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lunes, 4 de febrero de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El príncipe



4 de febrero de 2013

Avanzada la tarde, vuelvo a casa y entro en mi despacho. Y en el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos, llenos de fango y lodo, y me visto con ropas nobles y curiales. Entonces, dignamente ataviado, entro en las cortes de los hombres antiguos, donde, amablemente recibido por ellos, me deleito con ese alimento que es sólo para mí y para el que yo nací. Y no me avergüenzo de hablar con ellos y de preguntarles por las razones de sus acciones. Y ellos, por su humanidad, me responden. Y durante cuatro horas no siento ningún aburrimiento, me olvido de toda ambición, no temo la pobreza, no me da miedo la muerte: me transfiero enteramente donde están ellos. Y como Dante dice que no hay conocimiento si no se guarda lo que se ha comprendido, yo he anotado lo que he sacado con su conversación; y he compuesto un opúsculo: 'De Principatibus', en el que profundizo cuanto puedo en las dificultades de esta materia; razonando sobre qué es un principado, de cuántos tipos hay, cómo se adquieren, cómo se mantienen, por qué se pierden".*

Mis barros y ámbitos son similares a los del amigo Maquiavelo y su nutritiva prosa. Sólo que en vez de con Dante o Virgilio hablo con Arnulfo Quimare o Abebe Bikila. Bueno, tampoco estoy estudiando ni escribiendo cuatro horas. Aunque hoy sí corrí una seguida, por primera vez en mi vida. Y lo de compo­ner opúsculos sobre alguna materia… pues en ello ando; pero ni profundizo, ni razono, ni nada.


*Nicolás MAQUIAVELO, Epistolario privado. Edición y traducción de Juan Manuel Forte, Madrid: La Esfera de los Libros, 2007.