jueves, 30 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Faster, Pussycat! Kill! Kill!




27 de octubre de 2014


Si llego a saber que este verano iba a durar seis meses hubiera estado de mejor humor estos… seis meses.





La obligada compañía del corredor en círculos. La dudosa vida de las plantas



23 de octubre de 2014



Salgo de noche, en camiseta; y corro más de media hora sin fatigarme. Lo primero será cada vez más común, lo segundo, ay, cada vez más raro y lo tercero… pues tampoco creo que dure mucho. Estamos a finales de octubre y aquí continúo con una inverosímil y mediterránea existencia de cóctel, alterne y terracitas. Muy raro todo. Quizá no tenga un mejor tono físico sino que el frío todavía no me ha hecho la llave Nelson.




jueves, 23 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Problema de los tipos



20 de octubre de 2014


¿Es un individuo que va a su segunda vivienda un festivo a vaciar la piscina, cortar el césped y lavar el coche un dominguero? Claro. Pero, ¿es ese mismo individuo todos los domingueros? ¿Es un divorciado que compra estanterías y lleva a sus niñas a ver a un conjunto de giratorios y juveniles cantantes todos los divorciados del mundo? ¿Es un fulano de mediana edad en leotardos corriendo por la ciudad todos los corredores de mediana edad en leotardos que corren por la ciudad que existen y existirán? Si me lo preguntan a mí la respuesta es sí. En efecto. Lo es. Lo son. Lo somos. Absolutamente. ¿Hay algo malo en convertirse en un estereotipo? ¿Es evitable (o, más bien, debería ser evitado)? Creo que ni siquiera es posible. Nada hay más burgués que intentar no parecerlo ni más arquetípico que huir de los arquetipos. Si uno prefiere vaciar el coche, cortar la piscina y lavar el césped entra en otro (igual de estereotipado) paradigma. Más molesto si cabe.





sábado, 18 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Palabras, palabras, palabras



17 de octubre de 2014


La Real Academia Española (a secas, al ser la primera academia no tiene apellido) saca la vigésimo tercera edición de su Diccionario que admite voces como amigovio (?), pechamen (!) o papichulo (!!) Aparte de las ya usuales (e inadecuadas y grotescas) españolizaciones de términos comerciales. No quiero mirar si han incluido runner. Son muy capaces.






La obligada compañía del corredor en círculos. Les feuilles mortes



14 de octubre de 2014

Corro media hora y podría seguir otra media. Supongo. Pero no lo hago. Porque me aburro. A veces me canso de hacer cosas en solitario. Luego veo que la alternativa es hacerlas con otros, agradando. Y sigo haciéndolas solo. Soy un ser horrible.









domingo, 12 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre de hierro



11 de octubre de 2014



Día real. Sábado. Once de octubre. Octubre existe. Los demás meses son más o menos fantasmagóricos. Pero octubre es el tope de gama. El auténtico mes. Sin vacaciones. Sin verano. Sin invierno. Sin hostias. El mes en el que SE TRABAJA y se hacen cosas. Yo no he hecho ninguna. Ni otros. Pero da esa impresión. Octubre es impresionante. Si no has conseguido nada en octubre, no conseguirás nada en el resto del año. No serás NADIE.

Creo que el lunes hay puente otra vez.














viernes, 3 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Odio



2 de octubre de 2014




Salgo cansado y corro poco tiempo y escasa distancia. Igual porque ayer estuve al sol, nadando y hasta un rato en un baño turco. Es probable que una cosa no lleve a la otra, pero era mi obligación consignarlo. Sobre todo lo del baño turco. Hace (todavía) un tiempo espléndido aunque a veces atravieso glaciales vaharadas de portal, avisos del ser de hielo que emboscado, terrible e inevitable, espera barrernos.

Se da una nueva columna/tipo en los periódicos: la del opinador seborreico sobre las personas corredoras. Estos tribuletes son muy molestados (mucho, enormemente) por la mera existencia de las personas corredoras. No les gusta nada que haya personas corredoras. Les parece un íntimo agravio el simple hecho de la persona corredora. Para justificar esta supuesta agresión, atizada con gran violencia por las personas corredoras, deben inventarse, claro, hechos disparatados: «El otro día estaba en mi casa y treinta y nueve corredores vinieron por el pasillo y me robaron los apliques». O «Viajando en avión estuvimos a punto de zozobrar y ser devorados por tiburones a causa de un corredor que se puso delante del aparato a hacer estiramientos». La vehemente intolerancia hacia las pobres personas que corren por descampados es asimismo disfrazada por apelaciones a las maneras («¡Gaspar Melchor de Jovellanos no corría!») o a la tradición («Nunca vi correr a mis abuelos, que dieron la vida para que pudiéramos merendar sin tasa y permanecer sentados en nuestros sofás»). El perfil del estilita anti-carreras es invariablemente el de un fulano de mediana edad con sobrepeso, fumador y aficionado al fútbol (!) Dios sabe que yo con esto de los brincos estoy muy lejos del proselitismo o la justificación, pero creo (quizá esté errado), que hay cosas mucho peores.



La Luna empieza a crecer. Tampoco viene a cuento, pero me complace la frase, sugerencia de todo.




jueves, 2 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El quinto elemento



29 de septiembre de 2014



Insisto: mi sentido del olfato es cada vez más espacioso. Lo que a veces es agradable y a veces (casi siempre), no. Otro encuentro con la esencia. La esencia como extracto de una sustancia aromática. Con el éter sutil y purísimo cuyo movimiento propio, según la filosofía antigua, era el circular (¡anda!). También según la filosofía antigua, de este quinto elemento estaban formados los cuerpos celestes. Mezclando, como estos filósofos antiguos, lo verdadero con el delirio extraigo de la cremallera levemente bajada de una corredora con la que me cruzo el aroma antiguo y entero a moho del gimnasio frío y polvoriento, del chándal de las chicas, del colegio, de la sexualidad suave e imbécil de los doce años…



miércoles, 1 de octubre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Ego trip (y II)



28 de septiembre de 2014

Domingo por la mañana. Día vivo. Rastro. Nubosidad juguetona. Contornos nítidos. Verde radiactivo. Sol escalfado… me fastidia ir corriendo. Yo, que no tengo ninguna prisa. Detente y huele las rosas. De acuerdo. A la vuelta. Lo que me sobra es tiempo.
Esto tiene que ver con el concepto de albedrío. Oh, el albedrío. Y su  relación con el humor, el espacio y, sobre todo, la velocidad. Aunque la gente haga por ignorarlo, nos gustan las cuerdas, estar atados. No hablo ahora de la tribu (es lo que más amamos) sino de todas las jaulas y correas que lamemos e impregnamos con nuestro aroma (por cierto, en esta temporada de depuración me he sorprendido oliendo a cosas de mí mismo como de niño. Efluvios libres de veneno no arrojados, creo, desde la cuna). La madre sana, el dinero en el banco, el coche en el garaje, los dientes sin caries, la cama hecha… Estamos conectados a gran cantidad de objetos y personas y su bienestar o mera existencia nos afecta queramos o no. Mi idea es que la libertad es un fantasma multiforme igual de inaprensible que pueril. Vamos, que la libertad no existe. Además, emponzoñados por el cinematógrafo, la mala literatura, los cantautores y la publicidad, los grandes conceptos suenan ahora a eslogan nacionalista o a anuncio de pañitos higiénicos. De ahí el recurso de ligar la libertad con la aceleración. El individuo (o individua) libre o que abraza (es el verbo) la libertad tripula caballos, botes o descapotables y agita su melena por espacios abiertos. Digresión: los amantes, en este mismo tipo de ficciones, hacen lo contrario. Se muestran unidos y dando vueltas (como yo mismo). Pero no huyen. Están sujetos a un eje. No son lineales sino giratorios; de danzas, carruseles y tiovivos. Fin de la digresión.
La libertad de fantasía (creo, repito, que no hay otra) parece no tener que ver con la masa ni con la dirección, sino con el potencial gravitatorio. Curiosamente, la libertad por antonomasia, la de volar, ahora se ha convertido en una operación consuetudinaria, que elimina enseguida la decisión y nos obliga a un comportamiento de ratones en un laberinto. Tampoco te dejan bajarte donde te apetezca. Libre como un pájaro. Ya.

Ah. Lo conseguí. Reduje a ochenta y cinco kilos (mi masa). En las fotos tomadas en la inauguración del acto para el que quería deshincharme esto resulta inapreciable. Aunque no parezco Chicote, no. Parezco el puto Marlon Brando de Apocalypse Now.




La metamorfosis invisible. Convenientemente disfrazado de artista (o de monstruo de Frankenstein) parece que estoy diciendo: ¿Qué te voy a contar, hija? Esta imagen no salió publicada en ningún sitio, pero está muy graciosa.













miércoles, 24 de septiembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Ego trip


22 de septiembre de 2014


Dialécticas. Apocalípticos e integrados. Bandos. En España, como señaló Freud, que era un poco psicólogo, tendemos al fanatismo. Me noto esa pulsión, que atribuyo a la vagancia. El pensamiento perezoso taxonomiza rápidamente: bueno / malo. Conveniente / inconveniente. Bello / horrible. Esto, claro, no tiene nada que ver con la realidad. Aunque se suele dividir entre platónicos (tendentes a la generalización) y aristotélicos (que gustan de la diferencia y la individualidad), los dos estaban de acuerdo en muchas cosas. Por ejemplo y sobre lo que nos toca: tanto Platón como Aristóteles eran partidarios de la educación física y los dos, enemigos del tipo de vida llevado por los atletas profesionales, a los que veían sobrealimentados y somnolientos (República y Ética a Nicómaco, respectivamente). Me explico: como no quiero llegar (otra vez) a una inauguración mía hinchado como un odre, llevo casi un mes sin comer ni beber. La eterna pelea entre Dioniso y Apolo, entre Joe Strummer y Chicote (me parezco a uno u otro según mi comportamiento)… Las riberas del Bernesga están ahora llenas de árboles y vegetación. Lo que me hace pensar también en dimorfismos urbanos, en la cristalización de las ciudades en sistemas diferentes; hay ciudades carnívoras y herbívoras. León es sin duda una ciudad herbívora. Vacuna, incluso.











sábado, 20 de septiembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El ayuno de los campeones



19 de septiembre de 2014

La mejor manera de evitar la ingesta compulsiva de alimentos es evitando ingerir alimentos de forma compulsiva. Esto puede parecer una obvia sandez, pero así se explica una y otra vez en manuales, revistas, blogs, suplementos o programas televisivos cuyas admoniciones para perder peso o, por lo menos, no ganar más, siempre terminan con la frase ya no epifánica sino pentecostal evitar la ingesta compulsiva de alimentos. El título del artículo o reportaje (que unas veces va entre interrogaciones y otras no) puede ser ‘En forma durmiendo mucho’, ‘Adelgace follando todo el rato’, ‘Pierda peso comiendo poquito noventa y tres veces al día’, ‘ Las calorías y mirar la Luna los meses con erre..’. pero el final del mensaje (o el mensaje completo) siempre es el mismo: estas operaciones conducen a evitar la ingesta compulsiva de alimentos. Todo, repito, nos conduce a la ingesta compulsiva de alimentos: dejar de fumar, tener un jefe idiota, hacer mucho ejercicio, no hacer nada de ejercicio, enfrentarse a un oso, huir de un oso, reunirse con el oso…

Evidentemente se rellena menos espacio y no se llama tanto la atención escribiendo que los comportamientos compulsivos (con ingesta o sin ella) son perfectamente evitables, pero hay que encontrarse sosegado y hasta ufano. Lo sé por dos motivos: he escrito contenidos para publicaciones y he estado nervioso antes. ¿Cómo eliminar el riesgo de herirse mientras uno hace malabares con tres motosierras en marcha encima de la cabeza? ¿Poniéndose un casco? ¿Prestando mucha atención? Elimine las motosierras (y los malabares) de la ecuación. Hop. Magia. Y duerma, haga el amor y mire la Luna lo que le plazca.

Si parezco molesto o vehemente es porque hoy he tratado de correr treinta o cuarenta minutos; he hecho mi recorrido standard, he seguido otros dos kilómetros… y luego he mirado el reloj: veintiuno. Dan ganas de ingerir compulsivamente alimentos. Me cago en mi puta calavera.










jueves, 18 de septiembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Más allá del Corcos



7 de septiembre de 2014




Vuelvo al macadán de la Fase I del Canal de Payuelos. Para los nuevos: significa que (al fin) corro un poco por los alrededores de mi mansión Villahibieresca. No he salido de la dacha penitenciaria, comportándome como una mosca en un tarro, en todo el verano. Me paro cada poco abrumado por el catálogo de cielos crepusculares. Que van del azul Velázquez al cárdeno Vermeer, de los lavados lilas de Monet al algodón sucio de de Kooning, por el color rojo de la tierra y por el paisaje en general compuesto de árboles y otras cosas. Me paro cada poco también porque me falta el resuello. Debería poner las entradas agroatléticas en tinta verde oscuro.
























La obligada compañía del corredor en círculos. September Song



4 de septiembre de 2014

Continúa la temperatura amniótica y oceánica. Estoy en una forma horrible. El verano tóxico sigue pasándome recibos.








La obligada compañuía del corredor en círculos. One Hundred Leotardos



2 de septiembre de 2014

En la ciudad. Alejado de fritos y tabernas, con temperatura de pecera, por las mañanas me remojo en amenas cisternas, y trisco a la tarde en la arena que arde en la verde ribera. Que por la mañanas voy a la piscina y por la tarde, corro por la orilla del río. Joder, qué bueno hace.

Me temo lo peor.






domingo, 14 de septiembre de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. El retrato de Dorian Graceland



1 de septiembre de 2014


Se acabó el tratar a mi cuerpo como a un parque infantil. Hora de echar arena en los meados, grasa en los columpios e instalar caucho sobre la brea. Control de daños después de este tiempo de espumosos desayunos, espumosas comidas y espumosas cenas: corro veinte minutos al lado de un arbolado y casi desconocido Bernesga.


Hay dos soberbias de las que carezco (todas las demás las tengo hipertrofiadas y hasta considero una falta de educación que se me trate como si fuera una persona normal): la literaria y la atlética. Puedo alejarme con facilidad de ambas. De hecho lo hago. Dos meses y mucho. Vuelvo a la literatura con estas notas que puedo titular Qué hice en verano. Las añadiría a clásicos como La vaca, Mi gata Doris, Un día de lluvia, Una mirada a alguna cosa o La memoria de no sé qué. Trataré de no poner estival ni canícula.


FAUNA


Todos los años vuelvo, con el buen tiempo, a mi bohío anteriormente comparado con Tara, Pequeña Reata, La Zona de Stalker y Graceland (aconsejo una relectura de mi libro) aunque esta vez parecía empeñado en asimilarse más bien al Hotel Overlook, ámbito que también volvió loco a su habitante. Mis nervios están conectados a la finca como Dorian Grey a su retrato o espejo. Nadie parece comprenderlo; así, cuando contemplo (por ejemplo) un nido de cigüeñas blancas de quinientos kilos desplomado sobre el cable de la luz que alimenta la casa… siento física, literalmente, trastornos en mi propio sistema linfático y su equilibrio osmolar.

Izo de nuevo el cable y hago derribar el altísimo chopo muerto para evitar que sustente un nuevo (y precario) ponedero. Ahora, claro, echo de menos a las cigüeñas.

Restablecida la normalidad me dejan un perro nueve días. Los paso mirando para el animal. Rápidamente se hace tan territorial, atrabiliario y desconfiado como yo. Le atosigo preguntándole cada poco si se siente triste o dichoso... para darme cuenta luego de que persigo mi propio rabo, haciéndome esas preguntas a mí mismo.


Podría terminar el capítulo zoológico contando que me muerde una culebrilla (los posteriores facultativos aseguran que era una víbora, pero me parece hiperbólico llamar así a un reptil tan pequeñín). Justo en el pulgar oponible de la mano derecha. Dedo del que abusaba desde mi arribo a Yoknapatwpha.


FLORA


Termino de rapar absolutamente todo y me quedo exhausto mas insatisfecho; en cierta manera victorioso, pero desolado. Como Alejandro*. Los visitantes veteranos coinciden en afirmar que el terreno parece más grande. No lo parece. Lo es. Calculo mi salvaje trasquilamiento. Le he ganado al menos cien metros cuadrados a los dos mil de área paseable (o navegable, en mi caso, por la cantidad de cerveza ingerida). Pero ni corro ni escribo. Vuelvo a estas vanidades concretas: me dan igual marcas y tiempos y sé una cosa: todo lo publicado está impreso en ego sobre blanco.


*No me refiero a Alejandro, el guerrero macedonio, conquistador del mundo conocido. Sino a Alejandro Cartujo, un amigo de la mili que suspendió por muy poco las oposiciones a bombero.



PRIMAVERA

Hago obra con mi contratista de cabecera Bush Jr. el Decidor y su silencioso hermano. Vastas cantidades de cemento son preparadas con mi hormigonera de la que me siento discreta y casi sexualmente orgulloso, tanto de su tamaño como de su rendimiento. La relación establecida entre el albañil y yo acerca de mis herramientas es de sorda rivalidad. Así, él testa e incluso mejora las que puede utilizar o manejar (monta mis bicicletas, me encuentra en el garaje una bomba de aire, que él llama de viento, pone cinta en los mangos de picos y azadas, desacredita mi sierra radial…) y yo uso, sin querer, su curiosidad en mi beneficio. Un día comento a los dos hermanos que no consigo desmontar un grifo, fuertemente apretado con estopa, que gotea. Se trata de sujetarlo a la vez con una llave inglesa y una llave de grifa y liberarlo de su rosca. Lo intentan, como yo, con mis chismes, de tamaño standard. Sin conseguirlo. Completamente picados aparecen por la tarde con unos utensilios idénticos a los míos pero de tamaño ciclópico, descomunal, como los que utilizarían los payasos de un circo y bajo los que, por supuesto, el grifo cede inmediatamente.

Se me dice que no compre material en un determinado almacén del que no voy a decir el nombre (BricoDepot) por la deficiente calidad de sus productos. Acudo enseguida y compro muchos kilos de nutritivo sustrato y quince litros de denso acrílico para fachadas. La tierra resulta ser serrín con periódicos; y la pintura está tan aguada que serviría para limpiar las brochas. Me parece estar aplicando capas de saliva. Gasto los quince litros en cubrir apenas veinte o treinta metros cuadrados con un fino sfumato. La etiqueta, eso sí, no miente en dos circunstancias: pone bien grande que esta pintura concreta es irritante y no define el acabado, que puede ser satinado o mate, según lo que haya debajo.

Ejecutar tales actos, dirigir tales partidas, aspirar tales aromas y saborear tales frutos me dilatan, distraen y traban e impiden que dé brincos. Cosa que he hecho hoy, de vuelta en la metrópoli. Eso es.




Bienvenidos a Stupor Manor, mi casa/prisión. Foto sacada con el móvil. Más que a Graceland, cancela y nubecillas le dan el aspecto de la entrada al Cielo de los dibujos animados.










jueves, 12 de junio de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Sesenta y seis días



12 de junio de 2014



Llevo casi un mes sin correr. Leo en algún sitio del que no quiero acordarme (literalmente en este caso: no quiero) la siguiente aseveración: uno se habitúa (o deshabitúa, supongo) a cualquier cosa si la hace (o deja de hacer) durante sesenta y seis días. No lo creo, mas la cifra y la posibilidad son simpáticas. La cifra por su plástica, porque fue el año en el que nací, porque es simétrica, porque es parecida a la marca de la bestia (666 o, según San Ireneo, 616) o, sobre todo, porque es breve. Bajo esa asunción empecé a dar brincos: si corres cada poco llega un momento (decían) en que te sientes mal si no lo haces. Adoptas un hábito. Como el hábito de sentirme mal tanto si hacía una cosa como si dejaba de hacerla ya lo tenía, lo intenté con esto. Continuaré. La posibilidad (inventada) sigue ahí. Incluso pienso salir a correr sesenta y seis días seguidos. No hoy. No todavía. Ahora hay pueblo y poda y cerveza y verano y Mundial de fútbol, pero las cifras pueden ser arbitrarias y escuetas o simétricas y espaciosas como lo es la de sesenta y seis. Eso reflexionaba Pascal cuando consideraba la extensión de su vida (absorbida en la eternidad de la duración que le precedía y la seguía) y se veía abismado en la inmensidad de los espacios que ignoraba y LE IGNORABAN. Claro que sí, (im)modesty Blaise: la eternidad y el espacio te piensan por delante y por detrás de tu propia vida.



Un oportuno anuncio televisivo sobre la competición que empieza hoy comparaba una existencia humana con el minutaje de un partido de fútbol. Sólo estoy empezando el segundo tiempo. Un recorrido, da igual cuántos espacios te achiquen, molto longo. Seguiré pensando así mientras mis sentidos me sustenten, los días sean tan largos y mi equipo continúe en el césped.






viernes, 16 de mayo de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. A pleno sol



15 de mayo de 2014


El lunes no bajé al río porque la realidad saltó por los aires con un asesinato en el único lugar del mundo donde nunca podría haber un asesinato. Esta frase, que podría ser el comienzo de una novela (regular) de policías y ladrones, es enteramente cierta.

Este lunes día doce a las cinco de la tarde y en una de las pasarelas del Bernesga cercanas a San Marcos matan de cuatro tiros en la cabeza, por motivos personales, a la presidenta de la Diputación y del Partido Popular de León. La conmoción en toda España es enorme por lo brutal e inesperado del acto, por la (mala) fama de la víctima y porque, en un primer momento, las personas más reaccionarias quieren convertir este homicidio en un crimen político con el que sacar réditos en las urnas (estamos en plena campaña de las elecciones europeas). Intento explicar, trabado por la enorme cantidad de información insensata (ejemplo: se reduce el caudal del río para buscar un revólver que no está allí) por qué hace tres días no salí a correr y hoy no he cambiado mi recorrido. Suelo tratar en estas notas asuntos banales para llegar a conclusiones circunspectas y este forzoso cambio de género y de lógica me está produciendo tendinitis.

Pienso en evitar esa pasarela en concreto para no parecer morboso. Pienso en que evitarla exclusivamente por eso sería igualmente morboso. Voy. No hay multitudes ni cordones policiales ni manchas de sangre ni nada, naturalmente.

Ver durante estos cuatro días en todos los informativos paisajes tan familiares mientras se narran hechos tan fantásticos me hace creer la fábula de este diario: que todas las personas y todos los actos y todas las cosas se encuentran y ocurren y hablan en los metros del río Bernesga que recorro una y otra vez.






La obligada compañía del corredor en círculos. Tangentes



8 de mayo de 2012

Ya van dos días que bajo a correr con (o me encuentro a) amiguetes. Un día (véase documento gráfico ahí abajo) ya quedo directamente con el fotógrafo con el que me salgo del río (¡dos veces!) a tomar cafés por la zona de la Condesa, sudoroso y rodeado de señoras de media tarde. Es muy entretenido pero dudo enormemente de que me proporcione algún beneficio físico. Podría ser peor. Podría hacerlo yo solo y meterme en chigres a beber cerveza.

Hoy en concreto no me voy del recorrido, pero cuando ya estoy volviendo al trotecito doy con mi colofonista (joder, qué mal suena; es que no hizo el prólogo del libro: escribió el epílogo) vestido levemente de atleta y estorbamos todas las encrucijadas de los puentes hablando de arqueología, de literatura, de fútbol, de lo poco que nos gusta el deporte y, sobre todo, riéndonos de lo menesteroso e improvisado de nuestro equipamiento.

Lo siguiente será, supongo, sacar dinero y una americana, no correr en absoluto y dedicarme a alternar; que es lo que mejor me viene para desembarazar el cráneo de manías y el espíritu de sombras.


Documento gráfico número… no sé. El de hoy. Soy yo saliendo prácticamente de casa y demostrando tres cosas: que es imposible hacerme una foto con los dos pies en el aire (lo siento, Jose), que todas mis camisetas de correr publicitan (o aluden a) bebidas alcohólicas y que se puede trotar y desconfiar a la vez.

















martes, 29 de abril de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. La agonía del narciso



28 de abril de 2014

El que la cantidad de tiempo que gasto en la recreación artística de mis carreras sea similar o superior al tiempo echado en las carreras mismas me aproxima a un único tipo de creador: el actor porno. Se puede decir que Proust descarga siete volúmenes en la deglución de una sola magdalena, pero sería falso. En En busca del tiempo perdido pasan muchísimas cosas y bullen y abundan numerosos personajes. Supongo que no tengo que convencer a nadie de que estas notas son más parecidas en calidad y dibujo de personajes a Pasión mamona en el internado ruso volúmenes II y III que a Le temps retrouvé; pero sí se debe reconocer la singularidad de una descripción absolutamente simétrica (aunque sólo sea en lo temporal) a lo descrito.

De algo tengo que jactarme. Y, desde luego, no puedo hacerlo de mis marcas.








jueves, 24 de abril de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Abril



7 de abril de 2014 | Skinny feels

Después de un fin de semana largo (quiero decir que he hecho el idiota viernes, sábado y domingo) hago como que no ha pasado nada. Pero se conoce que sí. Que ha pasado. Yo. Yo me he pasado.

10 de abril de 2014 | Endolinfa y teratofilia


Hoy, después de correr un rato por la tarde me descubro con horror a mí mismo, duchado y enjuto, cenando una ensalada mientras miro una película de Tarkovski.
Dios mío, ¡¿en qué me he convertido!?



24 de abril de 2014 | Las potencias del alma


Dice Flaubert de Bouvard y Pécuchet, cuando empieza a tomar cariño a sus dos personajes: “Entonces una facultad lamentable surgió en su espíritu, la de ver la estupidez y no poder, ya, tolerarla”*.
La brillantez de la frase descansa en el calificativo lamentable.
Reconocer y repugnar la estupidez constituye, en efecto, una horrible tara. Podría amparame en eso para escribir poco; en mi reluctancia a redactar tonterías. Pero no sería cierto: también corro lo mínimo. Catorce días sin torturar suelas y cordones. Frío de nieve (otra vez); noventa kilos; media hora; cinco kilómetros; estado de la mar: marejadilla. Dinero: le extraerán una inesperada suma. Amor: usted verá.

*Alors une faculté pitoyable se développa dans leur esprit, celle de voir la bêtise et de ne plus la tolérer.





lunes, 7 de abril de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Control de daños




3 de abril de 2014

Hoy los bancos del Bernesga eran perfectamente practicables aunque el agua se ha llevado mucha arena de las zonas más agrestes. He trotado por sitios en los que ayer estaba el río. Uno no corre dos veces por la misma orilla.
Justo cuando pensaba en cómo podría documentar la crecida (¡la más grande en cincuenta años!) me encuentro con un amiguete con móvil (yo no llevo). Y me saca las siguientes fotos (gracias, Alejandro). También me dice que va a competir en una carrera de ochenta (80) kilómetros y que mis viñetas no las entiende nadie. Bueno. 



El documento gráfico. No muy impresionante. El río ya ha vuelto a su cauce. Trato de darle un poco de dramatismo en la imagen del final pero al faltar tanto Munch como la pasarela (que sigo añorando) pues... utilicen ustedes su imaginación. ¡El agua llegaba a donde estoy de pie!




miércoles, 2 de abril de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. León is drowning / And I live by the river


2 de abril de 2014



Aprovechando que escampa un momento por la mañana bajo hasta el río. No puedo acceder a la orilla: la están cerrando en ese mismo instante porque el Bernesga (¡El Bernesga!) baja con gran petulancia. Normalmente ocupa, digamos, uno de los cuatro carriles. Hoy invade los cuatro y se quiere subir a los paseos. Oh, oh. Troto hasta su confluencia con el Torío y mantengo varias conversaciones idiotas tipo El Jarama (hoy tengo el día hídrico) de Ferlosio:

-Vaya de agua.
-No había visto yo nunca tanta agua.
-Se conoce que con la lluvia…
-Mucha agua.








lunes, 31 de marzo de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Café y TV




24 de marzo de 2014


Hay millones de estudios sobre el deporte y la dieta y sobre cómo ambos, juntos o por separado, influyen en órganos y tegumentos. La gente se dilata y se encoge por la comida o se abulta o acecina por el ejercicio. Todo esto, como digo, está documentadísimo. Habitualmente con los previsibles resultados: al páncreas le agradan en especial los berros (por ejemplo) y al colon le resultan desagradables los tocinos y las patatas fritas (que también puede ser). Asimismo la gimnasia estimula y apacigua…

Ya lo sé. Me da igual.

Lo que veo es un enorme espacio en blanco sobre la manera en que la gimnasia y la abstinencia de grasas influye sobre el carácter. Sobre la manera de pensar. Recordemos que la palabra humor procede del latín humor, humoris, que propiamente significa líquido, humedad*; especialmente el agua que rezuma de la tierra (humus), así que no deja de ser curioso que cuando uno bebe solamente agua le cambie el humor (juá). Llevo no recuerdo cuántos días sin tomar alcohol ni grasas (aunque corriendo poco porque llueve permanentemente) y puedo notar los cambios (a mejor, supongo) en mi voltaje cerebral. Pero mejor (¡ay!) no es más divertido.
Todas las drogas (y considero la panceta una droga) se basan en un único principio: entorpecer el funcionamiento óptimo de nuestra percepción. Ya sean analgésicas, recreativas, estimulantes o amodorrantes las drogas absorbidas por nuestro cuerpo de algún modo enturbian los sentidos. Funcionan como un alfiler clavado en el mecanismo de un reloj: raramente mejora el funcionamiento del artefacto. No hay droga que no ralentice el cerebro y no existe ni una sola que ayude a mejorar la comprensión de los números irracionales, estimule la memoria, nos enseñe a programar o nos haga leer (no digamos escribir) mejor o más deprisa. Bien. No hay nada en nuestros pensamientos que no responda a impulsos eléctricos sobre tejidos más o menos húmedos. Nuestra elección es exclusivamente de qué los empapamos. No creo en la expansión de la conciencia, en entrar en contacto con espíritus inorgánicos, acceder a la memoria de la especie u otras castanas (de Castaneda) psicodélicas. La personalidad y la conciencia residen en conexiones físicas y galvánicas. Determinadas químicas nos hacen pensar más despacio, peor o no pensar en absoluto. Por qué consideramos esto deseable es una pregunta importante. Tratar de responder a ella y actuar en consecuencia me lleva casi todo el tiempo que paso sobrio y hambriento.


*La medicina hipocrática de los antiguos griegos postulaba que el cuerpo humano contenía cuatro líquidos o humores reguladores básicos cuya combinación, abundancia o escasez creaban tanto el carácter como las patologías: la sangre (el aire), la bilis amarilla (el fuego), la bilis negra (la tierra) y la flema (el agua). En Roma, Galeno añadió a estos humores la pneuma, soplo o espíritu.


















lunes, 24 de marzo de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. The opposite of waltzing matilda



19 de marzo de 2014

El líquido del oído interno (llamado endolinfa), que nos proporciona equilibrio, tiende a solidificarse con los años. ¿Tiene razón el líquido del oído interno? ¿Hace bien? ¿Es razonable que guste de que le dejen en paz y no le hagan fluir a lo bobo? Esta tendencia a la coagulación y al remanso constituye sin duda el quinto signo del carcamal, pero, ¿debe ser combatida o estimulada? De momento la combato pero no sé si me muevo o si soy movido. Si debo ser gordo y feo o sólo feo. Ah, preguntas.











jueves, 13 de marzo de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. Alza, carpintero, lo que te salga de los cojones



13 de marzo de 2014



Desasosegante semana de verano. Estas bonanzas han de darnos que sentir. Bueno para la obra y para el campo de todas formas, en el que dos días y sendas palizas me han librado de dar carrerinas. Quería tener un sitio verde para pensar y con pocos pero doctos libros juntos escuchar con mis ojos a los muertos y tal, pero al final sólo voy a Villa Modorra para romperme la espalda y llenarme de polvo.

En la ciudad hoy vuelvo del río más o menos complacido, con mis expectativas cumplidas, mis bronquios purificados y mis tegumentos estimulados, satisfecho, casi contento… cuando me cruzo con dos chicas muy jóvenes y muy guapas. Pequeñas. Como figuritas africanas de madera. Ambas llevan una bolsa de plástico en la que imagino llevan su ropa y complementos de puta y artículos para limpiarse las babas de sus clientes. Y se me acaba la felicidad. Y me doy cuenta de que el mundo está hueco. Y de que no hacemos más que tirarnos bocados unos a otros. Y de que todo es...