un niño probablemente me hubiera puesto a hacer los deberes.

Vivir la vida. Como si se pudiera vivir otra cosa. Los anuncios navideños empiezan a esparcir sus babas. Estas propagandas se basan en el argumento ontológico de San Anselmo (se enseña o demuestra a priori que la Navidad existe; si la publicidad puede concebir una Navidad es que hay una Navidad, la que ellos describen) o en un pleonasmo en bucle: la felicidad nos es proporcionada por los demás y nosotros debemos retribuirla con objetos, lo que a nuestra vez nos hará felices y se lo volveremos a deber... Veo la publicidad de la publicidad (!) de la Lotería Nacional de España. Este año no apela a la codicia más o menos abstracta, sino al odio, la envidia y, sobre todo, al miedo. El terror a ser pobre, además, en solitario. La atroz circunstancia de que personas conocidas se hagan con algunos bienes y lo menesteroso de tu existencia resulte aún más visible.

El amor en película (ya lo hemos comentado) se filma alrededor de un eje más o menos giratorio; la libertad, en amplios travellings. Con la felicidad la cámara se porta de forma más morosa, acercándose al personaje, que pone cara de bobo. Al final el contraplano es uno mismo. Que vive la vida. Los corredores son muy de vivir la vida. ¿Me siento más vivo corriendo? Me temo que sí. Es terrible. Bueno. Tanto el hombre en éxtasis como el que se ahoga levanta los brazos, dice Kafka.



En esto me ha convertido el capitalismo cleptocrático, el cine norteamericano y los anuncios de turrón: en un bebedor solapado y subrepticio que acude a actos culturales para disimular.




domingo, 13 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Thursday's child



12 de octubre de 2013



He leído los apuntes más o menos diarios de personas que ejecutaron cosas excepcionales (Azaña, Kafka, Napoleón, Warhol…) y no parece desde luego que las estén llevando a cabo. Kafka cuenta que escribe cositas, Napoleón nunca está donde le apetece, Warhol se queja de que los demás son igual de tacaños que él, Azaña desconfía… Si el Jesucristo de los evangelios hubiese dictado un diario sobre sus actividades seguro que alguna entrada vendría a decir más o menos: Esta gente no se entera de nada. Ya contaba Borges que los soldados antes de la batalla (por decisiva que ésta fuese) hablan del barro o del sargento. Ana Frank no describió el genocidio nazi o LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

La pregunta es si la escritura, incluso la autobiográfica, se parece al autor. O si el autor se parece o debe parecerse a toda su época. Creo que no. Las sombras, por densas, bellas o enormes que sean, no son el objeto.

Anoto esto el 13 de octubre. Ayer corrí. Hoy no. Porque llueve. Como ven, el objeto (bulto en este caso) a veces ni siquiera arroja sombra alguna.