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martes, 21 de enero de 2014

La obligada compañía del corredor en círculos. La vita nuova



20 de enero de 2014



Como mis  própositos de año nuevo incluían despertarme al amanecer y no sólo correr sino nadar y levantar enormes pesos en los higiénicos recintos destinados a ello… pues empiezo por resoplar normal el día veinte de enero a la una de la tarde. Este dilatadísimo mes, tóxico y melancólico, me ha enseñado que los depresivos deprimen y que los estimulantes también, pero después. Elige la vida. La de otros mejores, a ser posible. Luego de esta enorme holganza hago mi recorrido bajo el sol frío del invierno sin dolores concretos ni fatigas extremas. Inaudito.

Neumotórax
(ya no se pone con pe delante: pneumotórax, voz que resultaba fenomenal): es la palabra de hoy. Me cuenta un amigo que tuvo uno. Se le rasgó la pared de un pulmón de arriba a abajo, como el velo del Templo de Salomón. Me explica que el ejercicio violento (para mí todo ejercicio es violento) es enormemente saludable para los tejidos de estos órganos cuyas dos capas exteriores (pleura parietal y visceral) vibran o se unen con ello (con el ejercicio aeróbico). 

Los pulmones no son iguales. Uno tiene dos lóbulos (el izquierdo) y otro, tres (el derecho, en efecto). Si no lo creen pueden dejar constancia de ello en los comentarios.

Y en estos soplos paso mi jornada uno punto cinco.















lunes, 4 de febrero de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El príncipe



4 de febrero de 2013

Avanzada la tarde, vuelvo a casa y entro en mi despacho. Y en el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos, llenos de fango y lodo, y me visto con ropas nobles y curiales. Entonces, dignamente ataviado, entro en las cortes de los hombres antiguos, donde, amablemente recibido por ellos, me deleito con ese alimento que es sólo para mí y para el que yo nací. Y no me avergüenzo de hablar con ellos y de preguntarles por las razones de sus acciones. Y ellos, por su humanidad, me responden. Y durante cuatro horas no siento ningún aburrimiento, me olvido de toda ambición, no temo la pobreza, no me da miedo la muerte: me transfiero enteramente donde están ellos. Y como Dante dice que no hay conocimiento si no se guarda lo que se ha comprendido, yo he anotado lo que he sacado con su conversación; y he compuesto un opúsculo: 'De Principatibus', en el que profundizo cuanto puedo en las dificultades de esta materia; razonando sobre qué es un principado, de cuántos tipos hay, cómo se adquieren, cómo se mantienen, por qué se pierden".*

Mis barros y ámbitos son similares a los del amigo Maquiavelo y su nutritiva prosa. Sólo que en vez de con Dante o Virgilio hablo con Arnulfo Quimare o Abebe Bikila. Bueno, tampoco estoy estudiando ni escribiendo cuatro horas. Aunque hoy sí corrí una seguida, por primera vez en mi vida. Y lo de compo­ner opúsculos sobre alguna materia… pues en ello ando; pero ni profundizo, ni razono, ni nada.


*Nicolás MAQUIAVELO, Epistolario privado. Edición y traducción de Juan Manuel Forte, Madrid: La Esfera de los Libros, 2007.