viernes, 30 de enero de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Met versus Emet




27 de enero de 2015


Sol de invierno. Hierba parda y barro negro. Aún así, después de la fiebre, la nieve escuálida y la niebla el mundo de día tiene un aspecto azul, brillante y achampañado.


Como no quiero pecar de monótono debería aclarar que estas notas, aunque no lo parezca, son pululadas al menos por dos personajes: yo y otro. Igual que don Quijote y Sancho Panza; y no por lo enteco de uno y lo amplio de otro (que también). El dramatis personae de aquí es breve: yo y mi cuerpo; y viceversa. Uno es listo, reflexivo y moderado. El otro es continuo, egoista y salvaje (como decía de los niños Baudelaire).


No ha habido grandes novedades en la literatura en los últimos cinco mil años. Siempre se narraron las proezas reales o imaginadas de un titán o chalado cualquiera (desde Gilgamesh), pero la radical novedad del Quijote (venga, voy a explicarlo) es que esa vez sus actividades empiezan a dialogarse. El héroe tiene un espejo ya no en el lector, sino en la propia obra. Cualquiera diría leyendo estas notas que solo hay un muñeco, pero no: hay más y hablan entre sí y y se cambian los papeles como en la novela de Cervantes. Uno asimila la inmovilidad con la sabiduria y la justicia con la lentitud. El otro no asimila una mierda y no quiere hacer nada o lo quiere hacer todo a la vez. Como digo, a veces es el cuerpo o cáscara el que manda y exige y otras veces (las que estoy callado) es la mente, la parte intelectual… la que no hace tanto el idiota o lo hace de otro modo.


Imaginemos que la parte racional y flaca de mi persona (la que sea) corre una hora, se flexiona cien veces, sube los siete pisos corriendo… y, llena de testosterona, adrenalina, cortisol y endorfinas se pone muy contenta. ¿Qué le apetece al otro señor, el abotargado y parlanchín? ¿Investigar las mitocondrias? No. Quiere emborracharse. Y comerse una tarta entera. Y ver el fútbol.



La serenidad y el equilibrio no consiste en que estos dos sujetos se lleven bien, sino que sean uno solo y no se disocien. Y que, una vez  sean uno solo… me dejen en paz. Vaya, ya he vuelto a hacerlo.





martes, 20 de enero de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Una habitación propia


14 de enero de 2015




A veces me asombra mi determinación. Elijo ser desgraciado un rato (odio correr) para que elementos concretos (el catorce de enero, el miércoles, el frío, yo mismo) no me reduzcan y, ¿consigo sumergirme un poco en la laguna Estigia, la vida eterna? No. Caigo enfermo otra vez. A partir de ahora si no digo nada se supone que estoy enfermo. Es mi estado normal. Creo que la dicotomía entre tratar al cuerpo como a un templo o degradarlo como a un parque de atracciones no funciona. Que, como en todo, hay términos medios, una gama de grises. ¿Qué establecimiento compartiría las características de un templo y un parque de atracciones? Uno en el que uno vaya a recogerse y a establecer contacto con un ser más o menos divino (según el precio) y que asimismo posea una expectativa de regocijo ilimitado. Un prostíbulo. Exacto. Mi cuerpo no es un santuario ni una feria. Es una casa de putas. Nunca me he sentido cómodo en esos hostiles y agranujados recintos. Quizá por eso me pongo malo.








martes, 13 de enero de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. De lo nítido y lo borroso



12 de enero de 2015



Persisten la glacial niebla (sobre la que debería, supongo, moldear difuminados comentarios) y los noventa kilos. Los kilitos de más que se cogen en Navidad. En español tendemos a usar los diminutivos para cometer anterior o posterior pero inmediatamente una atrocidad. Tráigame un cocido para once personas y una ensaladita. Estuve tomando cervecitas hasta las nueve y media de la mañana. Pues eso: además de un gordinflas soy un cliché, un lugar común, una idea recibida.





La obligada compañía del corredor en círculos. Noche de Reyes



5 de enero de 2015

Periódicamente la ciudad de León huele a estiércol. No me refiero a los olores metafóricos de olla podrida en La Regenta. Digo que huele literalmente a bosta (o cucho, que dirían en Vetusta). Así que, entre la niebla que parece transportar o sostener esos mefíticos efluvios y envuelto en la oscuridad, voy renqueando al río donde no me extrañaría encontrarme con Jack el Destripador ordeñando una vaca. Bajo esa febril sugestión y yendo hacia el Puente de los Leones oigo lo que creo son disparos*. Es, claro, el estrépito de la asimismo delirante cabalgata de los Reyes Magos.




*¿Qué? No sería tan raro. Véase entrada del día 15 de mayo de 2014.



 

sábado, 3 de enero de 2015

La obligada compañia del corredor en círculos. Nuevas aventuras concéntricas de



3 de enero de 2015


Nochebuena, fin de año… No siempre el amor tiene la exacta respiración que el matrimonio, la muerte tiene un recorrido muchísimo mayor que la vida y la Navidad ciertamente no dura lo mismo que el invierno. Tras años de romance con estas … fechas noto por primera vez que me dan exactamente igual. No las he tomado asco. Uno odia más lo que ha amado en algún momento y siempre he sentido por ellas (sigo hablando de las Navidades) un pasmo abstracto, una esperanza. Siempre defraudada. Como por el verano, las drogas o la vida adulta.


Salgo de noche cerrada después de un día luminoso y templado. Frío despellejante. Después de mi convalecencia y las fiestas vuelvo a los noventa kilos. Es una costumbre que tengo.









miércoles, 17 de diciembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Los cuerpos extraños



17 de diciembre de 2014



Cuando me chuleaba, como Ozymandias, de mi progreso y vigor (¡quién me ozymandaría!) fui fulminado por un virus (ante el que me descubro) más fuerte que yo. Veinte días de enfermedad y celebración posterior de su derrota. Veinte días amortiguados y submarinos. Echaba de menos mis cinco sentidos. Hoy salgo a recuperarlos. Sin demasiado éxito. Aunque gano algo de terreno y no vomito casi nada.

Se acaba el año y menudean los consejos sobre qué se debe hacer. Tarea que a mí me lleva los trescientos sesenta y cinco días. Recuerdo el (único) consejo del norteamericano John Huston sobre la vida en general: no fumar mientras uno tenga neumonía. Esta sola y conclusiva sabiduría sirve también como comportamiento adecuado durante, por ejemplo, las cenas de empresa, ceremonia de tránsito, al parecer, obligada y numerosísima sobre la que llueven las admoniciones. Mis cinco consejos para terminar un año e incluso para empezar otro serían estos:




·
Se recomienda disfrutar de salud. Sin importar lo que digan los demás.

· Ejecute, siempre que pueda, actos beneficiosos en lugar de perjudiciales para usted u otros.

· No cometa genocidio. Aunque se lo pidan con insistencia.

· A ser posible evite, sobre todo, escribir la palabra vivencias.

·
Resulta deseable tener una empresa con la que celebrar cenas.









martes, 9 de diciembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre que dio una vuelta completa al Sol montado en un planeta



7 de diciembre de 2014



El día uno de diciembre, lunes, después de un escuálido y tutelado cumpleaños (cuarenta y ocho), caigo enfermo. Mocos, náuseas, desorientación, tos productiva e improductiva, calambres, paracetamol, dolor muscular y articular, flemas, fiebre… Imposible superar el perfecto sintagma malestar general.

Toda mi jactanciosa fortaleza derribada por el suelo gracias a un virus singularmente tenaz que me tumba durante ocho días. Debilucho y convaleciente (he llegado a dormir, tembloroso, al lado de media cebolla picada) compruebo que la vida es un exilio en el que sólo se viaja y jamás se regresa. En estas edades algunos hombres se preguntan si han desperdiciado su tiempo y su talento. Algunos. No yo. Yo tengo la certeza absoluta.





La mañana de mi cuadragésimo octavo cumpleaños. Último contacto con el mundo del deporte. Además, falso. A pesar de la memorabilia de alrededor no estamos comentando fiascos de la Cultural y Deportiva Leonesa, sino hablando de porno virtual japonés (en serio). Me encanta la ponderada expresión de Francisco García Nubedocs (a la izquierda, en pelirrojo) que podría traducirse lo mismo por un "lo que sabe este fulano" que por un "qué estará diciendo este anormal".
Foto: Susana Llorente.














jueves, 27 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Aire




27 de noviembre de 2014

Frío contundente y viento de cara tanto al correr en dirección norte como al correr en dirección sur. Me pasa mucho. Hoy en la esquina rosada no escucho nada destacable. Es una esquina, como digo, geosimpática y singular. Enorme. Donde acaban la Avenida de la Facultad (muy apropiado) y la calle Cartagena, va a morir o empieza la Corredera (oh), da a la plaza de toros y hacen chaflán un bar panorámico y una tienda de motos. También está el que, durante años, fue uno de los dos lugares de León donde se giraba a la indonesia (ciento ochenta grados sin necesidad de dar la vuelta a la rotonda).




Más pronto hablo de Pla, más lo veo en todas partes. Han reencontrado o publicado unos diarios veteranos, de la masía. La otra punta de El cuaderno gris, digamos. Están escritos, como es natural, muy bien y con mucha mala leche. Pero debemos tener cuidado con lo que anotamos: sólo destacan que bebía más de la cuenta y que se la cascaba. El hombre habla de más cosas. Hasta trata turbios asuntos de espionaje y de política internacional. Pero sobre todo sacan lo de empinar el codo. Y lo de las pajas.






Pero un hombre no corre con el hígado. ¿Con qué corre un hombre?










miércoles, 26 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Carpanta



25 de noviembre de 2014




No suelo, al contrario de otras personas, que parecen estar siempre en lugares donde el ingenio abunda, oír nada memorable. Pero hoy, al volver a casa de dar carreras, la esquina que me proveyó la conversación gastroabusiva hace cuatro días y a la misma hora (la de la voluntariosa niña que quería hacerle la cena a su papá), me proporciona otra: esta vez habla un individuo muy grande contra uno pequeñín y abetunado: El otro día me jalaste media hogaza. Cuando me alejo: Y el chorizo también me lo acabaste. Es una esquina extraña y costumbrista, nada atlética, de un humor perplejo.




La obligada compañía del corredor en círculos. La escapada



23 de noviembre de 2014

Hace años que para mí los domingos se desarrollan estrictamente igual que el resto de las jornadas. Quiero decir que hago lo mismo (muy poco). Aún así siguen siendo días especiales, exangües, sin articulaciones.

Leo el párrafo de arriba y me doy cuenta de que me resulta imposible hablar de los domingos sin sobar un poco el estilo de Pla. De un catedrático que le da clase, y al que supongo provisto de numerosos chalecos, afirma que es muy bonito. Como un conejito recién peinado añade. También escribe de unos minerales dispuestos sobre una mesa que parecen piedras domesticadas.

Un conocido me cuenta su maratón en San Sebastián. Lo innúmero y cariñoso del público (a diferencia de los huraños y ralos espectadores de León, que también conoce). Él posee la contrastada certeza de que se corre más si le animan a uno. Me pregunto sobre mi propia capacidad de sugestión. Nunca he corrido en público (por decirlo de algún modo). Creo que si alguien me jalease de cualquier manera mientras corro me pararía inmediatamente, iría muy despacio hacia esa persona y le preguntaría, concernido, si se encuentra bien.







domingo, 23 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. La costumbre de los demás



21 de noviembre de 2014

Mañana:

La conversación roma, la mansedumbre de los españoles, el cretino tratamiento informativo de casi todo y el espesísimo fango que nos rodea me enfurece. Y me enfurece enfurecerme: dejarme afectar por la estupidez ajena me parece un defecto que debería haber corregido hace mucho.



Tarde:

Estoy en buena forma, lo que (también) me viene mal: luego lo aprovecho para intoxicarme. Corro casi una hora sin fatiga, y luego hago sprints y flexiones y así. Lo acabo dejando. Me voy a casa. Porque me aburro. Hay un momento en que estoy expiando o redimiendo las cañas y la irritación y las frases hechas y los diferentes lodos de la actualidad mañanera… ¡y lo entiendo todo!: no estoy corriendo con mi cuerpo de hoy (ni de ahora) sino con el de los ayunos y las gimnasias de hace treinta días. Dentro de treinta días haré ejercicio con el recipiente de hoy: el del mal humor y las cervezas gordas y me preguntaré por qué sudo y resoplo y me canso.

Asimismo lo que pienso y escribo y hasta lo que me enfada no es lo que ocurre ahora mismo, sino lo que creen las sinapsis cerebrales que se crearon cuando era bueno o aprendí algo.

Al volver a casa oigo a una niña animando a su madre para que, imagino, ejecute alguna actividad extrafamiliar: Ya le hago yo la cena a papá. Vuelvo a enfadarme (no me cuesta nada, oiga). ¿Por qué cojones somos capaces de posar una sonda encima de un cometa a ciento cincuenta millones de kilómetros pero hay que hacerle la cena a papá? El progreso, como los batracios anuros, avanza a saltos no lineales.










domingo, 16 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Ya eres un niño grande



16 de noviembre de 2014

Mitad de noviembre. Provincia, oscuridad, frío, lluvia, ¡domingo por la tarde! Salgo a correr ejerciendo un acto de voluntad pura contra mí mismo y, además, contra todos estos factores. Debo impedir que el domingo gane. Si fuera un niño probablemente me hubiera puesto a hacer los deberes.

Vivir la vida. Como si se pudiera vivir otra cosa. Los anuncios navideños empiezan a esparcir sus babas. Estas propagandas se basan en el argumento ontológico de San Anselmo (se enseña o demuestra a priori que la Navidad existe; si la publicidad puede concebir una Navidad es que hay una Navidad, la que ellos describen) o en un pleonasmo en bucle: la felicidad nos es proporcionada por los demás y nosotros debemos retribuirla con objetos, lo que a nuestra vez nos hará felices y se lo volveremos a deber... Veo la publicidad de la publicidad (!) de la Lotería Nacional de España. Este año no apela a la codicia más o menos abstracta, sino al odio, la envidia y, sobre todo, al miedo. El terror a ser pobre, además, en solitario. La atroz circunstancia de que personas conocidas se hagan con algunos bienes y lo menesteroso de tu existencia resulte aún más visible.

El amor en película (ya lo hemos comentado) se filma alrededor de un eje más o menos giratorio; la libertad, en amplios travellings. Con la felicidad la cámara se porta de forma más morosa, acercándose al personaje, que pone cara de bobo. Al final el contraplano es uno mismo. Que vive la vida. Los corredores son muy de vivir la vida. ¿Me siento más vivo corriendo? Me temo que sí. Es terrible. Bueno. Tanto el hombre en éxtasis como el que se ahoga levanta los brazos, dice Kafka.



En esto me ha convertido el capitalismo cleptocrático, el cine norteamericano y los anuncios de turrón: en un bebedor solapado y subrepticio que acude a actos culturales para disimular.




sábado, 15 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Cracked actor



11 de noviembre de 2014


Termina abruptamente este extraño verano de seis meses, como si la ciudad entera, situada en la espalda de una enorme bestia meridional, se hubiera despertado y reorientado hacia el septentrión de repente: al antiguo, crujiente y tenaz frío. Cambio de equipamiento y de tiempos y distancias. No tiene que ver con la climatología, claro.

Trato aquí de relacionar la disolución de la personalidad con el ejercicio, el ejercicio con la persecución: del consuelo por la inercia y comprender si resulta trágica o reconfortante la imposibilidad de que uno vea su propio rostro. Mi mujer me dice que no tiene ni puta gracia. Ya.

Nos pasamos la vida en sociedad haciendo comedias. Interpretando. Es agotador si uno se molesta. Envidio a la gente que, en público, aparece muda o estupefacta, sin esforzarse en caer bien, en convencer o simpatizar. Los espectadores. Que contemplan.

Nuestra cara, que no distinguimos más que en imágenes o reflejos, es a la vez el logo y el producto. La voz, el cuerpo… ¿es el mensaje? ¿Qué distancia hay entre la realidad y lo que ven? Dice Vonnegut
«somos lo que simulamos ser, así que debemos llevar cuidado con lo que simulamos ser»*. ¿Qué simulo ser dando carreras o pintando o dibujando o dando voces? A mí me parece que un imbécil. Igual estoy llevando a cabo un gran trabajo.



*Kurt Vonnegut. “We are what we pretend to be, so we must be careful what we pretend to be.” — from Mother Night.

El asombroso por lo nulo desgaste de las suelas de mis zapatillas, hoy. Después de dos años y pico.













martes, 11 de noviembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Sopa de pollo para el alma



4 de noviembre de 2014


El correr es… como… la vida, que afirmaría con solemnidad Murakami. Quiero decir con la pendejada que resulta injusto y arbitrario. Permanezco (a ver que lo miro) cinco días sin salir y bebiendo y comiendo normal y me encuentro otra vez blandito. Si hago ejercicio y ni como ni bebo durante cinco días no hay la misma diferencia. Esto es un descompensado sindiós y un descalzaputas (como la vida). Me enfado.

Mientras tanto (quam minimum credula postero) me afano cada día, en efecto, como si fuera el último: con infinito terror a morir, triste por la fugacidad de lo perceptible y arrepentido de haber desperdiciado mi tiempo.

¿He sido hoy más feliz que ayer? Esta pregunta la hacen de verdad en esos tautológicos tests sobre ‘bienestar subjetivo’. No quiero escribir (más) obscenidades pero ¡¿hay algún test sobre bienestar objetivo?! Correr (aparte de ser ingrato como… ejem… la vida) es aburrido. Resulta alarmante que, de todas mis actividades, sea la que tenga más interés. ¿Qué vidas llevan los que escriben autobiografías? ¿Cómo de memorables son sus operaciones cotidianas? ¿Qué valiosos o considerables tratos reflejan en sus volúmenes? Sobre todo, ¿cómo de en serio, y durante cuánto tiempo, debe tomarse uno a sí mismo? Todos estos procedimientos de los que he hablado (correr, divertirme, impostarme, ejercitar un egoísmo aún más energuménico…) se me dan francamente mal.






jueves, 30 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Mis secretos de belleza



30 de octubre de 2014



Debería hablar de mi dieta e impartir lecciones de cómo se pueden perder cinco kilos (o diez) en dos meses. Pero como todo consiste en quemar más calorías de las ingeridas quedaría un poco lelo.


¿Quiere usted tener un cuerpo como el mío? ¿O como otro cualquiera ya puestos? ¿Tiene suficiente dinero? Pues cómpremelo. Todos tenemos un precio.








La obligada compañía del corredor en círculos. Faster, Pussycat! Kill! Kill!




27 de octubre de 2014


Si llego a saber que este verano iba a durar seis meses hubiera estado de mejor humor estos… seis meses.





La obligada compañía del corredor en círculos. La dudosa vida de las plantas



23 de octubre de 2014



Salgo de noche, en camiseta; y corro más de media hora sin fatigarme. Lo primero será cada vez más común, lo segundo, ay, cada vez más raro y lo tercero… pues tampoco creo que dure mucho. Estamos a finales de octubre y aquí continúo con una inverosímil y mediterránea existencia de cóctel, alterne y terracitas. Muy raro todo. Quizá no tenga un mejor tono físico sino que el frío todavía no me ha hecho la llave Nelson.




jueves, 23 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Problema de los tipos



20 de octubre de 2014


¿Es un individuo que va a su segunda vivienda un festivo a vaciar la piscina, cortar el césped y lavar el coche un dominguero? Claro. Pero, ¿es ese mismo individuo todos los domingueros? ¿Es un divorciado que compra estanterías y lleva a sus niñas a ver a un conjunto de giratorios y juveniles cantantes todos los divorciados del mundo? ¿Es un fulano de mediana edad en leotardos corriendo por la ciudad todos los corredores de mediana edad en leotardos que corren por la ciudad que existen y existirán? Si me lo preguntan a mí la respuesta es sí. En efecto. Lo es. Lo son. Lo somos. Absolutamente. ¿Hay algo malo en convertirse en un estereotipo? ¿Es evitable (o, más bien, debería ser evitado)? Creo que ni siquiera es posible. Nada hay más burgués que intentar no parecerlo ni más arquetípico que huir de los arquetipos. Si uno prefiere vaciar el coche, cortar la piscina y lavar el césped entra en otro (igual de estereotipado) paradigma. Más molesto si cabe.





sábado, 18 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Palabras, palabras, palabras



17 de octubre de 2014


La Real Academia Española (a secas, al ser la primera academia no tiene apellido) saca la vigésimo tercera edición de su Diccionario que admite voces como amigovio (?), pechamen (!) o papichulo (!!) Aparte de las ya usuales (e inadecuadas y grotescas) españolizaciones de términos comerciales. No quiero mirar si han incluido runner. Son muy capaces.






La obligada compañía del corredor en círculos. Les feuilles mortes



14 de octubre de 2014

Corro media hora y podría seguir otra media. Supongo. Pero no lo hago. Porque me aburro. A veces me canso de hacer cosas en solitario. Luego veo que la alternativa es hacerlas con otros, agradando. Y sigo haciéndolas solo. Soy un ser horrible.









domingo, 12 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre de hierro



11 de octubre de 2014



Día real. Sábado. Once de octubre. Octubre existe. Los demás meses son más o menos fantasmagóricos. Pero octubre es el tope de gama. El auténtico mes. Sin vacaciones. Sin verano. Sin invierno. Sin hostias. El mes en el que SE TRABAJA y se hacen cosas. Yo no he hecho ninguna. Ni otros. Pero da esa impresión. Octubre es impresionante. Si no has conseguido nada en octubre, no conseguirás nada en el resto del año. No serás NADIE.

Creo que el lunes hay puente otra vez.














viernes, 3 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Odio



2 de octubre de 2014




Salgo cansado y corro poco tiempo y escasa distancia. Igual porque ayer estuve al sol, nadando y hasta un rato en un baño turco. Es probable que una cosa no lleve a la otra, pero era mi obligación consignarlo. Sobre todo lo del baño turco. Hace (todavía) un tiempo espléndido aunque a veces atravieso glaciales vaharadas de portal, avisos del ser de hielo que emboscado, terrible e inevitable, espera barrernos.

Se da una nueva columna/tipo en los periódicos: la del opinador seborreico sobre las personas corredoras. Estos tribuletes son muy molestados (mucho, enormemente) por la mera existencia de las personas corredoras. No les gusta nada que haya personas corredoras. Les parece un íntimo agravio el simple hecho de la persona corredora. Para justificar esta supuesta agresión, atizada con gran violencia por las personas corredoras, deben inventarse, claro, hechos disparatados: «El otro día estaba en mi casa y treinta y nueve corredores vinieron por el pasillo y me robaron los apliques». O «Viajando en avión estuvimos a punto de zozobrar y ser devorados por tiburones a causa de un corredor que se puso delante del aparato a hacer estiramientos». La vehemente intolerancia hacia las pobres personas que corren por descampados es asimismo disfrazada por apelaciones a las maneras («¡Gaspar Melchor de Jovellanos no corría!») o a la tradición («Nunca vi correr a mis abuelos, que dieron la vida para que pudiéramos merendar sin tasa y permanecer sentados en nuestros sofás»). El perfil del estilita anti-carreras es invariablemente el de un fulano de mediana edad con sobrepeso, fumador y aficionado al fútbol (!) Dios sabe que yo con esto de los brincos estoy muy lejos del proselitismo o la justificación, pero creo (quizá esté errado), que hay cosas mucho peores.



La Luna empieza a crecer. Tampoco viene a cuento, pero me complace la frase, sugerencia de todo.




jueves, 2 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El quinto elemento



29 de septiembre de 2014



Insisto: mi sentido del olfato es cada vez más espacioso. Lo que a veces es agradable y a veces (casi siempre), no. Otro encuentro con la esencia. La esencia como extracto de una sustancia aromática. Con el éter sutil y purísimo cuyo movimiento propio, según la filosofía antigua, era el circular (¡anda!). También según la filosofía antigua, de este quinto elemento estaban formados los cuerpos celestes. Mezclando, como estos filósofos antiguos, lo verdadero con el delirio extraigo de la cremallera levemente bajada de una corredora con la que me cruzo el aroma antiguo y entero a moho del gimnasio frío y polvoriento, del chándal de las chicas, del colegio, de la sexualidad suave e imbécil de los doce años…



miércoles, 1 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Ego trip (y II)



28 de septiembre de 2014

Domingo por la mañana. Día vivo. Rastro. Nubosidad juguetona. Contornos nítidos. Verde radiactivo. Sol escalfado… me fastidia ir corriendo. Yo, que no tengo ninguna prisa. Detente y huele las rosas. De acuerdo. A la vuelta. Lo que me sobra es tiempo.
Esto tiene que ver con el concepto de albedrío. Oh, el albedrío. Y su  relación con el humor, el espacio y, sobre todo, la velocidad. Aunque la gente haga por ignorarlo, nos gustan las cuerdas, estar atados. No hablo ahora de la tribu (es lo que más amamos) sino de todas las jaulas y correas que lamemos e impregnamos con nuestro aroma (por cierto, en esta temporada de depuración me he sorprendido oliendo a cosas de mí mismo como de niño. Efluvios libres de veneno no arrojados, creo, desde la cuna). La madre sana, el dinero en el banco, el coche en el garaje, los dientes sin caries, la cama hecha… Estamos conectados a gran cantidad de objetos y personas y su bienestar o mera existencia nos afecta queramos o no. Mi idea es que la libertad es un fantasma multiforme igual de inaprensible que pueril. Vamos, que la libertad no existe. Además, emponzoñados por el cinematógrafo, la mala literatura, los cantautores y la publicidad, los grandes conceptos suenan ahora a eslogan nacionalista o a anuncio de pañitos higiénicos. De ahí el recurso de ligar la libertad con la aceleración. El individuo (o individua) libre o que abraza (es el verbo) la libertad tripula caballos, botes o descapotables y agita su melena por espacios abiertos. Digresión: los amantes, en este mismo tipo de ficciones, hacen lo contrario. Se muestran unidos y dando vueltas (como yo mismo). Pero no huyen. Están sujetos a un eje. No son lineales sino giratorios; de danzas, carruseles y tiovivos. Fin de la digresión.
La libertad de fantasía (creo, repito, que no hay otra) parece no tener que ver con la masa ni con la dirección, sino con el potencial gravitatorio. Curiosamente, la libertad por antonomasia, la de volar, ahora se ha convertido en una operación consuetudinaria, que elimina enseguida la decisión y nos obliga a un comportamiento de ratones en un laberinto. Tampoco te dejan bajarte donde te apetezca. Libre como un pájaro. Ya.

Ah. Lo conseguí. Reduje a ochenta y cinco kilos (mi masa). En las fotos tomadas en la inauguración del acto para el que quería deshincharme esto resulta inapreciable. Aunque no parezco Chicote, no. Parezco el puto Marlon Brando de Apocalypse Now.




La metamorfosis invisible. Convenientemente disfrazado de artista (o de monstruo de Frankenstein) parece que estoy diciendo: ¿Qué te voy a contar, hija? Esta imagen no salió publicada en ningún sitio, pero está muy graciosa.













miércoles, 24 de septiembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Ego trip


22 de septiembre de 2014


Dialécticas. Apocalípticos e integrados. Bandos. En España, como señaló Freud, que era un poco psicólogo, tendemos al fanatismo. Me noto esa pulsión, que atribuyo a la vagancia. El pensamiento perezoso taxonomiza rápidamente: bueno / malo. Conveniente / inconveniente. Bello / horrible. Esto, claro, no tiene nada que ver con la realidad. Aunque se suele dividir entre platónicos (tendentes a la generalización) y aristotélicos (que gustan de la diferencia y la individualidad), los dos estaban de acuerdo en muchas cosas. Por ejemplo y sobre lo que nos toca: tanto Platón como Aristóteles eran partidarios de la educación física y los dos, enemigos del tipo de vida llevado por los atletas profesionales, a los que veían sobrealimentados y somnolientos (República y Ética a Nicómaco, respectivamente). Me explico: como no quiero llegar (otra vez) a una inauguración mía hinchado como un odre, llevo casi un mes sin comer ni beber. La eterna pelea entre Dioniso y Apolo, entre Joe Strummer y Chicote (me parezco a uno u otro según mi comportamiento)… Las riberas del Bernesga están ahora llenas de árboles y vegetación. Lo que me hace pensar también en dimorfismos urbanos, en la cristalización de las ciudades en sistemas diferentes; hay ciudades carnívoras y herbívoras. León es sin duda una ciudad herbívora. Vacuna, incluso.