Mostrando entradas con la etiqueta inercia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inercia. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de octubre de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Cerveza, michelines y Horacio

7 de octubre de 2016 El velocista

Mucho espacio en muy poco tiempo. Manga corta todavía. Estancamiento. ¿Cómo se describe una paliza que no sea "brutal"? ¿Una cordial paliza? ¿Una paliza mediocre? ¿Una paliza... standard?





8 de octubre de 2016 Cerveza, michelines y Horacio

El muñeco o mascota de Michelin se llama Bibendum y fue creado  por Marius Rosillon —conocido por O’Galop— para una cervecería. Los hermanos Michelin lo adoptaron en 1898 y, conservando la frase latina de Horacio ¡Es hora de beber!, le hicieron brindar con cristales y clavos —¡los neumáticos Michelin se tragan los obstáculos!—. Es hora, quizá, de parar. Mañana hay fútbol. España - Albania. Tanto si ganamos como si perdemos: Nunc est bibendum! No. No me lo creo. Me he dado cuenta de que debo reunir gran cantidad de energía para cambiar mis hábitos. Se toma la pereza como inmovilidad, pero tiene más que ver con la inercia. Cualquier inercia. Las personas —y los objetos— quieren seguir haciendo lo que estén haciendo: perdiendo energía cinética, tomando cocaína, ganando dinero, teniendo querida, viendo la televisión, trazando una curva…



10 de octubre de 2016 Premonición

En efecto. Permanezco impermeable y miro el poco entusiasmante partido de la Selección con una taza de té. En estos días me doy mucha prisa para salir a —y liquidar el— correr antes de que anochezca. Así que ahora, además de contra todo lo demás, troto hasta contra el sol. En mi camino hacia el río, sobre el escaparate de un local abandonado han pegado con mucho celo —en todos los sentidos— un folio donde hay escrito: angustia, ansiedad, miedos, fobias, adicciones, depresión, estrés, pánico… Busco casillas para tachar, pero no hay, claro. Es una enumeración de los trastornos de que se ocupa —y supuestamente cura— un Gabinete de Psicología. Corro una hora. Me está empezando a salir tabletita. Tampoco me he portado tan bien. No llevo ni un mes siendo tan morigerado. Muy raro todo. Esto me ha de dar que sentir.





12 de octubre de 2016 Cien jinetes

Miércoles. Fiesta. Día de la Hispanidad. Otro domingo impostor. El ambiente político resulta cada vez más espeso e insensato. De una estolidez infantil, desesperante.






14 de octubre de 2016 Llamando a las puertas del cielo



Continúa la fiesta de las palabras con nuevos medallistas. Un año después del de Svetlana Alexievitch le dan el Nobel de Literatura a Bob Dylan, que pulsa y fija en norteamericano la figura del poeta adolescente bello y furioso, de suela en el aire y cabeza desnuda y despeinada, para el que la ciudad es un monstruo pero la playa también es escombro. Que se va lejos, muy lejos; feliz como con una mujer* —véase la portada de The Freewheeling—. Superior a Woody Guthrie e inferior a Rimbaud o al Antiguo Testamento —cuyos versos monumentales fusila ceñudamente—. Tanto la periodista como el cantor —y los señores de Estocolmo— refuerzan mi idea de que el arte o la literatura son líquidos, que rezuman de cestos podridos y se adaptan a recipientes más excitantes —periódicos, Internet, televisión, rock’n’roll…— en cuanto pueden. Antes me hacía estas reflexiones mientras me tomaba una cerveza. Este último mes me las hago mientras bebo té, corro o, sobre todo, mientras me ducho. Me paso el rato duchándome. A veces creo que estoy duchándome todo el día. No hago otra cosa. En mi vida he estado tan limpio. Acabo de salir de la ducha. La tercera de hoy.


*Sensation

Par les soirs bleus d’été, j’irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l’herbe menue:
Rêveur, j’en sentirai la fraîcheur à mes pieds.

Je laisserai le vent baigner ma tête nue.
Je ne parlerai pas, je ne penserai rien:
Mais l’amour infini me montera dans l’âme,
Et j’irai loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la Nature, — heureux comme avec une femme.

Arthur Rimbaud










miércoles, 23 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. La ley de Newton


22 de octubre de 2013




Los individuos de comportamiento compulsivo nos movemos en unos patrones de inercia muy poderosos. Trato siempre de empezar las entradas con frases cuchufletescas como la anterior para hacer enfadar a mi señora, que se las toma en serio. Lo que quiero decir es que a las personas más o menos obsesivas nos cuesta mucho empezar a hacer una cosa pero (o también) después nos cuesta mucho dejarla.
Llevaba corriendo más o menos a diario veinte días. Hoy he salido después de dos. Mal. Hay Champions. El sábado es el clásico… Me temo lo peor. Lo peor es que vuelva a cierta pauta con el procesamiento característico de la información y pierda coherencia en mi conducta repetitiva buscando una hiposensibilidad de retribución restringida. Que la vuelva a cagar con el sofá, los bares, la cerveza y los cacahuetes.
Si se me entiende todo…