domingo, 8 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Full Metal Wanker



7 de septiembre





Gunnery Sergeant Hartman:[ singing] Up in the morning to the rising sun!
Recruits: [singing] Up in the morning to the rising sun!
Gunnery Sergeant Hartman: [singing] Gotta run all day... till the running's done!
Recruits: [singing] Gotta run all day... till the running's done!*


Tampoco es eso. Ya hice bastante mili. Pero si un día corro un rato y otro estoy once horas bebiendo, no vamos a ningún sitio.


*”Me levanto por la mañana con el sol / corro todo el día hasta que se acaba el correr”. En inglés, como ven, rima.




jueves, 5 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. En casa



5 de septiembre de 2013


Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, decía Aristóteles, que era repetidamente excelente, no es un solo acto sino un hábito. Yo mismo he hecho cosas bien muchas veces, incluso a diario (aunque, desde luego, correr no es una de ellas).


El que intenta conseguir un gran logro de una sola vez
, afirmaba asimismo Samuel Johnson, lo más posible es que no consiga nada en absoluto.

¿Por qué reproduzco estas motivantes máximas? ¿Para convertir mis escritos en lucrativas pamplinas de autoayuda? Debería. Autoayuda. Qué término tan gracioso. Ya que me autohablo, me autoanimo. Además mi mujer se fue de viaje y me ha traído de regalo otros leotardos. Así que salgo a correr. Ya en León. Pues así siempre. Venga. Un pie detrás del otro, me autodigo. Durante quince minutos. El viaje más largo empieza por un solo paso. Ya. También el más corto.

Un libro de autoayuda normal escrito por el Anticristo (o por Ron Swanson) en persona. Pues no vendió nada. Se fue enfadadísimo.






miércoles, 4 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Les vacances de Monsieur Rodera



1 de septiembre de 2013

Me levanto a las ocho y media y salgo a correr por el campo (todavía estoy en el campo). No me había levantado a las ocho y media un domingo desde hace… nunca. Para restablecer cierto equilibrio gárrulo (de facundo o parlanchín) tras la paz silvestre voy a Gradefes a ver fútbol matinal. Estrépito de bar. Balones a la olla, taruguez, Iker en el banquillo, se va Özil…. Bertolucci se encontró a Brando. Ancelotti se encontró a Zidane. Y los dos creen (o les hacen creer) que el mérito es suyo. Ah, corro lo mismo que hace dos días. Mmmm. Sí. No me gusta Ancelotti.


Beatus ille, el campo deleitoso, la paz de estos desiertos… El agro no es… romántico. El esplendor en la hierba y la gloria en las flores me traen sin querer a la cabeza olor a estiércol, excoriaciones en los dedos, avispas y dolor de lomo. Cuando oigo lo de la tierra roja de Tara que le dicen el padre y Ashley Wilkes a Katie Escarlata no pienso en la fuerza que le suministra o las dudosas raíces morales de que la provee. Ahora malicio que la tierra roja de Tara es con seguridad ligeramente ácida con un ph de siete o algo menos y de arcillas, propicias para retener agua (y que mantienen la humedad todo el ciclo del algodón*), ricas en hierro.


*Y de los esclavos y de la arrogancia.







La obligada compañía del corredor en círculos. Come prima



30 de agosto de 2013



Tras dos meses de sofocante holganza a la retestera intentando convertir las ingratas calvas de Pequeña Reata (véase Villahibiera, véase Villa Modorra, véase Canal Bajo de Payuelos Fase I) en oxonienses verduras o, al menos, en praderas similares a las de los Campos de Sport del Sardinero (sin conseguirlo), vuelvo a correr. Oh, oh. Recupero las sensaciones primeras del año pasado: quince minutos estrictos, bojas y fatiga seguida de injustificada euforia.
En el campestre cruce hacia Herreros me aproximo en lento (por el suspense y porque corro muy despacito) travelling a un solitario (y misterioso) coche aparcado. Nadie al volante. Nadie alrededor. Si la vida fuera un telefilm dentro debería haber un cadáver. En la primera escena de este tipo de productos un despreocupado deportista siempre encuentra un cuerpo muerto (o fiambre, según la jerga que los polizontes, o sabuesos, usarán después). Evidentemente el coche está vacío y su conductor supongo que andará un poco más arriba abriendo el hidrante para regar la remolacha. Pero, al no ocurrir nada (en mi vida), pues me invento películas.


jueves, 22 de agosto de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La magnitud de la catástrofe



12 de agosto de 2013



Ya he enseñado cómo funciona la comedia (jo, jo) y de lo que tratan los libros (demostrar que el autor es más listo que los demás). Hoy me toca explicar el único tema de la ficción: un personaje describe o se enfrenta a su propio mundo que se desmorona (o cambia de cualquier modo) a su alrededor. Se da cuenta de que su percepción está equivocada, de que nada de lo que era seguro existe, de que lo impensable ha ocurrido. Esta constatación puede ser más o menos trágica; al igual que la reacción del personaje (Dostoievski, Victor Hugo, Stan Lee…). A veces incluso para él (o ella) solamente sentir o percibir es ya horrendo (Camus, Beckett, Jim Henson…). Es decir: la literatura sólo trata de la mudanza (a peor).

Me subo a estos pedestales porque, justo en el momento (lo juro) en que estaba considerando volver a correr a pesar del calor y de la jeta que le estoy echando este verano, tropiezo con una pesada tumbona y me abro la uña del dedo gordo del pie derecho, que se queda levantada noventa grados: como el capó de un coche. Imagen que me perseguirá durante mucho tiempo y que atesoraré con otros recuerdos espantosos: cuando se me salió la cabeza del húmero de su hueco (su hueco es la cavidad glenoidea de la escápula), la vez que me serraron una muela después de sajarme las encías o la ocasión en que me hicieron una biopsia en la punta de la polla. Esta última y grimosa catástrofe, similar tanto en su localización anatómica como en lo campestre y estival a la lesión de Sebastian Flyte* aunque mucho menos aristocrática, me mantiene, claro, lejos de los caminos de la concentración parcelaria y de los de la ampliación del Canal Bajo de Payuelos (en su fase I) que todavía no he hollado ni un solo día. Ahora excusa tengo. ¿O hace falta que ponga foto?


*Believe it or not, playing croquet. He lost his temper and tripped over a hoop. Not a very honourable scar.





jueves, 1 de agosto de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Put me in the water



26 de julio de 2013



Las vidas americanas no tienen segundo acto, decía Scott Fitzgerald*. Las españolas, sí. La mía, por ejemplo. Soy el segundo acto de las Fiestas de Gradefes.

Aún no corro. Pero sueño con correr. Igual vale. Según los aborígenes australianos (un día contaré lo que creen los aborígenes australianos) es lo mismo.

*"There are no second acts in American lives."
F. Scott. Fitzgerald. Notes from his unfinished novel The Last Tycoon



En el aula del río. El río. Cómo no.










La obligada compañía del corredor en círculos. Los mejores años de nuestra vida



23 de julio de 2013


Sigo en el campo (véase Pequeña Reata, Villahibiera, Villa Modorra y Canal Bajo de Payuelos fase I) ordenando pastos y ni corro ni escribo. Ni siquiera leo mucho. Me separo de gimnasias y literaturas con gran facilidad ya que mi trato con ambas disciplinas siempre ha sido superficial e irrespetuoso y no siento ninguna melancolía alejado tanto de las pistas de macadán como de la lectura o la escritura. Así me evito agredir personalmente al melifluo escribidor (aficionado o profesional) de manina en moflete que se sienta obligado a infligirme el enésimo artículo veraniego (o navideño, o primaveral) El aroma de los libros y anote cómo baraja volúmenes y referencias y describa cómo departe con su dispensador de tomos y la manera en que el olor de éstos (que ama sobre todas las cosas) invariablemente le evoca cualquier pendejada. Los libros viejos huelen a lignina con porquería y los nuevos a benceno. Ya está.

Volveré, de todos modos, a correr. Lo sé. Pero no me impongo fechas ni plazos. ¿He alcanzado la calmosa paciencia del hombre de campo? Ayer noté un cambio en mi carácter. Al serme prometidos cuatro nogales para mi casa solariega (la digo solariega por su notable parecido con un solar) se me urgió para que excavase de inmediato cuatro agujeros que alojasen dichos árboles. El antiguo Rodera hubiera corrido con la relampagueante velocidad del periodista de entrega diaria y empuñado vertiginoso pico y azadín para que las juglandáceas tuvieran hoyo y alojamiento antes de que terminasen de serme ofrecidas. Mas no, pensé con imperturbabilidad sufí, estoicismo grecolatino, paz zen, armonía védica y budista desapego: me voy a poner a cavar ahora por los cojones.

¿He alcanzado pues la sentenciosa e indiferente sabiduría del ser agrícola, con su  comprensión de los transcursos y la percepción de las estaciones? ¿O confundo este manso y apacible don con la sencilla, con la humilde y doméstica resignación?

El calor, atributo de Lucifer, donde todo se funde y se soba es un territorio de espejos o espejismos así que también puede ser, claro, que me esté convirtiendo en un redomado vago.



sábado, 6 de julio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Beatus ille o I fought the lawn (and the lawn won)



6 de julio de 2013


Vuelvo a vivir temporalmente con el sauce llorón más valeroso del mundo y mis cipreses, surtidores de poca sombra y mucho sueño. Y no corro nada porque estoy ejecutando cosas campestres. Y porque hace mucho calor. Y porque me lacero las extremidades inferiores con ingratos trabajos de mantenimiento y por el cambio del ejercicio monótono y muelle con zapatillas buenas (dotadas de enormes y caras amortiguaciones) a retorcidos deberes con innobles chancletas incluso de dedo. Hasta tres pares de sandalias han masticado primero la orografía ora empapada ora agreste del pegujal y luego (y con mayor ferocidad) mis delicados pies. También me hago heridas en manos y brazos, pero no me valen como excusa para no salir a dar brincos. Que me canso y me hago ampollas y abrasiones, oigan; me habían entendido desde el principio. No ignoro que me esperan los balastos de la fase I del Canal Bajo de Payuelos. Y los extenuaré en cuanto acabe de cortar el seto. Ya he rapado dieciocho metros. Sólo me quedan cuarenta y dos.

Este año no trato (mucho) con técnicos de neveras, motores y aires acondicionados y sí con… herreros. Dos. Dos herreros. Ante la enorme tarea de soldar una bisagra y conociendo la fragilidad de las operarias promesas que me han roto el corazón con anterioridad, como un nuevo Marte contacto astutamente y sin decirles nada con ambos expertos… ¡a la vez! ¡Mu ha ha ha ha!

En sus vulcánicas fraguas, curiosamente, no se oye el fragor del martillo sobre el yunque y sí el cloqueo de sus gordas gallinas. De hecho varias veces sólo se oye eso porque ellos no están. El ganador cuando va a casa me aconseja que ponga yo también gallinero. Que sitio tengo. Le digo que en Hefesto. Pero creo que no me pilla el chiste.





viernes, 28 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El problema español


27 de junio de 2013


La mejor (y única) parte buena de estos viacrucis es la de regresar a casa, extenuado pero satisfecho, con muy reposado continente. Por el camino de vuelta más corto atravieso la Avenida de la Facultad justo a la altura de un kiosco de prensa que exhibe docenas de periódicos y revistas. Carne cruda. Algunas chavalas pero (¡ah!) también gran cantidad de hombres enseñando tabletita en publicaciones con títulos como Men’s Heat, Sports Ahoy! o Muscle Tov. Incluso hay dos revistas de cine que sacan precisamente a Superman y Lobezno, criaturas con un porcentaje diríase negativo de grasa corporal. Trato de buscar algún ser de mi mismo reino, orden y especie con el que identificarme hasta que mis ojos reposan sobre la portada de Historias de la Historia, que lleva la pícnica y tranquilizadora estampa de don Manuel Azaña. Dios es grande en el Sinaí (ya, ya sé que eso no es de Azaña, sino de Castelar). Menos mal.






miércoles, 26 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Streakin' politely


26 de junio de 2013


Hoy quizá me dejé llevar por la euforia de las Fiestas de San Juan y San Pedro que chamuscan León levemente estos días y cuyo singular programa (supongo) ha centrifugado a la gente a otras zonas de la ciudad. Así que, aprovechando que en algunas partes de la orilla del río no había personas en absoluto y hacía muy bueno, estuve corriendo un rato sin camiseta. Aunque resulta muy… refrescante (perdón) anduve pendiente como si tuviera puestas las largas.
















martes, 25 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Nuevas aventuras concéntricas



25 de junio de 2013



Después de catorce gandules días saturados de etanol vuelvo a bajar a la orilla del Bernesga. Ejecuto (sorprendentemente) mi suelo: veinte minutos. Persigo (pretendo, quiero, suspiro por o aspiro a) hacer media hora de ejercicio todos los días. Todos. No es nada. Es media hora. Tengo libres dieciséis. Media hora. ¿Eh? Venga. Treinta minutos. Vamos. Eeeeh… Sí.

Se presenta el libro La obligada compañía del corredor en círculos en mi no demasiado romanizada ciudad. Me someto a diversos guiñoles y obedezco algún cuestionario. Si hace dos entradas hablaba de la imposibilidad del movimiento de los objetos hablaré ahora de la imposibilidad de la comunicación entre ellos. Durante varios días seguidos digo cosas más o menos razonables que se convierten por algún motivo en tonterías directamente navegables según se reproducen. La pregunta más repetida es ‘por qué corres’. No les parece válido mi intento de respuesta en doscientas páginas y parecen querer abrochar alguna idea de dos líneas. Me parece normal. Los periódicos tienen muchísimas páginas y las radios y televisiones retransmiten todas las horas. En el futuro todos seremos trending topic durante un minuto.

Hablar de correr es casi tan aburrido como hacerlo. Si eres perseverante u obstinado o no tienes nada más que hacer o te posee ese afán… pues primero corres despacio un poco y luego corres más deprisa más tiempo. Eso es todo. Fin. Kaputt. The End. Koniec. Fine. Game over. Me resulta absolutamente imposible desarrollar un discurso más complejo sobre el tema. Los gimnastas que tratan estos temas (y baten los caminos) durante horas me tratan ora con paternalismo ora con desconfianza. Mi indiferencia les parece una agresión. La prensa (nunca la llaman crítica) deportiva es muy violenta y el sentido del humor les parece una imperdonable falta de respeto.

Después de estos malentendidos trato de hablar del género ensayístico o de literatura… con el mismo éxito. En total: al no encajar en ningún mundo, continúo sin pandilla. Puede parecer halagador que le hagan casito a uno un rato pero se pasa enseguida cuando se ha de contestar en serio a cuánto hay de autobiográfico en un diario.





El acto. Léase con la nasal voz de el NO-DO: "En el leonesísimo e incomparable marco del Palacio de Gaviria y ante una sala abarrotada tuvo lugar la literaria puesta de largo..." El señor que está hablando es el admirable Luis Grau, presentador de la cosa y de mí mismo, al que me une una amistad normal. Director del Museo de León, sabio en muchas disciplinas, ágil de sus miembros, esforzado como un extremo izquierdo, paciente como un capuchino y poseedor de diversos humores, todos buenos. Digo todo esto porque es verdad y porque se me olvidó mencionarlo en el teatrillo. L'esprit de l'escalier de Diderot, ya saben.



martes, 11 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Gótico flamígero


11 de junio de 2013



En una salida lluviosa se me ocurrió que los diarios tristones deberían tener las letras emborronadas. Con tipos de tinta china lacrimeante, corrida y vertical. Sería una aplicación terrible para las niñas dismenoheridas. Seguro que está inventado (curiosamente inventar y venta tienen raíces diferentes). Claro que, por la misma lógica, las notas de días como hoy, de verano mordisqueante y juguetón, deberían consignarse con gordas letras redondas de color calabaza. Olvídenlo. Es una idea horrible.












lunes, 10 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Un flecha en un campamento



10 de junio de 2013


Los pensamientos del corredor en círculos tienden a ser circulares y en pensamiento nada hay más circular que una paradoja. Una de las paradojas o aporías de Zenón de Elea (en teoría planteó unas cuarenta, de las que Aristóteles glosa nueve o diez, cuatro de ellas sobre el movimiento) es la célebre de Aquiles y la tortuga en la que pone en duda, si no la existencia misma del movimiento sí su inteligibilidad o comprensión.



En realidad viene a ser la misma paradoja de la dicotomía o bipartición de las distancias pero (¡ah!) dotada (como dice Jorge Luis Borges) de un héroe y de una tortuga. Borges llega a afirmar en su Avatares de la tortuga que “a esos competidores mágicos (junto con la sencilla serie matemática de fracciones) debe el argumento su difusión”. Yo también lo creo. La idea en realidad más que paradójica es pueril: si las distancias se pueden partir infinitamente, el tiempo y energía que las recorra debe ser asimismo infinito, lo que imposibilitaría cualquier progresión. Antes de recorrer uno debo recorrer medio, antes de ese medio la mitad; antes, la mitad de esa mitad… Así, el pélida de los pies ligeros nunca podrá ni siquiera empezar a desgastar la ventaja concedida al galápago.

Borges escribe también que le “gustaría conocer el nombre del poeta que la dotó (a la paradoja) de un héroe y de una tortuga”. Bien. Pues el poeta puede ser el mismo Zenón. O Aristóteles, que lo reproduce. O, prosiguiendo con el argumento lenticular, Parménides: inventor primero de todas las paradojas que Zenón se limita a volver a plantear (y que Aristóteles repite y que Borges se complace en y que yo aquí ahora…).


¿Puede existir el movimiento? Y si existe ¿podemos colegirlo? Me empeño en refutar a Heráclito* bajando cada dos por tres al mismo río. Y a Zenón, no alcanzando jamás a la tortuga… ¡sin haberle concedido ninguna ventaja!

*
ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε
En los mismos ríos entramos y
[en los mismos ríos] no entramos; somos y no somos [los mismos].



La paradoja de la flecha detenida o en reposo en un periodo de tiempo. Pero con un avión en vez de una flecha. Y con un pulpo gigante.






¡Ya a la venta el libro con los hilarantes primeros trece meses de mis hazañas! ¡Oh! ¡Oh!
A la venta (entre otros sitios) en Amazon y tal:
http://www.amazon.es/obligada-compa%C3%B1%C3%ADa-del-corredor-c%C3%ADrculos/dp/8494123408/ref=sr_1_9?ie=UTF8&qid=1370892170&sr=8-9&keywords=rodera












martes, 4 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Las edades de la arena



4 de junio de 2013



Veintipico grados. Solecito. Velocidad media del viento: poca o ninguna. Bolas de polen e insectos consumidos: ciento cincuenta gramos. Paisanas enjutas que se ponen en el medio de cruces o vías: muchas. Circunscritas a las aceras de los supermercados durante el invierno, pululan y entorpecen entradas, salidas y pasarelas de todas partes durante el verano. El amoniaco que parece constituir su sistema sanguíneo (y la base de su dieta) debe de hacerles creer que son invulnerables al impacto con un sudoroso fulano de noventa kilos (siempre peso noventa kilos; igual los números de la báscula son una calcomanía) vestido enteramente de negro, cara de mal humor y una velocidad de crucero suficiente como para hacerlas volar (a ellas y a su puto cigarrillo Fortuna) hasta el segundo carril de la Carretera de Valladolid. ¿¡¡Es que no me ve, señora?!!


domingo, 2 de junio de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La risa de Baco o Mi gran boda armenia



2 de junio de 2013

Los griegos clásicos se tomaban muy en serio el deporte. Como dirían Les Luthiers: "entre los griegos el deporte y el espectáculo no eran menos importantes que el estudio. Eran más importantes". Platón llega incluso a denunciar con virulencia los competitivos excesos y seguimientos de tanto brinco y tanta flexión, aunque Sócrates sigue haciendo sus tablas de gimnasia hasta el día de su muerte (según cuenta Jenofonte en El banquete).

En Las ranas, el cómico Aristófanes describe dos nostalgias: la de que ya no hay autores buenos (sentimiento que comparto) y que los deportistas tampoco son lo que eran. El dios Baco (o Dioniso) se ve obligado a bajar al infierno (el Hades) a buscar a Esquilo o a Eurípides (que había muerto hacía poco) para que escriban obras en su honor, ya que los dramaturgos vivos parecen ser una chufa. No vamos a entrar en por qué poetas tan buenos estaban en el infierno pero, a lo que íbamos: lo de los deportistas. Dioniso (o Baco) se burla de los atletas contemporáneos de Aristófanes con estas palabras:

"…por poco me muero de risa en las Panateneas (Juegos similares en prestigio y popularidad a los Olímpicos), cuando vi a un hombre pesado que corría encorvado, pálido, gordo, quedándose rezagado y haciendo terribles esfuerzos".

Que sirva este párrafo como mi justificación para no concurrir a los múltiples certámenes que se desarrollan a diario en todas partes: no quiero que el borrachín de Baco, dos mil cuatrocientos dieciocho años después de reírse de ese gordo concreto, se ría ahora de mí.

¿A qué viene todo esto? A que me siento (ut supra semper la burra al trigo) culpable. Siete días sin correr. Semana en blanco respecto no sólo a eso sino a absolutamente todo lo demás rematada por una emblemática boda familiar en León (en San Marcos: no me alejo jamás de la orilla del río). Emblemática y españolísima porque la novia trabaja en Moncloa y el novio más allá de la Península de Anatolia. Por algún motivo (que no me explico) esta ceremonia y sus fastos me dejan aún más triste de lo que me encontraba, así que hoy salgo con la intención de restablecer algún equilibrio químico perdido, alejar esta abrumadora e injustificada melancolía y afilar un poco la chivata cara de rata gorda que se me pone enseguida. En lo que me descuido.



lunes, 27 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Relicta est in urbe solitudo…



26 de mayo de 2013

Cuando era pequeño los domingos por la mañana me obligaban a ir a misa, así que me acostumbré a perder y sufrir ese tiempo en la ejecución de ritos molestos y vacíos de significado: ahora salgo a correr. Para llegar al río tengo que atravesar el rastro. Los puestos disimulan el carísimo crimen cometido en la remodelación del paseo de Papalaguinda*, ahora vigilado ceñudamente por casamatas de hormigón tapadas con placas de un alegre color negro que muestran su desacuerdo hacia esta vandálica actuación cayéndose de su emplazamiento cada dos por tres. Cinco años llevan estas pizarras tratando de huir sin que los insuficientes pegamentos del Consistorio puedan hacerlas desistir de su propósito.

Me gustaría sentir indiferencia por los distintos delitos y despilfarros urbanísticos que estrangulan esta desdichada ciudad. Pero no puedo. Tengo una enfermedad. El síndrome de Stendhal al revés. Describía el escritor sus emociones al salir de la Basílica de la Santa Cruz:

“…una especie de éxtasis, provocado por la idea de estar en Florencia, cerca de esos grandes hombres cuyas tumbas había visto. Arrebatado por la contemplación de la sublime belleza […] Todo hablaba a mi corazón tan vívidamente […] Tenía palpitaciones […] Se me iba la vida. Caminaba con miedo a desplomarme”.


A mí me pasa cuando veo los suelos llenos de mierda, las paredes pintarrajeadas, las avenidas congestionadas de cachivaches, los edificios desdentados, la desidia y vulgaridad de los últimos desarrollos de León. Me mareo. Lo llamo el Síndrome de Rodera.

Y por eso corro poco. Por el síndrome.


*Papalaguinda es el regocijado nombre que recibe el hasta el siglo XVII Paseo del Calvario debido, según parece, a una conjunción de anacolutos y sinécdoques entre la expresión pelar la pava, una canción de comba (mi mamá me dio una guinda / mi papá me la quitó / y me puse más colorada / que la guinda que me dio) y un diálogo sobre cómo debería llamarse este boulevard (y zona pera de requiebros) entre los periodistas Estrañí y Clotaldo en la prensa leonesa de finales del S. XIX. Parezco un cronista rancio.


martes, 21 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Haz lo que debas


21 de mayo de 2013



"- There’s nothing
wrong in being a physical wreck, you know. There’s no moral obligation to be Postmaster-General or Master of Foxhounds or to live to walk ten miles at eighty.
- ‘
Wrong’. - I said. -‘Moral obligation’. You’re back on religion again.
- I’ ve never left it. - Said Brideshead".


Brideshead Revisted.
Evelyn Waugh


"- No hay nada de malo en ser una ruina física, ¿sabes? No existe la obligación moral de convertirse en director general de Correos o maestro de monterías o de vivir para caminar quince kilómetros a los ochenta.
-
Error. - dije - Obligación moral. Otra vez has vuelto al tema de la religión.
- Nunca lo había dejado- dijo Brideshead".



Yo no tengo las seguridades de Bridey sobre la ética del asunto de las carreras en particular o del deporte en general (ni sobre muchos otros). Los ateos tenemos que fabricarnos nuestros propios imperativos categóricos, cosa que es bastante menos ridícula que atender a los mandamientos prefabricados por iluminados individuos que hablan con invisibles y abstractos demiurgos… Como digo es cosa menos tonta, pero lleva tiempo.

A diario estamos más cerca de la filosofía de lo que creemos. Basta con que nos pongan a dormir sobre el suelo en un futón delgadito con manchas sospechosas en casa de cualquier amigo para que todos nos hagamos las mismas preguntas trascendentales: ¿Qué hago aquí? y, sobre todo, ¿Por qué?


Así, me interrogo permanentemente sobre la vanidad o necesidad implícita en este caso (de correr). Luego borriqueo un rato y se me pasa. Mis (ridículas) marcas y (escasa) tenacidad eliminan cualquier tentación de proselitismo kantiano (obra de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal) o petulancia y enseguida llego a la conclusión de que hay cosas que se hacen sólo porque es posible hacerlas; sin moralidad alguna que las respalde. Como los festivales de música ligera o los vaqueros de pinzas. Y sobre la salud y los motivos griegos de conectar mente y cuerpo y tal tengo la seguridad de que viviremos doscientos o trescientos años en cuanto no nos apetezca vivir ni cincuenta.



De vez en cuando elaboro estas bobadas tipo tumblr que sólo me hacen gracia a mí.





viernes, 17 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Volver al Colinón



16 de mayo de 2013


La palabra imbécil viene del latín im (ojo, el prefijo latino im significa sin sólo en adjetivos, no en verbos) y becillis (diminutivo de baculus, bastón). En teoría el imbécil es el que carece de bastón o experiencia o sabiduría. El que no se apoya.
Idiota viene de la raíz griega διος (ídios), que alude a lo personal, lo privado y forma palabras como idiosincrasia o idioma. Lo propio. En teoría el idiota es el que sólo se preocupa de lo suyo. El egoísta.

Según estas solidarias etimologías el aislamiento de la sociedad o la despreocupación por los demás nos hace tontos. Creo que me estoy volviendo tonto. No es broma. Me parece que cada vez pienso peor. Es posible. No lo sé. No lo contrasto. Me encuentro aislado y sin bastón. Ha vuelto el frío, corro lo mínimo y el alcohol es un depresivo que no me pone (claro) más contento.

Le comento el caso a mi mujer mientras estamos viendo un telediario en el que marionetean unos incomprensiblemente risueños gestores del dinero público.

-Creo que me estoy volviendo imbécil.
-¿Como esos?
-No tanto.






sábado, 11 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Mantenimiento.


11 de mayo de 2013


Corro un rato. Sexto día de ayuno y vigilancia. Yo creo que ya está bien. Mañana me voy al pueblo a romperme un rato la espalda y por la tarde pienso complacerme con voluptuosidad y caminar con la cabeza desnuda por la hierba alta en el suave clima primaveral lenta, deleitosamente... hasta un bar. A ver el fútbol.



La obligada compañía del corredor en círculos. La obligada compañía del corredor en círculos



9 de mayo de 2013


Hoy transito otra vez el Torío y esta vez sí regreso corriendo. Al dar la vuelta a la altura de la Avenida de Madrid me quedo un instante mirando los pinos y La Candamia con la carita del perro Buck en La llamada de la selva. Bueno. Algún día.

La célebre soledad del corredor de fondo se ha convertido en un chiste malo. No hay ahora mismo actividad más gregaria y pululante que esto de galopar en polígonos irregulares. Antes nos juntábamos con gran dificultad veintidós para jugar al fútbol, pero ahora se apelotonan enseguida veintidós mil para correr en cualquier certamen o justa o romería de estas cosas (que parecen organizar a diario). Y si no, pues salen a estorbar la orilla del Torío (que ahora remonto) en cuanto el termómetro marca más de dos grados. Los marcos incomparables por los que trota(mos) la gente parecen los de ¿Dónde está Wally?

4ª jornada de acendramiento. Me aburro bastante.



miércoles, 8 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La lotería en Babilonia



7 de mayo de 2013

En la antigua Babilonia (pongo lo de antigua porque según los rastafaris* ahora vivimos en la moderna) cuando sabían que iba a producirse un eclipse total de Luna, que ellos consideraban horrendo augurio, el rey cedía su corona a un asesino que tuvieran forzado. Así, los nefastos sucesos que presagiaba el evento caían sobre la cabeza de este vicario monarca provisional. Pasado el eclipse se decapitaba al cautivo y el rey volvía, limpio de auspicios, a sus babilónicas tareas.

De esto tratan, me temo, no sólo las carreras que me doy sino todas las literaturas: de intentar engañar (sin conseguirlo nunca) al destino, a la decadencia y a la muerte. De los viajes de Odiseo a las brujas de Macbeth, de las Comedias bárbaras de Valle Inclán a Blade Runner. ¿Quién soy? ¿Qué me espera? ¿Quién debería ser? ¿Cuánto me queda? y, sobre todo, ¿Por qué tan poco? La tragedia trata de la terrible existencia del tiempo, su inevitabilidad sucesiva y nuestra ceguera al combatir lo fatal. La comedia baraja las mismas logomaquias pero sabiendo que el protagonista no tiene ni idea y que, en realidad, está permanentemente haciendo el rídiculo. En la tragedia el héroe (y el público) sabe que va a perder al tute llevando diez triunfos; en la comedia juega la partida sin ninguno. Oye, se me puede decir, ¿si eres tan listo y conoces tan bien los mecanismos de los géneros por qué no escribes perforantes novelones o divertidísimos entremeses en vez de estas pendejadas? Buena pregunta. Por la misma razón que conozco cómo funcionan las bajas presiones y no puedo hacer llover.

2º día de mortificación.

*Escribo rastafari sin cursivas ya que el término aparece (en realidad, aparecerá: todavía no se ha editado a esta fecha) en la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

rastafari
1.
adj. Seguidor de un movimiento religioso, social y cultural de origen jamaicano que se caracteriza por transmitir sus creencias a través de la música, defender el consumo de marihuana y el uso de una indumentaria y un peinado característicos. Movimiento rastafari. Militantes rastafaris. U. t. c. s.
2.
adj. Perteneciente o relativo a ese movimiento o a sus partidarios.


lunes, 6 de mayo de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Vigilia



6 de mayo de 2013



Una semana nutriéndome de fútbol, alcoholes, ácidos orgánicos, ésteres y aldehídos; y destilando de esa fermentación poco o ningún consuelo. Vaya por Dios. Ahora la luz dura mucho y los días son más largos. Es una pena que no me apetezca estar despierto.

En el río, mucha gente nueva. Aterrados ante la cercanía de la temporada de lorza vista, supongo. Me pasa una chica a gran velocidad bandeándose, oscilando y cabeceando come fossi una bambola. Me doy cuenta hasta yo. Así, pienso, no puede seguir mucho rato. En efecto: al cabo de unos metros se para y empieza a andar despacito. Siento ganas de detenerme y darle consejos: Verá, señorita, he podido percibir… Pero, naturalmente, no lo hago. La adelanto intentando que mis erguidos movimientos, vertical postura, perpendiculares desplazamientos y, sobre todo, mi orgulloso silencio, le sirvan de ejemplo. Juá.

Sep, ya noto cosas y corrijo comportamientos, aunque sea mentalmente. Qué cojones: ¡he escrito un libro sobre el tema! Por fin lo puedo decir. No lo vendo porque todavía no tiene distribuidora, pero existir, existe.

Ah, hoy empiezo una nueva fase de depuración (y van…). 1ª Jornada.






Siempre me fascinó este sello acuñado en el año de mi nacimiento (aunque, me temo, no con ese motivo). Representa a un chasqui. Un trocador inca. Llevaba y traía mensajes y objetos por la extensísima red de caminos que construyó esta civilización. Relevándose y descansando en tambos después de haber corrido en una sola jornada a veces más de doscientos kilómetros. Igual que el Pony Express, pero sin pony. La  imagen, bastante inexacta, le muestra sin la mochila o qüepi y sin su mnemotécnico quipu de cordeles; tocando una zampoña (?) en vez del pututu o pututo o caracola (o cuerno) con la que anunciaba su llegada… y con un notable parecido al actor cinematográfico George Clooney.



lunes, 29 de abril de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La espantá



29 abril de 2013

“…no fue que tuve que hacer ninguna… ningún sacrificio ni exceso; que se ponían voluntarias para darles cualquier cosa o cualquier palabra amorosa…”

Sobre propósito y deseo. José Toxeiro. Damnificado y poeta oral


Me pongo voluntario y huyo hasta el quinto pino. Hoy remonto el Torío y voy loin, bien loin, comme un bohémien, par la nature, heureux comme avec une femme y me tengo que volver andando porque no puedo con las gambas (por seguir con los galicismos). Cuando salgo la ropa me queda ajustada pero en el retorno parece colgar de una percha. Es muy agradable. Los toreros dicen lo mismo: al hacer el paseíllo casi no pueden moverse aunque luego, en el momento en que sale el toro, se les puede meter el dedo entre la cintura y la taleguilla. En su caso no es nada agradable. Pobre Curro Romero. Corría bastante más que yo.